Cada vez son más las personas que se unen al movimiento vegano. Y esto es fruto de la propia evolución de la sociedad hacia una mayor conciencia de lo que significa alimentarse y vestirse con otros animales o productos derivados de su explotación, tanto para la salud propia como para la salud del planeta.

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También por una mayor empatía hacia ellos. Los humanos que se ponen en el lugar de los animales explotados sienten compasión por su sufrimiento. Y sí, los animales necesitan nuestra compasión, pero más aun lo que necesitan es justicia (como apunta el filósofo activista y profesor de derecho Gary Francione.) El planeta necesita urgentemente que se haga la transición a la alimentación basada en plantas, porque la Tierra es un infierno para millones de animales y, además, la huella de carbono de la ganadería para obtener su carne y sus pieles es enorme.

Las consecuencias de este apetito humano insaciable por la carne llevan a la deforestación de grandes extensiones de tierra para cultivar soja para alimentarlos y sus residuos contaminan las aguas subterráneas. También los océanos están exhaustos. Contaminados por plásticos y metales pesados, se ven esquilmados de vida por la pesca industrial. Hay multitud de buenos motivos para hacerse vegano.

Motivación y decisión

En mi experiencia personal el detonante fue el participar como productora en la película documental “la Barbacoa” de Enric Urrutia, mi compañero de vida. Eso fue en el año 2012. Cuando sabes y ves la triste vida de cerdos, vacas, gallinas y corderos no puedes esconder la cabeza bajo el ala. La verdad es que fue Enric el primero en decir hasta aquí hemos llegado, no voy a seguir participando en este sinsentido. Yo fui detrás. Tenía la convicción, pero no tanto la voluntad. Me ayudó su ejemplo.

El primer paso es el más difícil. Hay personas que me comentan que sí, que no ven bien aprovecharse de los animales cuando esto los lleva al sufrimiento, pero que no actúan en consecuencia. Esta actitud se llama disonancia cognitiva: pienso de una manera, pero vivo de otra. A mí también me pasaba.

Seguir publicaciones veganas y acudir a festivales sí que es buena idea porque allí están muchos otros con las mismas inquietudes

Para aquellos que están interesados en hacer la transición al veganismo, lo primero que recomendaría es una reflexión profunda. Para que la decisión perdure. El decir no como carne los lunes, o no voy a comer en toda la semana, pero sí los fines de semana, ya es algo, pero no es suficiente. Hay que mover la base. Tener la convicción de no estar siendo justo con los demás animales. Sentir su pena, ponerse en su lugar. Aunque sea duro, ayuda ver documentales en los que conocemos la realidad diaria de los animales destinados a consumo. Decidir si puedes seguir con la disonancia de pensar de una manera y actuar de otra o querer vivir de acuerdo a los propios sentimientos.

Si piensas que amas a los animales, no los comas. No hay diferencia entre un perro y un cerdo.

Hacer el cambio

Hacer un cambio radical es factible. Aunque esto creo que es como dejar de fumar. Va por carácter. A algunas personas les resulta mejor ir poco a poco. Por ejemplo, dejan de comer carne, pero siguen con el pescado unas semanas. Un paso muy común es pasar primero a vegetariano. Dejar de comer todo tipo de carne y pescado, pero tomar huevos y queso un tiempo más. Ese fue mi caso. También depende de la motivación que te lleva a ser vegano. Pero al final, el vegano por motivación ética no come huevos ni queso porque aún sin ser el cuerpo mismo del animal, su producción conlleva sufrimiento y explotación a los animales.

Nada de desanimarse. Hay que adaptarse a una nueva forma de alimentarse. Venimos de lo que venimos. La mayoría de nuestras familias han comido carne y pescado toda la vida y es lo que nosotros hemos visto siempre. Cuando se nos abre la conciencia y decidimos no volver a comer animales ni sus derivados tenemos que luchar contra el peso de la costumbre y reaprender a montar los menús. Pero al fin es una liberación.

Nosotros y los demás

En cuanto a la relación social hay que aceptar que va a ser dificultosa. Con amigos y familiares está bien compartir tus sentimientos y decisiones, de lo contrario se abre una brecha difícil de reparar. De todos modos, hasta cierto punto, porque algunas personas tienen la mala costumbre de menospreciar o reírse de algo tan noble como es hacerse vegano y pueden significar un obstáculo en lugar de una ayuda. La experiencia me ha mostrado que la alimentación es un tema muy sensible. Mejor comunicarlo cuando la decisión es firme y es más difícil que influyan negativamente con frases como “te juegas la salud” “tu solo no arreglaras el mundo” o cosas por el estilo. Seguir publicaciones veganas y acudir a festivales sí que es buena idea porque allí están muchos otros con las mismas inquietudes.

Suplementación

Suplementarse con vitamina B12 es importante porque es necesaria y parece ser que si no es suplementándonos no la obtenemos en suficiente cantidad. Con una alimentación variada con verduras, frutas, semillas, legumbres, setas, algas y cereales integrales no necesitamos nada más. La B12, sí. No cuesta tanto acordarse. Se toma el suplemento y ya está.

Hacerme vegana es de lo mejor que he hecho en mi vida, lo que más satisfacción me ha dado, por dejar de formar parte del sufrimiento que la explotación animal conlleva.

Autora: Montse Mulé, Editora.

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