Una investigación publicada en Food Reviews International sugiere que la melatonina podría convertirse en una solución eficaz para prevenir los daños que el frío provoca en frutas y verduras durante su almacenamiento.

frutas y verduras frescas
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Los investigadores señalan que esta hormona natural, conocida por su papel en la regulación del sueño, podría reducir las lesiones causadas por las bajas temperaturas, ayudando a mantener niveles más altos de antioxidantes y preservando la frescura de los productos. Además, podría suponer una alternativa segura a los tratamientos químicos, que pueden tener efectos adversos para la salud.

Los efectos del frío en frutas y verduras

Las lesiones por frío se manifiestan en frutas como maduración irregular, manchas, endurecimiento de la pulpa u oscurecimiento de la piel y del interior. En las hortalizas, los síntomas incluyen oscurecimiento de los tejidos, translucidez y lesiones acuosas.

Las frutas tropicales y subtropicales son más sensibles debido a su alta perecibilidad. Según explica Zora Singh, investigadora principal, la temperatura de almacenamiento para frutas y verduras subtropicales se sitúa entre 4 y 8 °C, mientras que entre 10 y 20 °C sería el rango óptimo para evitar daños por frío en productos tropicales. Las diferencias en la vida útil son notables: mientras que las manzanas pueden almacenarse hasta nueve meses, otras frutas como las bayas apenas conservan su calidad entre siete y doce días en refrigeración.

Los daños por frío también tienen un impacto directo en las pérdidas poscosecha. Hasta un 44% de los productos hortícolas frescos se pierde entre la granja y la mesa del consumidor, y una parte importante de estas pérdidas se debe precisamente a los daños provocados por el frío durante el almacenamiento y el transporte.

Un reto global de seguridad alimentaria

El problema de la pérdida de alimentos tiene importantes implicaciones para la seguridad alimentaria mundial. Según estimaciones internacionales, el 13,2% de los alimentos se pierde entre la cosecha y el mercado, mientras que otro 17% se desperdicia en hogares, servicios de alimentación y comercios.

Esta situación tiene consecuencias ambientales: la pérdida y el desperdicio de alimentos generan entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. A esto se suman otros factores que afectan a la producción agrícola, como la reducción de tierras cultivables, la escasez de agua, el cambio climático y la degradación del suelo, que dificultan la disponibilidad de productos frescos.

Autora: Laura Clavijo Periodista.

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