La vida desconocida de los peces les ha dado poca visibilidad tanto en la sociedad civil como en los círculos políticos. Mientras tanto, por un lado, el número de peces que capturamos anualmente como alimento ha llegado a exterminar hasta un 90% de las especies conocidas, y por el otro, la cría industrializada está esquilmando los océanos y la vida que en ellos habita. Hoy tenemos la evidencia científica de que los peces tienen la capacidad de sentir y de sufrir de manera similar al resto de animales, por ello no podemos seguir olvidándolos.

Peces y crustáceos, los grandes olvidados cuando hablamos de respeto animal

Probablemente, el hecho de que raramente establezcamos vínculos o entremos en contacto con los peces en su hábitat natural, deriva en que, a diferencia de otras especies marinas o terrestres, nos preocupemos mucho menos por su protección.

Los peces son el grupo más grande y diverso entre los vertebrados y, como el resto de animales, también tienen capacidad de sentir. Tienen un cerebro parecido al de otros vertebrados, aunque más pequeño y de menor complejidad. Cuentan con nociceptores y neurotransmisores, procesan las sensaciones dolorosas de forma compleja y su comportamiento se ve alterado por el dolor. Se les atribuyen emociones básicas y pueden llegar a padecer estrés crónico ante situaciones que se prolongan en el tiempo.

Ocurre algo similar con los crustáceos (cangrejos, langostinos, sepias…). En la naturaleza las langostas pueden vivir hasta 100 años, utilizan complejas señales para explorar su entorno, establecen relaciones sociales y migran más de 100 kilómetros cada año. Aunque carecen de cerebro, tienen estructuras sensoriales complejas y evitan situaciones que les son dolorosas.

En cuanto a los cefalópodos, los pulpos tienen una gran capacidad de aprendizaje, memoria, y son capaces de utilizar herramientas. De hecho, a pesar de ser invertebrados, desde 2013, su uso en investigación está regulado mediante las mismas directrices que los vertebrados.

Un consumo insostenible que dejará vacíos los océanos en los próximos años

Debido al creciente consumo de animales marinos, en los últimos 50 años hemos llegado a exterminar hasta un 90% de las especies conocidas de peces. Este fenómeno, junto con la sobrepesca, ha llegado también a eliminar hasta un 30% de otras especies de forma colateral.

Peces y crustáceos, los grandes olvidados cuando hablamos de respeto animal

El volumen total de animales peces y crustáceos sacrificados mundialmente para el consumo asciende al billón al año. Es decir, más que aves (57.000 millones) o mamíferos (3.000 millones). Y en esta contabilidad, sin embargo, ni siquiera aparecen los animales descartados, los criados con técnicas de acuicultura, las capturas no notificadas, o la pesca fantasma. Sus vidas importan tan poco, que se suelen contabilizar por toneladas, y no por individuos.

En 2014 en España se capturaron 1.103.537 toneladas de pescado y se produjeron 282.000 toneladas mediante acuicultura, a través de las más de 10.000 explotaciones en el país.

Además, cada año, el volumen de material de pesca abandonado en los océanos alcanza las 640.000 toneladas. Estos materiales lesionan, mutilan e incluso matan a cientos de miles de ballenas, focas, tortugas y aves.

Según indican los expertos, como Roger Duaso, científico marino del documental BlackFish “si seguimos a este ritmo, en 2048 nos vamos a encontrar con un océano vacío”. 

Métodos cruentos

Los métodos de captura y matanza de los animales marinos son diversos, y siempre buscan el mayor beneficio para el ser humano. La pesca puede realizarse mediante mallas, anzuelos, arpones, trampas o rastrillos. Dentro de la pesca con mallas, la de arrastre es la más común a nivel mundial.

pesca de arrastre

La pesca de arrastre, además de matar peces, suele atrapar animales como tortugas, delfines o rayas. Y, aunque los pescadores generalmente les echen de nuevo al mar, normalmente estos animales mueren o se ven lesionados durante su captura y devolución. En la pesca con anzuelos, los peces terminan agonizando durante días.

En las pesquerías de captura silvestres, los peces a menudo son perseguidos hasta el agotamiento, aplastados, elevados rápidamente a la presión atmosférica y luego asfixiados o procesados ​​vivos.

También es común descargar a los animales en los barcos y dejarlos morir asfixiados, pero lo más habitual es colocarlos en hielo hasta su muerte por hipotermia… y pueden pasar varias horas hasta que esto suceda, especialmente si se ponen en hielo, ya que esto ralentiza el proceso y hace que los peces agonicen, siendo todavía conscientes de lo que sucede. Otras veces, antes de morir asfixiados, se les acuchilla o se les abre en canal en vivo para vaciarles por dentro y sacar sus vísceras, sin ningún tipo de analgesia o anestesia.

Según la especie, los animales pueden tardar entre 65 y 250 minutos en morir si se les deja asfixiarse (los humanos nos ahogamos en 4-5 minutos), o bien entre 25 y 65 si se les eviscera.

Cría industrializada en el mar que contamina el agua

Desde los años 70, la producción de peces en explotaciones fijas de cría y engorde, práctica conocida como acuicultura, ha crecido de forma exponencial. Actualmente representa un 45% de la producción mundial (el 20% en Europa).

La acuicultura, granjas industrializadas de cría de peces en el mar, presenta los mismos problemas que la agricultura intensiva en otros animales: engorde mediante alimentación con piensos, selección genética, hacinamiento, variación de la temperatura que se traduce en malformaciones para los animales (como las dolorosas malformaciones espinales), problemas de territorialidad y agresividad, daños en las aletas y mayor probabilidad de infecciones. Para paliar todas las problemáticas de salud y comportamentales que sufren los peces derivadas de esta actividad, se utilizan grandes dosis de químicos como antibióticos que se vierten en el medio y, a la vez, afectan a las poblaciones salvajes de peces.

Desmontando argumentos sobre los beneficios del consumo de carne de pescado

El consumo de carne de pescado también puede ser dañino para los humanos. Tanto los peces salvajes como los de cría viven en aguas cada vez más contaminadas, y su carne acumula rápidamente altos niveles de toxinas peligrosas. Es este el caso de los bifenilos policlorados (PCB) y del mercurio, que pueden afectar el cerebro humano. La Environmental Protection Agency (EPA) estima que los peces pueden acumular miles de veces el nivel de PCB causante de cáncer que se encuentra en el agua en la que viven. Y según The New England Journal of Medicine, los peces “son la fuente principal, si no la única, del metilmercurio”, una sustancia que se ha relacionado con enfermedades cardiovasculares, daño cerebral fetal, ceguera, sordera y problemas con las habilidades motoras, lenguaje y falta de atención. Los mariscos además son la causa principal de intoxicación alimentaria en los Estados Unidos.

Por ética, por salud y por sostenibilidad, es recomendable que disminuyamos paulatinamente el consumo y avancemos hacia una alimentación libre de animales.

faadaAutora: Carla Cornella, presidenta de FAADA

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Publicado en Bueno y Vegano Septiembre 2018

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