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En noviembre de 2005 el investigador y periodista Dan Buettner publicó en la revista National Geographic un artículo que iba a dar mucho que hablar en los años siguientes. Su nombre: Secretos de longevidad.

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Dan Buettner identificó los cinco lugares del planeta (blue zones, o zonas azules) donde no solo es más probable llegar a centenario, sino donde además las tasas de enfermedades cardiovasculares y de demencia son extraordinariamente bajas.

¿Qué tienen en común la región montañosa de Barbagia, en Cerdeña, la isla de Okinawa en Japón, la península de Nicoya en Costa Rica, la isla griega de Icaria y la ciudad de Loma Linda en California? Según Buettner y otros investigadores, nueve son los hábitos que comparten los hogares de estos centenarios y que pueden explicar su buena salud.

Los habitantes de las zonas azules son activos. No es que vayan al gimnasio dos días por semana, es que pasan el día moviéndose: bien arreglando su jardín, bien caminando entre un pueblo y otro, trabajando la tierra o cuidando su hogar. En segundo lugar, estas sociedades han creado tradiciones (socializar, meditar, rezar, o unos minutos de siesta) que impiden que el estrés afecte a su salud. Además, una vida religiosa o espiritual compartida en la comunidad y el conocimiento de que su vida tiene un propósito, constituyen otras dos de las características de las zonas azules.

Los habitantes de las zonas azules o bien no beben alcohol, o beben pequeñas cantidades de vino, siempre en compañía de familiares y amigos. Y es que la familia y la comunidad tienen un papel protagonista en estas sociedades: una intensa vida familiar y social son otros dos de los hábitos comunes de las zonas azules.

Los centenarios prefieren comer pequeñas cantidades, varias veces al día, y dejan de comer antes de sentirse llenos

¿Qué se come en las zonas azules? Aunque varía de región en región, la característica común es que un 90-95% de la dieta es vegetal. Las legumbres son las reinas de la mesa: garbanzos y lentejas en Icaria y Cerdeña, frijoles negros en Costa Rica y edamame y tofu en Okinawa y en Loma Linda. Se sospecha que la riqueza en fitoestrógenos de la soja es una de las razones por las que las japonesas de Okinawa son las mujeres más longevas del mundo.

Las verduras de hoja, repletas de antioxidantes, así como los boniatos ricos en carotenos abundan en las zonas azules. En cuatro de ellas, además, el consumo de frutos secos es alto: almendras en el mediterráneo, pistachos en Costa Rica y todo tipo de nueces en Loma Linda. Los cereales están presentes en todas las comidas, pero a diferencia de Occidente, son integrales y están poco o nada procesados. Los granos se cuecen enteros o se muelen para hacer pan de levadura madre.

Por último, los centenarios comen menos calorías. Prefieren comer pequeñas cantidades, varias veces al día, y dejan de comer antes de sentirse llenos.

Aunque es tentador pensar que la razón de la longevidad de estas gentes reside en sus genes o en el espacio natural que habitan, lo cierto es que esto es secundario frente al poder de los buenos hábitos, y especialmente de una buena alimentación. Nos lo demuestran los habitantes de Loma Linda: a diferencia de las otras zonas azules, Loma Linda es un área urbana situada en uno de los estados más poblados de EEUU. Fue fundada por los adventistas del séptimo día, una comunidad religiosa que promueve una dieta vegetariana o vegana, ejercicio físico frecuente y respetar un día a la semana de descanso absoluto. Los adventistas de Loma Linda viven una media de 8-10 años más que el resto de estadounidenses.

No todos vamos a llegar a centenarios, pero los estudios sobre las zonas azules nos han mostrado que vivir una vida larga y plena está, en gran medida, en nuestras manos.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.mipediatravegetariano.com

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Publicado en Bueno y Vegano Noviembre 2018

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