La mayoría de los huevos que encontramos en el supermercado son de las ‘gallinas ponedoras’, aves criadas para la industria y seleccionadas genéticamente durante años para que pongan una mayor cantidad de huevos y a un ritmo extremadamente acelerado.

gallinas
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Vivir exclusivamente para poner huevos

Viven en condiciones terribles de hacinamiento, encerradas en jaulas y alumbradas constantemente con luz artificial. Amontonadas unas sobre otras, tienen muy poco espacio para moverse y muchas de ellas jamás pueden extender sus alas. En las granjas, la higiene suele brillar por su ausencia, los excrementos se amontonan, generando altos niveles de amoníaco, que desembocan a enfermedades altamente transmisibles, pérdida de plumaje por estrés y otras lesiones en las patas (por el pisado constante del alambre de las jaulas) o alteraciones de la conducta, que terminan en mutilaciones de pico (una práctica frecuente en la industria del huevo). Para la industria, la función de estas gallinas es exclusivamente la de producir huevos, por lo que muchas veces las aves no cuentan con asistencia veterinaria, y cuando enferman, terminan siendo abandonadas en las jaulas, privadas de agua y alimento, hasta que mueren de agonía.

Cuantos más huevos, mejor

En contraposición a esta imagen, la industria intenta calmar conciencias con el concepto de ‘gallinas camperas’ o ‘felices’ (codificadas con los números 0 y 1 en los supermercados). Estas son, supuestamente, gallinas criadas en gallineros pero con acceso a corrales al aire libre. No obstante, la visión bucólica de las gallinas felices no existe: a pesar de no permanecer en jaulas y tener acceso al aire libre, las gallinas camperas siguen residiendo en espacios limitados, que muchas veces no impiden que se choquen unas con otras. Pero al fin y al cabo, es indiferente el lugar donde viven estas aves si su existencia se reduce a lo mismo: producir huevos, y cuantos más mejor.

Es indiferente el lugar donde viven las gallinas si su existencia se reduce a lo mismo: producir huevos, y cuantos más mejor

En condiciones naturales, cada gallina pondría solamente entre 15 y 30 huevos, según la organización Igualdad Animal. Pero solo se consideran productivas cuando ponen unos 300 huevos al año. Cada puesta, además, es la culminación de un ciclo reproductivo que causa mucho desgaste físico y de nutrientes que conllevan la ovulación y la creación de la cáscara del huevo. Pues, sean ‘camperas’ o ‘ponedoras’, las gallinas son uno de los animales que padecen más maltrato por parte de la industria alimentaria.

Alternativas veganas al huevo

Si bien es cierto que el huevo es un ingrediente recurrente en nuestra cocina, no es esencial. De hecho, prescindir de él es muy sencillo, gracias a la gran variedad de alternativas que tenemos a nuestro alcance:

  • Harina de garbanzos: Es el ingrediente estrella para preparar tortillas y quiches veganas, además de salsas y otras elaboraciones, como los rebozados. La harina de garbanzos es rica en proteínas y actúa como aglutinante, de modo que al mezclar tres cucharadas de harina con tres cucharadas de agua, se puede conseguir la consistencia de un huevo.
  • Preparados especiales de huevo vegano: Son mezclas de harinas y almidones condicionadas para ser sustitutos del huevo. Están ganando popularidad, dado que consiguen la consistencia y la textura de un huevo batido y de manera rápida y sencilla. Solo hace falta mezclar el preparado con un poco de agua y estará listo para casi cualquier receta. Normalmente no aportan sabor y se pueden encontrar en muchos supermercados.
  • Tofu: Pasteles, quiches, revueltos… Ya sea firme o suave, el tofu es el sustitutivo del huevo en muchas recetas, tanto dulces como saladas. Procedente de la soja, es un alimento rico en proteínas y nutrientes y su sabor neutral permite integrarlo fácilmente con otros ingredientes.

Ya sean ‘camperas’ o ‘ponedoras’, las gallinas son de los animales más maltratados por la industria alimentaria

  • Frutas y vegetales: Para elaborar recetas dulces, tenemos a nuestro alcance algunas frutas y vegetales que, además de espesar y unir los ingredientes de las masas de galletas, pasteles, magdalenas o panes (del mismo modo que haría el huevo), permiten reducir la cantidad de azúcar añadido. Hablamos, por ejemplo, de los plátanos maduros, que aportan dulzor y humedad, o la manzana, sea rallada o en forma de compota. Aunque menos conocidos, también son interesantes el boniato y la calabaza.
  • Semillas de lino y chía: En la repostería, las semillas también son una buena alternativa. Antioxidantes y nutricionalmente interesantes, son fuente de calcio, omega-3 y magnesio, por lo que enriquecerán nuestras recetas de manera saludable. Al dejar reposar las semillas molidas en agua, estas se hinchan y se gelifican, ganando una consistencia más espesa y adherente.

Autora: Ariadna Coma, Periodista

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