En primer lugar, vamos a definir qué es un animal. Entendemos por animal cualquier organismo vivo perteneciente al reino Animalia, inclusive el ser humano y, por tanto, entendemos por animal no humano cualquier animal que no pertenezca a la condición de la especie Homo sapiens.
Aunque los seres humanos seamos animales desde el punto de vista evolutivo, el vocablo “animal” se suele usar despectivamente en contraposición al término “humano”, tanto en el ámbito informal como en disciplinas académicas científicas como la biología, la filosofía, la ética, el derecho, etc.
La contraposición despectiva humano-animal como si de condiciones distintas se tratara, tiene un fundamento religioso, en el cual se distingue que el ser humano (hombre) fue creado a imagen y semejanza de Dios y los animales fueron creados para servir y alimentar al hombre.
En las sociedades de tradición monoteísta, vivimos en el seno de una cultura extremadamente antropocéntrica, lo cual nos lleva a comportarnos de una forma especista. Según los relatos mitológicos cristianos, el ser humano es el rey de la creación, todo lo que existe está en el Mundo para satisfacer sus necesidades. Este principio es puramente cultural y arbitrario.
Este paradigma es una de las principales causas de que el medio ambiente se haya degradado tanto, de que algunas especies, tanto animales como vegetales, se hayan extinguido, y de que la vida de millones de animales humanos y no humanos se haya alejado de la naturaleza.
En 1859, Darwin publicó una obra crucial para la ciencia, El origen de las especies, en la cual exponía las bases lógicas de la teoría de la evolución, una teoría científica incuestionable a día de hoy. No obstante, a pesar de las evidencias y una argumentación impecable, las hipótesis de Darwin no fueron aceptadas fácilmente. Darwin no solamente fue cuestionado, sino que fue atacado y ridiculizado cruelmente por sus contemporáneos.
La sociedad del siglo XIX no estaba preparada para aceptar la animalidad científica del ser humano y descartar los dogmas religiosos.
La sociedad del siglo XIX no estaba preparada para aceptar la animalidad científica del ser humano y descartar los dogmas religiosos
En el siglo XXI, deberíamos preguntarnos de nuevo qué es un animal y reformular nuestra cosmovisión antropocéntrica del mundo, con la finalidad de integrar el biocentrismo en nuestros valores morales y hablar de animales como seres vivos sintientes dotados de sensibilidad física y psíquica con derecho a la libertad, igual que los humanos.
En la contraposición humano-animal, no todos los animales han sido clasificados igual. Los animales han sido categorizados de forma utilitaria en función de las atribuciones que los humanos les han asignado. Por ello, en un mundo profundamente antropocéntrico, en el cual las injustas creencias especistas cuentan con un fuerte arraigo, definir qué es un animal puede resultar distinto en función de la categoría que se le haya concedido.
Históricamente, la tradición jurídica ha calificado a los animales no humanos como “cosas” o “bienes muebles o de consumo”. Sin embargo, la legislación moderna ha evolucionado lo suficiente para definirlos como seres sintientes dotados de sensibilidad física y psíquica.
No obstante, la legislación actual no ha abolido el especismo y, lejos de erradicarlo, ha desarrollado un cuerpo legislativo de reglas y leyes para su bienestar, pero no para terminar con su explotación, sino para regularla. El Derecho clasifica a los animales en tres grupos: animales domésticos, animales salvajes, plagas y alimañas.
Animales domésticos
En primer lugar, entendemos por animales domésticos aquellos que pertenezcan a especies que han sido totalmente domesticadas por el ser humano para su explotación.
Animales salvajes
En segundo, entendemos por animales salvajes aquellos que viven en libertad en su hábitat natural y no han sido sometidos al proceso de domesticación por parte del ser humano. Estas especies subsisten por sus propios medios en la naturaleza (buscando su propio alimento, refugio y reproducción) y mantienen intactos sus instintos naturales y comportamientos genéticos, sin depender de las personas para sobrevivir.
Alimañas y plagas
En tercero, quedan relegados los animales considerados alimañas y plagas. Sin embargo, términos como plaga o alimaña no son clasificaciones biológicas ni científicas, sino etiquetas que los humanos asignamos a ciertos animales cuando su presencia o comportamiento nos resulta molesto o perjudicial para nuestras actividades económicas, salud, etc.
Las plagas o alimañas pueden variar según la concepción cultural. Si aplicamos los criterios científicos para definir una plaga, la humanidad indiscutiblemente se ha convertido en la mayor plaga para el planeta.
Clasificación de los animales domésticos según el derecho
Según el derecho, entre los animales domésticos se establece la siguiente clasificación:
Animales de compañía
Aquellos que las personas suelen tener en sus hogares para gozar de su compañía, siempre que pertenezcan a especies permitidas por ley, las cuales son: perros, gatos y hurones. En origen, estas tres especies fueron domesticadas con fines utilitarios relativos a la caza antes de ser considerados animales de compañía. El perro fue domesticado para la caza mayor, el gato para cazar roedores y proteger los graneros y los hurones para la caza de conejos. Aun así, los perros de caza no son considerados animales de compañía a pesar de pertenecer a una misma especie.
Animales de producción
Son considerados animales de consumo. Gallinas ponedoras, vacas lecheras, para cuero, carne… sus condiciones de vida son lamentables. Son privados de libertad y sus cuerpos son tratados como máquinas. La industria alimentaria basada en la explotación animal es la que más daños inflige. Las condiciones de vida para generar beneficios económicos son incluso peores de lo que fueron las de la abolida esclavitud humana. Son considerados mercancías vivas.
Animales de trabajo y experimentación
Animales considerados máquinas de trabajar o probetas para experimentar. En muchas ocasiones son tan explotados que trabajan hasta morir. Los animales de laboratorio suelen ser matados una vez terminado el estudio.
Animales silvestres en cautividad
Animales de especies pertenecientes a la fauna salvaje no sometidas a la domesticación, privados de libertad, viven bajo el control del ser humano en zoológicos, reservas o laboratorios.
Animales de caza
Animales utilizados para cazar a otros animales, los cuales cuentan con regulaciones legales específicas.
La industria alimentaria basada en la explotación animal es la que más daños inflige
En lo que refiere a los animales salvajes, se pueden clasificar en especies en peligro de extinción protegidas o no (entonces se pueden cazar sin restricciones). Empero, cada día les resulta más difícil sobrevivir en su hábitat debido a la deforestación, contaminación y efectos letales derivados del cambio climático.
Alimañas y plagas: son aquellos considerados una molestia. Su existencia es considerada un problema por el ser humano. Las diferencias entre ambas son las siguientes:
Alimaña
El problema surge cuando la naturaleza de la especie es considerada dañina porque choca contra los intereses humanos o existe animadversión hacia la misma.
Plaga
Se considera un problema si el número de individuos o la reproducción de la especie es excesivo. El problema se agrava si la naturaleza de la especie choca contra los intereses humanos.
Autora: Helena Escoda, Historiadora y Antrozoóloga, Profesora de Ciencias Sociales
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