En España, el cáncer es la primera causa de muerte en hombres y la segunda en mujeres; y supone el 27% de todas las muertes. En varones el tumor más frecuente es el de próstata y en mujeres el de mama; el de colon y el de pulmón son los siguientes en frecuencia en ambos sexos.

Alimentación y cáncer Papel de la alimentación en el desarrollo del cáncer

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que al menos un tercio de todos los cánceres podrían evitarse. Las causas genéticas, que antes se creían determinantes, pierden cada vez más importancia frente al medio ambiente y el estilo de vida. La mejor estrategia de prevención, al alcance de cada uno de nosotros, se basa en cuatro pilares: evitar el tabaco y el alcohol, llevar una alimentación saludable, hacer ejercicio físico y eliminar el sobrepeso o la obesidad.

Hay otros factores de riesgo importantes en el desarrollo del cáncer cuyo control depende de gobiernos y autoridades sanitarias, estos son la contaminación ambiental y laboral, algunas infecciones y las radiaciones ionizantes.

Papel de la alimentación en el desarrollo del cáncer

La extensa investigación realizada en las últimas décadas sobre alimentación y cáncer ha mostrado por una parte que existen alimentos que pueden favorecer el desarrollo de uno o varios tipos de cáncer y por otra, que hay alimentos con importantes propiedades preventivas. Esto nos ofrece la posibilidad de diseñar nuestra dieta de forma que nos proporcione los mayores beneficios y de que, combinada con otras medidas, nos ayude a protegernos de esta enfermedad.

Cuanto más vegetal sea nuestra dieta, mayor beneficio obtendremos

¿Qué alimentos se han asociado con el desarrollo de cáncer?

Carne. Tras revisar cientos de estudios, la OMS ha determinado que la carne roja procesada (salchichas, hamburguesas, embutidos) es carcinógena para los humanos. Consumir 50 gramos diarios de carne procesada aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%. Por otra parte la OMS ha considerado que la carne roja sin procesar (carne de vaca, ternera, cabra, cordero, cerdo y caballo) es probablemente cancerígena, esto significa que los datos en que se apoya esta afirmación no son tan fuertes como en el caso de la carne procesada, pero suficientes como para tenerlos en cuenta. El consumo de carne roja se ha asociado, además de con el cáncer de colon, con el de próstata y el de páncreas. La carne no solo tiene componentes carcinógenos, como el hierro hemo y los nitritos, sino que carece de sustancias protectoras frente al cáncer (fibra, antioxidantes).

Lácteos. El consumo de lácteos ha sido asociado a un incremento del riesgo de padecer cáncer de próstata; y también hay datos que lo involucran en el cáncer de ovario. La leche animal contiene varias sustancias potencialmente promotoras del desarrollo de tumores: galactosa, estrógenos, factores de crecimiento y grasa saturada. Estos datos han llevado a la Universidad de Harvard a recomendar limitar el consumo de lácteos a no más de 1-2 vasos de leche al día.

Huevos. Aunque no hay todavía tantos datos disponibles como con la carne y los lácteos, varios estudios han implicado a los huevos en el desarrollo de cáncer de próstata, y en menor medida, de colon y de vejiga. El huevo es la principal fuente de colesterol en la dieta y aporta también una importante cantidad de grasa saturada. Varios estudios epidemiológicos han mostrado que aquellos países donde se consume más grasa animal y más colesterol tienen prevalencias más elevadas de cáncer en conjunto.

¿Y qué alimentos nos pueden proteger frente al desarrollo del cáncer?

Frutas y verduras. Una revisión reciente de 94 estudios ha mostrado que el consumo diario de frutas, verduras y hortalizas reduce el riesgo total de cáncer. La cantidad que ofrece el máximo beneficio en adultos es de 600 gramos diarios (7-8 raciones). Las crucíferas (brécol, col verde rizada, coliflor, coles de Bruselas, grelos, col china…) y las hortalizas de colores verde y amarillo son las que han mostrado un mayor poder protector.

Cereales integrales. Tomar cereales (pan, pasta, arroz, cuscús, etc.) en su forma integral se ha asociado con una disminución en las tasas de varios tipos de cáncer, y sobre todo, de colon.

Legumbres. Al igual que los cereales integrales, el consumo de legumbres puede proteger frente al cáncer colorrectal. Todas las legumbres (garbanzos, guisantes, alubias, lentejas) tienen similares efectos protectores. Sin embargo hay una leguminosa que destaca sobre el resto por su capacidad de prevenir además otros tumores: la soja. Los alimentos naturales derivados de la soja (tofu, tempeh, leche de soja) disminuyen el riesgo de cáncer de mama, especialmente cuando se empiezan a consumir en la infancia-adolescencia. Pero incluso en mujeres ya diagnosticadas de cáncer de mama, el consumo de soja o sus derivados se ha asociado con mayores tasas de supervivencia.

Otros alimentos que han mostrado capacidad protectora frente al cáncer de mama son las semillas de lino, probablemente por su alto contenido en lignanos antioxidantes, el té verde y especias como la cúrcuma, ésta última todavía en fase de investigación.

La soja protege también a los varones, en su caso frente al cáncer de próstata

El efecto preventivo de la soja sobre este tumor es potente y ha sido documentado ya en decenas de estudios. Otro alimento con potencial efecto protector frente a este tumor es el tomate, gracias a su contenido en licopenos, aunque su efecto es más modesto.

Nueces, frutos secos y semillas. El consumo diario de una ración (30 gramos) de cualquier fruto seco puede disminuir un 15% el riesgo global de padecer cualquier tipo de cáncer.

Y si ya tenemos cáncer…

Incluso si ya hemos enfermado de cáncer, no es tarde. Los tratamientos para el cáncer mejoran continuamente y con ellos aumentan las tasas de curación y la supervivencia. Una buena alimentación juega un papel fundamental si tenemos cáncer: nos ayuda a tolerar mejor los efectos de los tratamientos y a recuperarnos antes, disminuye el riesgo de recurrencia del tumor y aumenta nuestra esperanza de vida. En este caso es recomendable consultar con un nutricionista que nos ayude a planificar la dieta más apropiada para nosotros.

Las dietas predominantemente vegetales (vegetarianas y sobre todo veganas) se han asociado con un riesgo menor de desarrollar cáncer. Esto es lógico, ya que como hemos visto más arriba, la mayoría de alimentos vegetales proporcionan fibra, antioxidantes y otros fitoquímicos con propiedades anticancerígenas; mientras que los alimentos de origen animal poseen sustancias promotoras del crecimiento de tumores. Por ello cuanto más vegetal sea nuestra dieta, mayor beneficio obtendremos. Para ser verdaderamente protectora una dieta vegana debe centrarse en el consumo de frutas y verduras, legumbres (incluyendo tofu y tempeh), cereales integrales, frutos secos y semillas, y minimizar los alimentos fritos, excesivamente procesados, azucarados o salados.

Rock C. L, et al. Nutrition and physical activity guidelines for cancer survivors. CA: A Cancer Journal for Clinicians 2012;62: 242–274.
Dinu M, et al. Vegetarian, vegan diets and multiple health outcomes: A systematic review with meta-analysis of observational studies. Crit Rev Food Sci Nutr. 2017;57:3640-3649.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.mipediatravegetariano.com

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Publicado en Bueno y Vegano Septiembre 2018

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