La lana es una fibra textil de origen animal utilizada por la humanidad desde la Prehistoria por sus propiedades térmicas y aislantes. Por ello, a menudo, la lana ecológica es barajada como la opción más limpia y sostenible para la elaboración de ropa de abrigo, sobre todo frente al poliéster acrílico u otras fibras sintéticas derivadas del petróleo.
Hay que diferenciar la lana virgen que se obtiene de esquilar el pelaje de ovejas, cabras, alpacas, llamas, etc. de la lana reciclada obtenida a partir de prendas o residuos de lana ya existentes, que se trituran y cardan para crear nuevas prendas. En este artículo, se analizan los costes ambientales y morales de la lana virgen que se obtiene de la explotación animal.
Si hacemos memoria histórica, recordemos que en la Península Ibérica la producción de lana merina tuvo mucho peso desde la Edad Media hasta el s.XIX. La oveja merina es una raza formada por el mestizaje del ganado ovino que llegó a la península durante el s.VIII a través de los árabes y el ganado autóctono ibérico.
La ganadería merina se extendió rápidamente, dado que la oveja merina produce una lana suave de alta torsión, ideal para la elaboración de tejidos de lujo, como los paños castellanos. España fue una potencia exportadora de lana merina hasta la Revolución Industrial. Los compradores eran los artesanos de Flandes, principal centro de manufacturas de la época.
La sobrecarga ganadera que soporta nuestro planeta es insostenible para el ecosistema global
Del s.XIII al XIX, la Mesta fue la institución ganadera que regulaba la trashumancia. Gozaba de enormes privilegios para disponer de tierras para el pasto de rebaños que recorrían la península. En verano, cruzaban las montañas del norte y en invierno bajaban a las dehesas del sur. La importancia de su explotación para la economía fue crucial, pero con sus luces y sombras.
La sobreexplotación ganadera impactó en el ecosistema. La trashumancia masiva provocó la degradación de pastizales debido al exceso de ovejas, lo cual causó la erosión de los suelos, la pérdida de biodiversidad y la desertificación, pues la excesiva presión ganadera alteró los ciclos naturales de regeneración de la vegetación, especialmente en zonas de monte bajo, moldeando así la transformación del paisaje, creando grandes extensiones de parajes semidesérticos, el actual paisaje característico ibérico.
Las consecuencias para la agricultura y el paisaje fueron devastadoras, lo que generó tensiones con agricultores debido a un uso insostenible de los recursos naturales. La expansión de la trashumancia desplazó actividades agrícolas, reduciendo cultivos y comprometiendo la seguridad alimentaria local.
Asimismo, para crear pastos y facilitar el tránsito de rebaños, se talaron bosques enteros. Toda una lección histórica.
La industria de la moda es una de las más contaminantes
Porque utiliza fibras sintéticas y genera muchos residuos. Por esta razón, a menudo, la lana virgen ecológica de proximidad se baraja como la mejor opción limpia y sostenible para la fabricación de ropa de abrigo de calidad, frente a los tejidos derivados del petróleo, los cuales emiten toneladas de gases contaminantes cuando son fabricados, desprenden partículas de microplásticos cuando los lavamos y cuando son desechados.
Si pensamos en los aspectos positivos de la lana, podemos considerar que es un material natural de proximidad, sin plástico, que se obtiene sin necesidad de procesos industriales agresivos y que además su ganadería extensiva contribuye a controlar la maleza, previniendo incendios forestales de sexta generación, a la vez su pastoreo fertiliza el suelo con excrementos. A pesar de que a priori parezca una materia ventajosa, analizaremos con detalle sus pros y contras.
Existen opciones de “lana vegana” biodegradable de origen vegetal, sin derivados del petróleo: el lyocell y el piñatex
España ya no es un gran productor de lana, la industria se ha especializado en calidad y no en cantidad. Hoy, los mayores productores mundiales son: Australia (25% de la producción global) y Nueva Zelanda, principales proveedores de las grandes cadenas de moda.
Aunque la lana como materia prima sea 100% natural, su procesamiento para limpiar y desinfectar tras esquilar al animal conlleva un enorme gasto de agua (entre 50-100 litros por kilo) y un tratamiento muy contaminante, ya que la lana tiene un alto contenido en lanolina, una grasa natural que debe extraerse por higiene, además del tratamiento químico para eliminar parásitos. Esto genera gran cantidad de aguas residuales.
La sobrecarga ganadera que soporta nuestro planeta es insostenible para el ecosistema global. Las ovejas como rumiantes emiten en su proceso digestivo gas metano, un gas de efecto invernadero más nocivo que el CO2. La mayoría de los pastos son en realidad zonas deforestadas, en las cuales debería haber bosques con gran biodiversidad. Australia como mayor productor de lana mundial explota el 20% de su superficie terrestre para esta industria, convirtiendo tierras indígenas en pastos, tanto para moda como para alimentación. Además, estos pastos son la mayor amenaza para la población de koalas y fauna autóctona australiana.
Desgraciadamente, la lana no está exenta de crueldad
Lo peor es el maltrato que reciben las ovejas por parte de la industria que las explota hasta la muerte. Investigaciones llevadas a cabo por PETA en Australia documentaron las siguientes atrocidades:
- El esquileo es extremadamente bárbaro, ya que los esquiladores cobran por oveja, no por hora de trabajo, lo que promueve velocidad sin preocupación por el bienestar animal. Las ovejas suelen sufrir heridas que van desde cortes hasta la amputación total de sus ubres, orejas u otras partes del cuerpo. Por supuesto, esta práctica causa gran sufrimiento.
- Para que la lana quede libre de parásitos, se practica el mulesing, un procedimiento que consiste en causar una herida en carne viva en la zona perianal de las ovejas, generalmente sin anestesia, con el objetivo de desplazar a los parásitos a la herida, dejando la lana más limpia, pero causando un gran dolor al animal. En 2023, la Australian Wool Innovation anunció que el mulesing dejará de ser necesario si se implementan medidas adecuadas. Sin embargo, el mulesing se sigue practicando.
- Y cuando las ovejas ya no son rentables para la industria lanera son exportadas vivas en condiciones lamentables por mar al Próximo Oriente, donde, en caso de llegar vivas, van a ser sacrificadas para consumo de carne.
Por todo lo expuesto, para mí, la lana virgen no es una opción. Como persona vegana, creo que lo mejor, dado que la industria de la moda es muy contaminante, es intentar reutilizar y reciclar prendas de segunda mano, pero existen opciones de “lana vegana” biodegradable de origen vegetal, sin derivados del petróleo: el lyocell y el piñatex.
Lyocell
El lyocell, suave y transpirable, se obtiene como fibra celulósica derivada de la pulpa de madera de eucalipto y haya. Presenta baja huella hídrica y de CO2, ya que usa menos agua que el algodón y se produce en un ciclo cerrado sin emisiones tóxicas.
Piñatex
El piñatex se obtiene de la fibra de hojas de piña. Genera cero residuos ya que aprovecha desechos agrícolas. Puede usarse para suelas, bolsos y forros. No requiere tierras adicionales, ni compite con cultivos alimentarios. Aunque no es tan cálido como la lana, puede mezclarse con otras fibras. El proceso aún se está mejorando.
Autora: Helena Escoda, Historiadora y Antrozoóloga, Profesora de Ciencias Sociales
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