La industria peletera atraviesa una etapa decisiva. Lo que durante décadas se presentó como una actividad económica consolidada pierde terreno ante las nuevas preferencias de consumo, el desarrollo de materiales alternativos y una evidencia científica cada vez más difícil de ignorar. El debate ya no se limita a la moda: incluye el sufrimiento de los animales, la salud pública, el impacto ambiental y la protección de la biodiversidad.

Zorro en una granja peletera
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Cataluña avanza hacia la prohibición de las granjas peleteras

Cataluña ha dado un nuevo paso para impedir que la cría de animales destinados a la producción de piel pueda regresar a su territorio. En la actualidad no existen granjas peleteras activas en Cataluña. Según las fuentes consultadas, todavía funcionan 21 en Galicia y una en la Comunidad Valenciana.

El Parlament ha instado al Govern a prohibir esta actividad. La decisión tiene una importancia especialmente preventiva: evita que un modelo productivo considerado incompatible con el bienestar animal pueda volver a implantarse en el futuro.

También envía un mensaje político y ético de gran alcance. Una sociedad puede abandonar determinadas actividades económicas cuando dejan de encajar con sus valores y con el conocimiento científico disponible.

La transformación de la opinión pública respalda esta evolución. El Estudio sobre percepciones de la naturaleza y los animales, publicado por la Fundación BBVA en 2025, señala que el 90% de la ciudadanía considera inaceptable criar animales para fabricar prendas de piel.

Bienestar animal, salud pública y biodiversidad

Durante décadas, visones, zorros, chinchillas y perros mapache han sido criados en jaulas de dimensiones muy reducidas para convertir sus pieles en prendas de vestir. Hoy conocemos mucho mejor las consecuencias de este sistema.

La evidencia científica relaciona el confinamiento permanente con sufrimiento crónico, lesiones físicas, trastornos conductuales y la imposibilidad de expresar comportamientos naturales. Son animales activos y sensibles, con necesidades que no pueden satisfacer dentro de las instalaciones intensivas.

A ello se añaden los riesgos para la salud pública. La pandemia de la COVID-19 mostró los problemas sanitarios que pueden surgir cuando grandes poblaciones de animales permanecen concentradas en espacios cerrados. Los dictámenes posteriores de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria han reforzado estas advertencias.

La peletería también deja una huella ambiental considerable. Además de su impacto climático, algunas explotaciones han contribuido a la expansión de especies invasoras. El ejemplo más evidente es el visón americano, cuyos efectos sobre los ecosistemas continúan mucho después del cierre de numerosas granjas.

Actualmente, el visón americano está presente en todas las cuencas de Girona y Barcelona, ha llegado a zonas de Tarragona y se ha extendido hasta la cuenca del Segre. Su presencia amenaza a numerosas especies autóctonas, ya que depreda peces como la trucha común, aves acuáticas, anfibios, reptiles y especies protegidas como el cangrejo ibérico.

Visón enjaulado en una granja peletera
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Una actividad que ha dejado de ser necesaria

Aunque ninguno de estos problemas existiera, seguiría siendo necesario responder a una pregunta incómoda: ¿es legítimo criar y matar a otros animales únicamente para vestir y calzar a los seres humanos?

La función práctica que la piel animal pudo tener durante siglos ha desaparecido en buena parte de las sociedades desarrolladas. Actualmente existen materiales naturales, reciclados y sintéticos que ofrecen aislamiento térmico, ligereza y resistencia al agua sin exigir la muerte de ningún animal.

Desde un punto de vista funcional, la piel ya no resulta imprescindible. Desde una perspectiva ética, su utilización es cada vez más difícil de justificar. La elección se produce entre distintas formas de vestir, pero solo una de ellas implica el confinamiento, el sufrimiento y la muerte de millones de animales.

Por este motivo, la prohibición de las granjas peleteras va más allá de una regulación sectorial. Reconoce un principio aplicable a otros ámbitos: cuando una actividad basada en la explotación animal deja de ser necesaria y existen alternativas capaces de cumplir la misma función, mantenerla pierde su justificación.

En 2025, organizaciones que representan a más de 330.000 profesionales de la veterinaria solicitaron la eliminación progresiva de la cría de animales para peletería en Europa y el fin de la importación de pieles procedentes de terceros países.

Progreso ético

La historia demuestra que prácticas profundamente arraigadas pueden perder su legitimidad cuando cambian el conocimiento y la sensibilidad social. El progreso ético consiste precisamente en revisar nuestras costumbres a la luz de lo que aprendemos y de los valores que decidimos construir colectivamente.

Durante mucho tiempo, las actividades económicas vinculadas a la explotación de otros seres se defendieron por su rentabilidad, por la costumbre o por la supuesta ausencia de alternativas. Sin embargo, la cuestión esencial no es si pueden mantenerse de una manera más eficiente, sino si resulta aceptable seguir considerando a los animales simples recursos al servicio de nuestros intereses.

La peletería es uno de los ámbitos donde este cambio resulta más visible. Celebrar su progresiva desaparición no significa dar por terminada la conversación. Al contrario: puede ser el primer paso para reflexionar de una manera más amplia sobre el lugar que ocupan los animales en nuestro planeta y sobre los usos que todavía hacemos de ellos.

Un paso previo hacia una futura ley

La resolución aprobada no tiene efectos legislativos inmediatos, pero representa un compromiso político claro para avanzar hacia una prohibición legal.

Las organizaciones ARDE e INTERCIDS trabajan en una propuesta de articulado que presentarán al Govern y a los grupos parlamentarios con el objetivo de proporcionar una base sólida para la futura regulación.

Si la Generalitat convierte este compromiso en una ley, Cataluña se transformará en el primer territorio del Estado español que prohíbe expresamente las granjas peleteras. La medida reforzaría una tendencia que avanza rápidamente en Europa y que refleja un cambio profundo en la relación entre la sociedad, la producción industrial y los animales.

Desde INTERCIDS destacan que, aunque actualmente no exista esta actividad en Cataluña, la regulación servirá para impedir que vuelva a implantarse y aportará una mayor seguridad jurídica. ARDE considera que la iniciativa permitirá proteger simultáneamente a los animales, los ecosistemas y la salud pública.

El reto ahora es transformar el compromiso parlamentario en una prohibición efectiva. Cataluña tiene la oportunidad de situarse junto a los territorios europeos que han decidido dejar atrás una industria prescindible, perjudicial para el medio ambiente e incompatible con una relación ética con los animales.

Autora: Montse Mulé, Editora

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