Se acerca Navidad. Un mes antes de la fecha señalada ya está todo en marcha para estimular aquello que mejor nos define como sociedad: el consumo. Las luces, los anuncios publicitarios, las ofertas previas, los influencers… todo está pensado para despertar en nosotros la fiebre consumista de los regalos de última hora.

Pero hemos nacido aquí y escaparnos a la vorágine consumista no es tarea fácil. Es más, dejar de consumir supone un gran esfuerzo e inversión de tiempo porque todo está pensado y preparado para que usar una tarjeta de crédito sea lo más cómodo y sencillo. Incluso las personas más concienciadas y que quieren escapar a ello pasan a ser consumidoras sostenibles, responsables, concienciadas… como se les quiera llamar. Pero siempre consumidoras.
La publicidad, y los efectos que en nuestros deseos de consumir produce, es la principal herramienta que tienen las empresas para incitarnos a comprar cosas que ni siquiera sabíamos que necesitábamos. El consumo tiene mucho de emocional y por ello, a veces, se vuelve compulsivo. Según la periodista especializada en sostenibilidad y cultura Brenda Chávez “Nos generan una ingente cantidad de aspiraciones ficticias que además pretenden que sean ilimitadas. Y lo serán si no ponemos freno, si creemos a rajatabla lo que nos cuentan, si intentamos suplir nuestros vacíos comprando sin criterio, o si no le damos sentido a nuestra existencia más allá de lo material”.
Para salir de esta vorágine es necesario informarnos bien y antes de comprar nada reflexionar bien si realmente lo necesitamos. Disminuir el consumo es básico para reducir nuestro impacto ambiental. Según Chávez, la época de esplendor neoliberal (de 1983 a 2012), en la que se ha cuadruplicado el consumo y la producción, ha sido la más cálida en 1.400 años. Los bienes y materiales principales consumidos por los hogares españoles han sido contabilizados por el Ministerio de Consumo (2022) llegando a alcanzar en 2018 un índice ponderado de 9,6% de la huella de consumo de un hogar.
El consumo tiene mucho de emocional y por ello, a veces, se vuelve compulsivo
Como los bienes de consumo son muy diversos hay muchas cosas diferentes que podemos hacer para disminuir su consumo. Pero hay algunas claves y pautas que podemos aplicar siempre:
1.- Consumir menos
- Tomar consciencia de nuestras decisiones diarias de consumo.
- Evitar compras compulsivas de productos que no se necesitan.
- Cuestionar las necesidades.
2.- Consumir mejor, optando por calidad en lugar de cantidad
- Optar por marcas responsables que prioricen una larga vida de los materiales y no la obsolescencia programada de materiales.
- Evitar la gran distribución y las grandes plataformas digitales de venta.
- Apostar por empresas de la economía social y solidaria, emprendedores, empresas familiares y aquellas que ofrecen una calidad entendida como un tipo de productos no sólo duraderos, si no también sano, bueno para las personas y el planeta.
3.- Informarse para elegir. Cuando se decide que se necesita un producto o un servicio, informarse sobre las distintas opciones y sobre los impactos. Optar por la más sostenible en cuanto a producción, transporte, tiempo de vida, reparación posible, etc.
4.- Desmercantilizar el consumo, es decir: intercambiar, regalar, reparar y/o fabricar los objetos.
- Cuestionarse qué se puede tomar prestado o tener un uso común y no individual.
- Si no se usa un objeto, reacondicionarlo y regalarlo.
- Proveerse con el intercambio, por ejemplo, de ropa. Hacer grupos de intercambio con amigos, vía redes sociales, etc o participar en iniciativas de intercambio de objetos.
- Priorizar tiendas de economía circular y de segunda mano. Regalar objetos a las tiendas de segunda mano.
5.- Tener un uso responsable de los objetos cuidando, reparando y/o fabricando:
- Cuidar, reparar y reutilizar sus objetos para alargar su ciclo de vida.
- Acudir a espacios para reparar objetos, ropa, electrodomésticos, bicicletas, que permitan alargar la vida de los objetos ya comprados y no volver a consumir.
- Aprender a fabricar objetos como ropa, muebles, cosméticos, conservas, etc.
Disminuir el consumo es básico para reducir nuestro impacto ambiental
El proyecto CompartoClima, desarrollado por la Asociación Vida Sana tiene como objetivo identificar prácticas reales y concretas que permiten a una persona ser más resiliente frente al cambio climático a partir de entrevistas realizadas a visitantes de ferias de consumo ecológico y de una encuesta difundida a través de la web. Con el conjunto de prácticas recogidas y algunos casos ejemplares identificados se editará una guía.
El proyecto CompartoClima (Identificación y promoción de estilos de vida resilientes y adaptados al cambio climático en España) cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de la Convocatoria de subvenciones para la realización de proyectos que contribuyan a implementar el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (2021-2030).
Referencias:
Chávez, B. 2019. Al borde de un ataque de compras. 73 claves para un consumo consciente. Ed Debate.
Autora: Montse Escutia, Proyecto CompartoClima
- Más información en: www.vidasana.org/compartoclima

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