La actitud social hacia los veganos, por desgracia, suele ser bastante hostil. Cuando una persona decide cambiar su estilo de vida y pasarse al veganismo, se genera un fuerte choque.

Menús veganos en escuelas, hospitales y cárceles

La primera dificultad que se presenta es la falta de información a nivel nutricional. Lo único que nos enseñan es que “hay que comer de todo” y esto, sumado a los falsos mitos sobre vegetarianos y veganos, y a las noticias amarillistas, pueden sumir a la persona que desea hacer este cambio de dieta, en un mar de incertidumbres y temores. Así pues, el primer paso suele ser empaparse de datos sobre nutrición, planificarse dietas equilibradas, buscar nuevas recetas y apostarse horas en los pasillos del supermercado leyendo etiquetas de ingredientes.

Una vez superada esta fase, los nuevos hábitos se interiorizan y todo resulta natural. El verdadero problema aparece al salir de casa. La sociedad nos lo pone difícil. Aunque cada vez tenemos más opciones para comer fuera o hacer la compra, sigue siendo complicado, en muchas ocasiones, encontrar productos sin lácteos ni huevos, o salir de viaje y comer algo más que ensalada, parrillada de verduras y frutos secos.

Pero aún hemos de toparnos con el que puede ser el escollo más difícil: la desaprobación del resto de la sociedad. Los veganos somos, todavía, en España, y a pesar de los avances, una excentricidad. Lo diferente genera aversión en muchas personas e incluso, suscita burlas. No hay más que hacer una búsqueda rápida en Google para encontrar un sinfín de entradas que expresan odio hacia los veganos, en especial a los que promulgan una postura antiespecista.

Los veganos somos, todavía, en España, y a pesar de los avances, una excentricidad

¿Por qué se tiende a atacar a personas que apoyan una causa tan noble como es luchar contra el maltrato animal? La mayoría de las críticas apuntan a que ostentamos cierta superioridad moral, sin ser esto cierto, por norma general. Los veganos nos limitamos a informar y promover el respeto hacia los animales y hacia nosotros mismos. Sin embargo, somos objeto de desprecio, de críticas y de comentarios reprobatorios. La mayoría de nosotros hemos necesitado recopilar una serie de argumentos documentados para poder hacer frente a preguntas y opiniones que intentan encontrar algún resquicio de incoherencia a través del cual poder desacreditar un estilo de vida que solo reporta beneficios.

Así las cosas, ¿qué podemos esperar de las instituciones públicas? ¿Se respeta el veganismo en las escuelas, en los hospitales o en las cárceles? En las escuelas, suelen existir opciones para intolerancias y alergias, aportando un certificado médico. En algunos centros también disponen de un menú sin cerdo para alumnos musulmanes. Muchos padres están en lucha para exigir que las administraciones reconozcan a los niños veganos su derecho a tener un menú ajustado a sus necesidades, al igual que se hace con las minorías religiosas.  Al final, es una decisión de cada centro escolar, algunos al menos ofrecen una opción vegetariana en el comedor, pero son más los que deniegan las peticiones de los padres. La única alternativa de los niños veganos, es tomarse la guarnición o la parte de verduras del menú y completar en casa con una cena equilibrada.

En los hospitales ocurre algo similar y la opción vegana no se contempla, aunque en algunos si se adapta el menú para vegetarianos. Las quejas por la mala calidad de las dietas que se ofrecen a los pacientes, son continuas. La situación se agrava con los recortes sanitarios, la escasez de nutricionistas y dietistas en los centros hospitalarios y la desidia del Gobierno. Máquinas de vending con bollería y procesados, galletas con leche y cacao azucarado de merienda y muy poca fruta y verdura, son lo habitual en estos centros, en los que se debería promover unos hábitos saludables.

Menús veganos en escuelas, hospitales y cárceles

Ante este panorama, un paciente vegano puede tenerlo complicado y ver su dieta muy restringida durante el tiempo que esté ingresado. Aunque siempre tendrá la opción de recurrir a la comida casera que le puedan llevar sus familiares. En Estados Unidos, la AMA (Asociación Médica Estadounidense) se ha posicionado, a través de un comunicado de prensa, a favor del veganismo, recomendando a todos los hospitales, que ofrezcan nada más que menús de este tipo. De esta forma, se educaría a los pacientes para mejorar sus hábitos y se reducirían muchas de las dolencias asociadas al consumo de productos de origen animal.

Pero, ¿qué ocurre cuando no puedes volver a casa ni recibir tuppers con comida vegana?  ¿Puede mantener su estilo de vida una persona vegana que se encuentra en prisión? En teoría, y amparándonos en la ley, sí debería. El artículo 226.1 del Reglamento Penitenciario decreta que “en todos los Centros penitenciarios se proporcionará a los internos una alimentación convenientemente preparada, que debe responder a las exigencias dietéticas de la población penitenciaria y a las especificidades de edad, salud, trabajo, clima, costumbres y, en la medida de lo posible, convicciones personales y religiosas”.

Ya que el veganismo es una convicción personal, los reclusos tienen derecho a recibir un menú adaptado a ella.  Sin embargo los testimonios reflejan una realidad diferente. Las instituciones penitenciarias ofrecen varios tipos de dieta, entre ellas una vegetariana, y en algunos casos, únicamente solicitándola expresamente al director del centro. En estos menús se incluyen productos de origen animal como huevos, alimentos con queso o leche de vaca,  lo cual obliga a los internos a llevar una alimentación muy limitada, comiendo pan y algo de fruta. Las alternativas veganas en los economatos de estos centros tampoco venden productos apropiados para estos presos.

Muchos padres están en lucha para exigir que las administraciones reconozcan a los niños veganos su derecho a tener un menú ajustado a sus necesidades

En Reino Unido, la Vegan Society difunde información en su web para instar al personal de los centros penitenciarios a que proporcionen a los reclusos una alimentación equilibrada así como prendas de ropa y productos de aseo totalmente cruelty free. Además, en 1994 se creó la VPSG (Vegan Prisoners Support Group) con el propósito de cuidar que los reclusos veganos vean sus derechos respetados y tengan opción a disponer de una alimentación, aseo y vestimenta libres de explotación animal. Esta asociación consiguió, en 2009, que estos presos pudiesen solicitar expresamente el envío de alternativas veganas.

En Argentina, en 2016 el Senado aprobaba un proyecto de ley titulado Mi menú vegano para incluir una opción vegana en todos los establecimientos que sean provistos de alimentos por parte del Estado, como colegios, hospitales y prisiones. Una norma que fue impulsada en Chile y que también cuenta con la aprobación de ambas Cámaras. De igual manera, otros países como Dinamarca y Portugal han establecido una ley para que la oferta vegana sea obligatoria en edificios públicos. En el caso portugués, la petición fue lanzada por la Associação Vegetariana Portuguesa, respaldada por más de 15.000 firmas. El Parlamento danés se inspiró en el ejemplo de Portugal y a día de hoy el país invierte un porcentaje de sus recursos en proporcionar menús veganos y biológicos en dependencias del Estado.

En España todavía se trata de una asignatura pendiente. La consideración y el respeto por las creencias personales de un grupo de población cada vez más amplio, debe fomentarse desde el Gobierno, incluyendo siempre una opción vegana en todas las instituciones públicas.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales.

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