Indonesia ha anunciado la prohibición total de los paseos en elefante en todo el país, poniendo fin a una de las actividades más lucrativas del turismo con estos animales. Según las nuevas directrices emitidas por el Ministerio de Silvicultura y la Dirección General de Recursos Naturales y Conservación de Ecosistemas (KSDAE), ya no se permitirá montar, ni realizar espectáculos o actuaciones con elefantes en ninguna instalación del país.

La decisión llega tras la creciente presión de organizaciones como PETA Asia, que recientemente publicó una investigación revelando maltratos en varias atracciones de elefantes en Bali. Entre las instalaciones señaladas se encuentran Mason Elephant Park & Lodge y Bakas Adventure Elephant Safari, donde se documentaron prácticas de maltrato severo a pesar de presentarse ante los turistas como supuestos “santuarios” éticos.
La oscura realidad detrás de los paseos “éticos” con elefantes
Los investigadores revelan condiciones de crueldad. Los animales viven en recintos sombríos, a menudo encadenados durante largos períodos, y presentan heridas en la cabeza y las patas. Se han documentado prácticas de maltrato directo, como golpizas y pinchazos repetidos con bullhooks —instrumentos metálicos con ganchos afilados— o la retención de comida para forzarlos a participar en paseos y sesiones fotográficas. En casos especialmente angustiosos, se observó a elefantes jóvenes confinados solos en recintos oscuros, fuera de la vista del público.
Los defensores de los animales señalan que estas situaciones no son incidentes aislados, sino reflejos de un maltrato sistémico. Los elefantes utilizados en el turismo suelen estar encadenados cuando no trabajan, lo que provoca problemas crónicos en patas y articulaciones, así como trauma psicológico.
Esta realidad contrasta con la vida natural de los elefantes. En libertad, viven en manadas matriarcales unidas, recorren largas distancias, buscan alimento, se bañan en ríos y mantienen vínculos sociales duraderos. En la industria turística, sin embargo, las crías son frecuentemente separadas de sus madres y sometidas a brutales métodos de “entrenamiento” destinados a quebrar su espíritu.
Muchos no sobreviven a estos procesos; los que lo hacen se ven obligados a soportar años de trabajo extenuante, cargando turistas incluso cuando están heridos o enfermos. Este panorama evidencia que los llamados paseos “éticos” con elefantes están lejos de ser seguros o compasivos, y que la industria del turismo todavía reproduce un sistema de abuso profundo.
Autora: Laura Clavijo, Periodista.
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