Hay muchos supuestos santuarios de animales y centros de rescate que aparentan amor por los animales, pero que en realidad lo único que buscan es explotarlos y obtener provecho económico. Os contamos cómo descubrirlos y qué alternativas hay.

Stray dog with amputated front leg
123RF Limited©diverroy. Perro con pierna amputada

Un santuario de animales o centro de rescate real tiene por objetivo alojar a animales huérfanos o rescatados, cuidándolos hasta poder devolverlos a su hábitat natural. Si no es posible reintroducirlos en su estado salvaje, en estos centros se encargan de cuidarlos en las condiciones de vida más naturalizadas posibles. Además, no los compran ni venden, ni permiten exhibiciones ni visitas públicas a todas horas con contacto con las criaturas.

Hay centros en los que viven animales salvajes y, en otros, domésticos. Hablamos de elefantes, koalas, tigres, pumas, leones, monos, vacas, ovejas y cerdos, y un largo etcétera. Todos ellos tienen una cosa en común: comparten un pasado traumático y muchos han sido rescatados de lugares en los que se les maltrataba como pueden ser laboratorios, circos, espectáculos turísticos o granjas.

Es importante no confundir los verdaderos santuarios con aquellos pseudo que se aprovechan del concepto para seguir maltratando animales y engañar al público a visitarlos y a financiarlos. En los últimos años, con el creciente nivel de concienciación de la población sobre el bienestar animal y el rechazo a los zoológicos, es una táctica común en el sector apostar por la palabra santuario o reserva en lugar de la de zoo.

Es importante no confundir los verdaderos santuarios con aquellos pseudo que se aprovechan del concepto para seguir maltratando animales

La buena noticia es que, observando y analizando el centro, se puede descubrir la trampa. Antes de visitar un santuario o centro de rescate, navega por su página web, mira sus redes sociales, así como los comentarios, las fotos y los vídeos subidos por los visitantes a plataformas como TripAdvisor. Y hazte las siguientes preguntas:

¿Cómo están los animales? No por ser obvia es una cuestión menor. Lo primero que hay que analizar es el estado de los seres vivos: ¿tienen un aspecto saludable? ¿Tienen heridas? ¿Tienen algún comportamiento estereotipado como caminar de un lado a otro o en círculos sin parar o se muerden excesivamente?

¿Cómo es el alojamiento? En los santuarios éticos intentan que el espacio en el que viven las criaturas tenga un tamaño suficiente para que deambulen y exploren y que sea lo más parecido posible a su hábitat natural –¡nada de cemento ni jaulas!–. Pueden incluir estructuras para trepar y juguetes. Además, dependiendo de la especie, si son sociales, buscan que puedan interactuar con otros miembros de su grupo, lo cual es importante para su bienestar social.

Por ejemplo, los elefantes necesitan grandes espacios para moverse libremente, objetos para manipular y opciones de juego, así como a otros elefantes para que puedan interactuar. Si fuera posible, lo ideal sería que pudieran mantener una estructura social similar a la que tendrían en libertad. Mientras que los grandes felinos, los osos y los primates necesitan un entorno natural para explorar, deambular, trepar y buscar comida.

Por otro lado, los cerdos, seres curiosos, necesitan espacio para caminar, explorar y hurgar en la tierra, así como un refugio que los proteja de las inclemencias del tiempo. También camas secas y cómodas, e interacción con otros cerdos. Si observas que los animales están hacinados, se pelean entre sí, o no tienen la posibilidad de hacer lo que harían en libertad, activa la alerta, porque podrías estar ante un falso santuario.

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123RF Limited©kalyanby. Cuervo enfermo sin alas en un refugio para pájaros

¿Cómo es su día a día? En un santuario bien gestionado las criaturas podrán moverse libremente –¡cero cadenas!– y relajarse sin ser molestadas. Además, tendrán una dieta abundante y adecuada a sus necesidades específicas y una atención veterinaria lo menos intrusiva posible en el caso de que sea necesaria. En ningún caso participarán en espectáculos.

¿Pueden los visitantes tocar o sostener a los animales? Aquí las fotos de las visitantes publicadas en internet te darán una respuesta inmediata: si pueden tocar y/o sostener a los animales salvajes –aunque sean crías– estás ante un santuario o centro de rescate falso. También lo es si permiten dar de comer a las crías, bañar a los animales o jugar con ellos. Observa también qué hacen los cuidadores: en los buenos interactúan lo mínimo indispensable. Ni que decir tiene que un santuario de animales salvajes no es lo mismo que uno de animales domésticos. Por supuesto, en estos últimos puedes acariciar a los animales si así lo quieren.

¿Cuál es el origen y el destino de los animales? Los verdaderos santuarios acogen a animales que han sufrido explotación y maltrato. En muchos de ellos es frecuente que el personal comparta con los visitantes el pasado de los animales que viven allí (como su horrible cautiverio en circos, zoológicos, granjas…) para sensibilizar a la ciudadanía sobre el maltrato animal. Por otro lado, intentarán reintroducirlos en su hábitat siempre que sea posible.

¿El establecimiento cría animales? Esta cuestión es fundamental puesto que un santuario real nunca cría animales. Sí que puede ser que tengan crías porque las hayan rescatado o porque hayan rescatado a sus madres embarazadas. No obstante, si hay crías, ¡sospecha!, puesto que puede ser un pseudosantuario que se dedica a criar para mantener el negocio o venderlas y lucrarse.

¿Cuántas visitas hay al día y cómo son? Los santuarios reales solo permiten visitas limitadas, en grupos reducidos y guiados por personal.

¿Quién está detrás del santuario? Conocer quién dirige el centro y su perfil puede también ayudarte a hacerte una idea de sus intenciones reales.

Es importante apoyar a santuarios que realmente están comprometidos con el cuidado de los animales, para que sean la norma y no la excepción

Si contestas a todas estas preguntas, podrás tener una idea más clara del tipo de santuario o centro de rescate que tienes intención de visitar.

Antes y/o después de tu visita a un santuario, puedes contactar con organizaciones animalistas para, primero, preguntar si tienen información sobre el tipo de lugar al que quieres ir, y segundo, dar tu opinión sobre lo que has vivido y, sobre todo, denunciar cualquier tipo de abuso: demos voz a los animales.

La Federación Mundial de Santuarios de Animales (GFAS) pretende aglutinar y certificar a los santuarios que sigan reglas estrictas para proteger a los animales. Por ahora, tiene una fuerte presencia en Estados Unidos.

Es importante apoyar a santuarios que realmente están comprometidos con el cuidado de los animales, para que sean la norma y no la excepción. Es el caso de The Liberty Bear Sanctuary, situado en Rumanía. Es el hogar de un centenar de osos pardos rescatados de una vida en cautividad que vivían en pequeñas jaulas cerca de restaurantes y hoteles y utilizados como atracción turística. También viven allí perros callejeros heridos.

En la Fundación MONA, en Cataluña, intentan recuperar física y mentalmente del maltrato a chimpancés y macacos que han sido artistas de circo, de televisión, modelos de publicidad o incluso mascotas. Ante la imposibilidad de devolverlos a su hábitat natural, trabajan para que tengan una vida lo más digna posible en compañía de sus congéneres. Y en Sicilia, los activistas veganos Luca y Christin abrieron el Santuario AlmaGea en 2020. En un terreno de 2,5 hectáreas, con vistas impresionantes al Etna, conviven ovejas, gallinas, perros y gatos rescatados.

También puedes optar por observar -o al menos intentarlo- a la fauna salvaje en su hábitat natural, cumpliendo, claro está, una serie de normas de avistamiento. Si amas a los animales, sé parte de la solución para acabar con su maltrato.

Autora: Cristina Fernández, Periodista & Blogger.

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