El sector ganadero es uno de los mayores responsables de las emisiones de metano, gas de efecto invernadero que hace aumentar la temperatura global.

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Para entenderlo, hay que explicar que las vacas emiten metano a través de eructos. En su digestión se produce la llamada fermentación entérica, un proceso biológico donde los microorganismos del aparato digestivo descomponen el alimento y se genera el gas. El problema no son las vacas en sí, sino la actividad humana, que ha aumentado el impacto mediante la ganadería intensiva para satisfacer la demanda de carne.

Según la Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO), la agricultura es responsable de aproximadamente el 40% de las emisiones de metano antropogénicas, es decir, aquellas que no son naturales del medio ambiente sin la intervención humana, de las cuales el 32% proviene de los sistemas ganaderos y el 8% del cultivo de arroz. En conjunto, los cerca de 1.500 millones de cabezas de ganado bovino, junto con unos 2.000 millones de ovejas y cabras en el mundo, generan emisiones de metano que, expresadas en CO2, alcanzan las 3,3 gigatoneladas, según la FAO.

El problema no son las vacas en sí, sino la actividad humana, que ha aumentado el impacto mediante la ganadería intensiva para satisfacer la demanda de carne

Por qué es hora de cambiar

En la actualidad se investigan varias innovaciones en alimentación animal para reducir las emisiones de metano, como la incorporación de algas que disminuyen la fermentación entérica. Las más estudiadas son las algas rojas del género Asparagopsis, aunque su aplicación a gran escala no es tan simple: su producción masiva es compleja, es necesario controlar las dosis para garantizar su seguridad y aún se desconoce su impacto a largo plazo.

Recientemente, en Reino Unido también se ha avanzado en la investigación de los llamados “bloqueadores de metano” añadidos al pienso, que reducen la producción de este gas. Sustancias como el 3-NOP han demostrado reducir las emisiones de metano en el ganado en estudios y ensayos realizados en algunos países.

En 2022, Zero Emissions Livestock Project, una iniciativa creada por el entonces príncipe Carlos de Reino Unido junto con el diseñador Sir Jony Ive para apoyar soluciones frente al cambio climático, inventó un dispositivo similar a una máscara para vacas diseñada para capturar el metano que emiten al respirar y eructar. Aunque fue elogiado públicamente, también generó críticas, ya que las máscaras podrían resultar incómodas o estresantes para los animales e interferir con comportamientos como alimentarse, respirar o moverse con libertad.

Reducir el metano, por sí solo, no resuelve el problema ambiental de la ganadería, sino que actúa como un parche. La industria ganadera no solo genera emisiones durante la cría del ganado, sino que también produce una serie de impactos a lo largo de la producción, hasta que la carne llega al consumidor.

Cows
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El impacto de la deforestación

Estudios y organismos ambientales como World Wide Fund for Nature (WWF) coinciden en que el principal motor de la deforestación en la Amazonía es la expansión de pastos para ganado. Además, otras industrias contribuyen a la pérdida de bosques, como la producción de aceite de palma, la soja y la explotación maderera.

Según WWF, en el tiempo que se tarda en decir la palabra “deforestación”, desaparece un área de bosque equivalente a un campo de fútbol. Esta situación supone un grave problema para la biodiversidad, ya que los bosques tropicales albergan especies amenazadas y en peligro de extinción, como orangutanes, rinocerontes, elefantes, tigres y jaguares. Si sus hábitats son destruidos, no solo pierden alimento y refugio, sino que también se vuelven más vulnerables a los conflictos con los seres humanos.

A su vez, estos bosques son esenciales para la captura de carbono. Los árboles absorben dióxido de carbono durante su crecimiento, pero cuando son talados o quemados, ese carbono vuelve a liberarse a la atmósfera.

Huella hídrica de la ganadería

Los ganaderos talan y queman selvas porque necesitan más espacio para el ganado, pero la tierra no es el único recurso que consume la ganadería.

Según el Pacific Institute y National Geographic, producir un huevo requiere unos 200 litros de agua. Para medio kilo de pollo se necesitan alrededor de 1.770 litros, mientras que medio kilo de carne de vacuno requiere unos 6.800 litros. En conjunto, la ganadería representa entre el 20% y el 33% del consumo mundial de agua dulce.

Los animales también requieren enormes cantidades de alimento. Un análisis de 2020 de la Comisión Europea señala que gran parte de la producción agrícola en la Unión Europea se destina a la alimentación animal y a la producción de biocombustibles. Según Greenpeace, el 62% de los cereales se utiliza para pienso animal y solo el 23% para consumo humano. Además, el 88% de la soja y el 53% de las legumbres se destinan también a la alimentación animal.

La industria ganadera no solo genera emisiones durante la cría del ganado, sino que también produce una serie de impactos a lo largo de la producción

El agua contaminada

El consumo de agua no es el único problema hídrico relacionado con la ganadería. La industria también está vinculada a la contaminación de ríos, lagos y arroyos debido a los vertidos procedentes de las granjas industriales.

Una investigación del Bureau of Investigative Journalism (2022), en colaboración con varias organizaciones ambientales, encontró bacterias resistentes a antibióticos en ríos del Reino Unido, especialmente en zonas cercanas a explotaciones ganaderas intensivas, como el río Wye.

En Estados Unidos, donde las balsas de estiércol procedentes de la ganadería intensiva pueden desbordarse o filtrarse hacia ríos y acuíferos cercanos, el problema también es importante. En 2022, diversas organizaciones ambientales y comunidades rurales presentaron acciones legales contra la Agencia de Protección Ambiental (EPA) por la falta de medidas urgentes para controlar este tipo de contaminación.

La contaminación del aire

Los animales producen residuos y, a través de la descomposición de la orina y el estiércol, se liberan gases como el amoníaco, el óxido nitroso y el sulfuro de hidrógeno, que afectan tanto al medioambiente como a la salud humana.

La organización World Animal Protection señala que la exposición prolongada a gases procedentes de la ganadería intensiva, como el amoníaco, está asociada a problemas de salud como enfermedades respiratorias, cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

Aumenta el riesgo de enfermedades zoonóticas

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 60% de las enfermedades infecciosas emergentes reportadas globalmente son zoonosis, es decir, enfermedades transmitidas de animales a humanos. Muchas proceden de animales salvajes, como monos y murciélagos, pero investigaciones sugieren que los animales criados en granjas industriales también representan un riesgo.

Mayor resistencia a los antibióticos

Por último, la ganadería industrial no solo puede aumentar el riesgo de enfermedades, sino también dificultar su tratamiento. Debido a las condiciones de baja calidad de vida en muchas granjas industriales, numerosos productores recurren al uso habitual de antibióticos para prevenir infecciones.

Según World Animal Protection, una gran parte de los antibióticos de importancia médica se utiliza en animales de granja, estimándose que alrededor del 70–75% del total se destina a la ganadería a nivel mundial. El abuso de antibióticos tiene consecuencias graves: las bacterias pueden desarrollar resistencia a estos medicamentos, reduciendo su eficacia y favoreciendo la aparición de superbacterias resistentes a los tratamientos.

Autora: Laura Clavijo, Periodista.

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