Hoy en día, el consumo de carne ya es insostenible ecológicamente y las previsiones auguran que en 2050 la demanda de carne y productos lácteos se doblará a nivel mundial; por ello, será necesario tomar medidas para abordar este problema, pues la industria ganadera es responsable de casi un 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero… y el cambio climático debe afrontarse de forma inminente.

El consumo de carne es insostenible
Un consumo 100% vegano, la mejor alternativa

Gravar con impuestos específicos aquellos productos que puedan tener un impacto negativo en la salud de la población o el medio ambiente es una estrategia utilizada por los gobiernos desde hace décadas. Primero fue el tabaco, un clásico. Ya son más de 180 los Estados que gravan el tabaco con impuestos específicos y restricciones, pues los costes sanitarios que acarrea no son pocos. Lo mismo para el consumo de alcohol. Recientemente, en nuestro país y en 25 más, se ha legislado sobre el impuesto que grava las bebidas azucaradas, pues el aumento del consumo de azúcar añadido en bebidas y alimentos procesados ha derivado en una importante alerta sanitaria que se prevé que puede empeorar en el futuro.

Según un informe del grupo inversor Farm Investment Risk and Return (FAIRR), el producto que sigue en esta lista será la carne, pues aplicar un impuesto a la carne será inevitable y probablemente esto se hará a nivel internacional en un plazo de cinco a diez años.

La ganadería industrial es una práctica obsoleta, responsable del mayor maltrato animal en la historia y destructora del medioambiente

¿Por qué un posible impuesto sobre el consumo de carne?

El maltrato animal es inherente a la industria cárnica. No obstante, este indiscutible argumento todavía no es el más importante para los legisladores… Sin embargo, se tienen en cuenta otros aspectos y por ello se ha empezado a discutir sobre por qué es necesario gravar el consumo de carne con un impuesto específico.

Luchar contra el calentamiento global

El 28 de Noviembre de 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) presentó un informe titulado La Larga Sombra del Ganado (Livestock’s Long Shadow) en el cual se demuestra que la ganadería genera más emisiones de gases de efecto invernadero que los automóviles. Hasta un 20% del total de las emisiones globales. Concretamente, el 9% de las emisiones mundiales de CO2, el 37% de las de gas metano -más que las explotaciones mineras, petróleo y gas natural juntas- y el 65% de las de óxido nitroso (gas letal). Precisamente, estos dos últimos gases causan un efecto invernadero mucho más potente que el CO2.

Por tanto, el consumo de carne aumenta notoriamente nuestra huella ecológica. Ser vegano no es solamente una cuestión de respeto a los Derechos de todos los animales, también nos convierte en activistas en lucha para frenar el calentamiento global. Un estudio dirigido por la Universidad de Oxford en 2.014, concluyó que las emisiones de CO2 de las personas vegetarianas son un 50% menores de las de quienes consumen carne a diario, y las de las veganas, más de un 60%.

El consumo de carne es insostenible

Consumo de carne y políticas de salud pública

Los estudios epidemiológicos realizados en Universidades y hospitales en diferentes países de todo el mundo, concluyen que el excesivo consumo de carne y lácteos en sociedades como la nuestra es pernicioso para la salud porque está directamente relacionado con diversas enfermedades que han devenido epidemia en Occidente: obesidad, hipertensión, diabetes, osteoporosis, cáncer de colon (entre otros), enfermedades coronarias, accidentes cardiovasculares, etc. Según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), la institución especializada en esta enfermedad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las salchichas y el jamón fueron clasificadas en el grupo 1 de agentes cancerígenos, el cual también incluye el tabaco y el asbesto (amianto).

La OMS define como carne roja toda la carne muscular de los mamíferos, incluyendo carne de res, cerdo, cordero, caballo y cabra.

En 2.016, un estudio realizado en la Universidad de Oxford recomendaba gravar con un impuesto la carne roja de bovino un 40% y los lácteos un 20% debido a que esto podría evitar casi medio millón de muertes al año por enfermedades causadas por este consumo y además se reducirían drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

La opulencia cárnica de unos se traduce en la extrema pobreza de otros

Estos datos ya no son subestimados por los gobiernos, pues el coste económico derivado de las partidas presupuestarias destinadas a la sanidad pública sale cada día más alto. Durante el año 2.016, en el Estado español, el consumo de carne per cápita se situó en 50,13 kilos.

El impuesto a las carnes ya está siendo discutido en los parlamentos de Alemania, Dinamarca, Suecia y China. El gobierno de Nueva Zelanda se planteó la Flatulence Tax, un impuesto sobre las emisiones de metano derivadas de las flatulencias del ganado bovino, una medida que finalmente se descartó. La directora de FAIRR, Maria Lettini, afirma que a medida que avance la implementación del acuerdo climático de París comenzaremos a ver acciones gubernamentales que busquen la reducción del impacto ambiental de la industria ganadera.

Lógicamente, las políticas relativas a los impuestos sobre la carne deberán ser introducidas y explicadas a la población de forma adecuada para que se comprenda por qué son tan necesarias. A la vez, se deben diseñar estrategias para proteger a las familias más pobres a las que les cuesta más comprar alimentos.

Dice Jonathan Verschuuren, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos: “parece inevitable que el consumo de carne deba disminuir. Los desafíos son tan grandes, y los cambios que se necesitan son tan fuertes que deben usarse todos los instrumentos normativos posibles, incluido un impuesto sobre la carne”.

El maltrato animal es inherente a la industria cárnica

La opulencia cárnica de unos se traduce en la extrema pobreza de otros. Reducir la ganadería significa reducir los campos destinados a cultivos de forrajes. Este puede ser el primer paso para empezar la supresión de los cultivos transgénicos y recuperar masa forestal y sistemas de agricultura tradicionales, además, permitiría que millones de toneladas de cereales destinadas a forrajes fueran destinadas directamente al consumo humano. Los desequilibrios ocasionados por los excesos de la carne son más que un pecado, nos permiten afirmar que un vegetariano además de respetar la vida de todas las especies es un activista en defensa de nuestro planeta y de aquellos que sufren enfermedades derivadas de la malnutrición. Sería una de las mejores políticas económicas para ayudar a los más pobres del Planeta.

Mark Post, el científico artífice de la primera hamburguesa presentada en 2013 a partir de «carne limpia» o carne elaborada a partir de células, considera que el actual sistema de producción de carne cambiará profundamente o desaparecerá. La ganadería industrial es una práctica obsoleta, responsable del mayor maltrato animal en la historia y destructora del medioambiente que, además, no podrá satisfacer la demanda mundial de carne en las próximas cuatro décadas.

Personalmente, no me convence para nada la idea de la carne de laboratorio, yo no la consumiré por cuestiones de paladar, pero no le cierro la puerta si abre el camino para lograr la abolición de la ganadería.

Autora: Helena Escoda Casas, Activista por los derechos de los Animales

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Publicado en Bueno y Vegano Febrero 2019

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