Cada vez son más las marcas que ofrecen al público huevos de gallinas camperas como una alternativa al sistema de producción de gallinas en jaula. Se suele recurrir a la expresión “huevos de gallinas felices”, otra pos-verdad de la industria ganadera para calmar conciencias, aumentar el consumo de huevos y así ganar ventas. Estos mitos se sostienen en parte por el desconocimiento que existe acerca de cómo se desarrolla la actividad en las granjas, bastante herméticas, por otra parte, a la hora de mostrar sus procedimientos de explotación.

Falsos mitos sobre el consumo de huevos y alternativas veganas

Para romper esa barrera, varias asociaciones han llevado a cabo investigaciones, infiltrándose en granjas, y así poder proporcionarnos información real y objetiva. Si bien, algunas personas se niegan a recibir esta información para evitar una disonancia cognitiva, se trata de una realidad que ya no se puede ignorar. Y esa realidad es que detrás de cada huevo hay un maltrato brutal.

Las gallinas criadas en jaulas viven en espacios extremadamente reducidos, que les provocan heridas, malformaciones y un estrés que les lleva a desarrollar conductas caníbales (de ahí el procedimiento del despique o mutilación del pico cuando aún son pollitos). Las gallinas camperas no residen en jaulas pero están hacinadas sobre el suelo ganando unos insignificantes centímetros, que no evitan que las aves se ataquen entre ellas y tengan graves problemas físicos y psicológicos. Por otra parte, en este tipo de explotación existe también el sexado de pollos para descartar a los machos, que como no van a producir huevos, se tiran a la basura o, en algunos casos, son triturados vivos. Las gallinas son sacrificadas al finalizar su vida productiva, es decir, al disminuir la puesta de huevos. Esto ocurre en torno a los dos años del animal cuando pasa a ser una “gallina de desvieje” según la jerga de los avicultores.

La explotación y las gallinas felices son conceptos opuestos e incompatibles

Hay personas que creen que si las gallinas ponen huevos, en el ámbito doméstico, no está mal comérselos, al fin y al cabo no tienen por qué desaprovecharse. Lo cierto es que cada puesta implica un desgaste físico, porque el organismo utiliza recursos minerales para formar la cáscara del huevo. Una forma que tienen las gallinas de recuperar esos nutrientes, es comérselos ellas mismas, y este instinto les es vetado, cuando se les retiran los huevos para el consumo humano.

La esperanza de vida de una gallina puede llegar a los diez años. Si su genética alterada por la intervención humana se lo permite. Estas aves se han ido seleccionando durante años, generación tras generación, hasta conseguir individuos con un organismo transformado para producir huevos a un ritmo antinatural. Las gallinas que se consideran productivas ponen alrededor de unos 300 huevos al año. Una gallina salvaje pondría unos 10 huevos anuales. Las consecuencias las conocen muy bien en los santuarios de animales, que ven como esos cuerpos forzados hasta el extremo jamás se llegan a recuperar. Es frecuente que se produzcan infecciones uterinas, prolapsos o peritonitis, y la única forma de proporcionarles una mejor calidad de vida, es esterilizarlas. La realidad es que no importa en qué tipo de granja haya vivido una gallina, su existencia será igual de triste y el propio huevo será la causa de su muerte. La explotación y las gallinas felices son conceptos opuestos e incompatibles.

Prescindir de los huevos es muy fácil a pesar de que es un ingrediente recurrente en un montón de recetas de nuestra gastronomía.

Hay muchas maneras de sustituirlos. Estas son algunas sugerencias:

  • Tortilla de patatas: harina de garbanzos diluida en agua o leche vegetal.
  • Rebozados: harina de garbanzos o de maíz mezclada con agua.
  • Repostería: se puede sustituir por plátanos maduros triturados, manzana rallada o semillas de lino.
  • Revueltos y quiches: tofu, desmenuzado o batido.
  • Hamburguesas o albóndigas: se pueden ligar los ingredientes con avena, harina disuelta en agua, pan rallado, miga de pan remojada o puré de patata.
  • También existen preparados especiales para sustituir el huevo, que son una mezcla de harinas y almidón y son perfectos para elaborar cualquier receta.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

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