Cada día son transportados millones de animales desde las granjas de cría hasta los lugares donde van a ser sacrificados. El transporte, según la FAO, es «la etapa más estresante en toda la cadena de operaciones entre la finca y el matadero, lo que contribuye significativamente al maltrato del animal y a las pérdidas de producción».

Con cierta frecuencia, circulando por la carretera, nos cruzamos con esos camiones de transporte de ganado, cargados de animales aterrados que viven un verdadero tormento durante viajes interminables, hacinados, a altísimas temperaturas y por supuesto sin agua. Muchos no lo resisten y mueren durante el camino, aplastados, por golpes de calor o paros cardiacos.
Pero la cosa se pone aún peor cuando hablamos de exportaciones. Muchos países europeos y sudamericanos, así como Australia, exportan animales a Oriente Próximo, generalmente ovejas y borregos, que viajan largas distancias en barco en unas condiciones de auténtica tortura. Igual que sucede con los mataderos, el hermetismo en torno a esta actividad es casi infranqueable. Estos ‘barcos de la muerte’, como les llaman algunos, esconden situaciones dantescas de un sufrimiento inimaginable. La mayoría de estas embarcaciones no están apenas adecuadas para el transporte de animales, quienes pasan semanas interminables en el mar, hacinados por completo, con un calor extremo y cubiertos de heces. Un número considerable de individuos mueren en el camino. Como decíamos, es una práctica común en exportaciones que se efectúan desde América de Sur, Europa y Australia hasta países de Oriente Próximo como Israel o Arabia Saudita.
A pesar del oscurantismo alrededor de todo esto, han salido a la luz casos absolutamente terribles. En 2012 dos barcos zarparon desde Australia con destino a Medio Oriente transportando 22.000 ovejas. Las condiciones eran absolutamente deplorables y el trayecto fue interminable. En Baréin se les prohibió la entrada y el viaje se prolongó 14 días más, sin agua ni comida. Las embarcaciones fueron rechazadas en varios puertos más y los animales fueron muriendo a bordo. Cuando al fin pudieron atracar, todas ellas habían muerto.
Este año se han exportado más de 250.000 borregos a países de Oriente Próximo y norte de África
También se han obtenido grabaciones gracias a investigaciones clandestinas o denuncias realizadas por los propios tripulantes. Es el caso del Awassi Express, un barco de exportación australiano destinado al transporte de animales vivos. Uno de estos viajes fue grabado en secreto por un tripulante en prácticas llamado Faisal Ullah quien entregó el material a la ONG Animales Australia, y al programa de televisión 60 Minutes. El vídeo se obtuvo en un viaje realizado en el verano de 2017 para transportar a 65.000 ovejas y 250 vacas a Qatar, Omán y Kuwait. Las imágenes conmocionaron al mundo: miles de ovejas hacinadas en espacios llenos de excrementos, jadeando al borde del colapso por las altas temperaturas, malnutridas y saltando unas sobre otras para acceder a la escasa comida que les proporcionaban. Más de 2.000 ovejas murieron durante el trayecto. Era la primera vez que se publicaba una filmación de este tipo y algunas personalidades y organizaciones, como el ministro de Agricultura, David Littleproud y el Departamento Federal de Agricultura, denunciaron los hechos como inaceptables y escandalosos.
Sue Foster, portavoz de Veterinarios contra la Exportación de Animales Vivos y veterinaria especializada en ganado, declaró a los medios que ya se habían denunciado en muchas ocasiones el estrés térmico, la insalubridad y el hacinamiento de estos viajes. También aseguró que el caso del Awassi Express no es excepcional, sino que es la norma en cada viaje que se hace en verano rumbo a Oriente Medio. La embarcación fue retenida antes de su siguiente viaje, en el que transportaban unas 50.000 ovejas, para una inspección de la Autoridad Australiana de Seguridad Marítima (AMSA), aunque la única condición que se le impuso fue la de mejorar la ventilación de las instalaciones. Porque la vida sigue y el maltrato animal no cesa, aunque se asegure aire fresco o se amplíen los corrales unos pocos centímetros.

A finales de 2019 un barco realizaba un viaje desde Rumanía hacia Arabia Saudí, pero en el Mar Muerto sufrió un accidente y volcó. En él viajaban 14.600 ovejas que murieron ahogadas o aplastadas contra las paredes del buque. Las imágenes también fueron ampliamente difundidas.
Por su parte, la organización Igualdad Animal ha sacado a la luz hace unas semanas una investigación llevada a cabo en algunas de estas embarcaciones que transportaban borregos de menos de un año desde España hasta Arabia Saudita. La ONG reveló que la crisis del Covid-19 provocó que se favorecieran estas exportaciones para compensar la pérdida económica derivada de la cuarentena, ya que, generalmente, la carne de cordero se consume en restaurantes. Según los datos recopilados, el año 2020 se exportaron más de 250.000 borregos a países de Oriente Próximo y norte de África solamente para cubrir la demanda de las celebraciones de Ramadán.
La pesadilla para los animales comienza ya durante el proceso de embarque en el puerto, donde los operarios tienen que obligarles a subir agarrándoles de las patas y lanzándolos en el interior. El trayecto del viaje desde Tarragona y Cartagena dura unos 10 días en unas condiciones que no suelen cumplir las normas de bienestar animal establecidas por la Unión Europea. Una vez llegados a su destino, tienen que pasar 15 días de cuarentena en el propio matadero. Estos corderos deben ser sacrificados según el rito Halal, necesario para que la carne se convierta en un alimento lícito para los musulmanes. El procedimiento consiste en degollar al animal y dejar que se desangre hasta que su cuerpo haya quedado completamente drenado. No es necesario explicar la agonía que esto supone para ellos.
La Asociación Nacional Para la Defensa de los Animales (ANDA) junto a la organización alemana Animals Angels llevan 15 años alertando de las situaciones de maltrato provocadas por las exportaciones de animales desde la Unión Europea hasta países de Oriente Próximo, que por aquel entonces comenzaba a experimentar un crecimiento. La nula garantía de bienestar animal durante el viaje, así como en los mataderos del destino era ya, hace 15 años, algo sistemático. Estas dos asociaciones han estado realizando desde entonces campañas para solicitar que se ponga fin a este tipo de traslados y se sustituyan por el transporte de canales, es decir, carne previamente despedazada en porciones para su consumo.
También Igualdad Animal ha lanzado una petición al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Pesca, y a la Comisión Europea para exigir que se prohíba el transporte de larga distancia a los países que no garanticen el cumplimento de las normas básicas de bienestar animal de la Unión Europea. La normativa de la Comisión Europea que está recogida en el Reglamento (CE) 1/2005, establece la obligación de evitar el sufrimiento indebido de los animales, limitando, en la medida de lo posible, los viajes largos, y garantizando espacios adecuados y un buen acondicionamiento del vehículo. Una normativa que, como vemos, está lejos de cumplirse. Ante las denuncias, la CE publicó en 2019 un informe reconociendo que se producían numerosas ‘deficiencias’ en estos traslados de ganado. Pero señalaban, desvinculándose de cualquier responsabilidad, que las condiciones de estos viajes dependen del estado del buque y que en la mayoría de los casos no se realizan las inspecciones necesarias en su país de origen.
Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales
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