En los últimos días, varios medios han publicado que consumir carne podría aumentar las probabilidades de alcanzar los 100 años. La afirmación procede de un estudio reciente realizado en población china de edad avanzada, pero, como suele ocurrir en estos casos, los titulares simplifican en exceso lo que la investigación realmente muestra.

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Analizar con detalle este tipo de estudios es fundamental para evitar conclusiones precipitadas y entender qué influye de verdad en la longevidad.

Qué examinó realmente el estudio chino

El trabajo se basó en un grupo de más de 5.000 personas chinas de 80 años o más, comparando a quienes alcanzaron los 100 años con quienes fallecieron antes. El objetivo era explorar si existía alguna relación entre el tipo de dieta y la probabilidad de convertirse en centenario.

Los investigadores encontraron que las personas clasificadas como vegetarianas o veganas mostraron una menor probabilidad de alcanzar los 100 años en comparación con las que comían carne. Sin embargo, cuando los investigadores analizaron los datos con mayor profundidad, observaron algo fundamental: la asociación solo era significativa en personas con índice de masa corporal muy bajo (IMC <18,5). En aquellas con un peso en rango normal, la relación entre carne y longevidad desaparecía.

Esto cambia la interpretación, y sugiere que el problema podría no ser la ausencia de carne en sí, sino cómo actúa esta en personas con un estado de mayor fragilidad o posible déficit nutricional. De hecho, otros componentes de la dieta, como un alto consumo de verduras, sí se asociaron con mayor longevidad independientemente del peso.

El estudio no puede determinar si la menor probabilidad de alcanzar los 100 años se debe a la ausencia de carne en sí o a otros factores asociados. Los propios investigadores señalan que es posible que el bajo consumo de carne actúe como un indicador de vulnerabilidad socioeconómica. En la China del siglo XX, el acceso a alimentos de origen animal ha estado estrechamente ligado al nivel socioeconómico, por lo que un bajo consumo puede reflejar pobreza y, con ella, peor acceso a alimentos, cuidados y atención sanitaria, todo lo cual impacta negativamente en la esperanza de vida.

Además, la carne puede resultar difícil de masticar o digerir en edades avanzadas. En ese caso, no sería que evitarla reduce la esperanza de vida, sino que las personas que ya son más frágiles tienden a dejar de consumirla.

En aquellas personas con un peso en rango normal, la relación entre carne y longevidad desaparecía

La importancia del peso en las edades avanzadas

A partir de los 80 años, un índice de masa corporal bajo suele deberse a pérdida de apetito, dificultad para masticar y digerir ciertos alimentos y/o enfermedades crónicas; y conduce a pérdida de masa muscular (sarcopenia) y fragilidad.

En este contexto, la alimentación deja de ser solo una cuestión de elección y pasa a estar fuertemente condicionada por la capacidad física, el estado de salud y, en muchos casos, los recursos disponibles. Aunque el estudio no demuestra que el bajo peso, por sí solo, reduzca la probabilidad de alcanzar los 100 años, sugiere que en esta situación de mayor vulnerabilidad, incluir un alimento que aporta calorías y proteínas, como la carne, podría resultar protector. También podrían proteger igualmente alimentos ricos en proteínas vegetales, pero el estudio chino no evaluó esta posibilidad.

¿Por qué no comían carne?

Un dato interesante es que los investigadores no pidieron a los participantes que se definieran como “veganos” o “vegetarianos”. En su lugar, utilizaron un cuestionario simple sobre la frecuencia con la que consumían ciertos alimentos. Así, quienes afirmaban comer carne “rara vez o nunca” fueron clasificados como vegetarianos, y dentro de ese grupo se identificaron subcategorías, incluida la vegana, en función de si también evitaban pescado, huevos y lácteos. Con este método, aproximadamente un 20% del total de la muestra fue considerado “vegetariano” y un 5% “vegano”. Una cifra llamativa si se tiene en cuenta que en países con larga tradición vegana, como Reino Unido, ese porcentaje es similar o incluso menor. Esto hace pensar que más que reflejar una elección dietética consciente y planificada, esta clasificación manifiesta un acceso limitado a alimentos de origen animal. Además, el estudio no analiza la calidad nutricional global de cada patrón dietético. En otras palabras, más que comparar dietas bien definidas, el análisis compara grupos de personas por lo que no comían (o no podían comer).

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Lo que el estudio no demuestra

Es importante subrayarlo con claridad: este estudio no demuestra que comer carne aumente la longevidad. Se trata de un estudio observacional, en una población muy específica y de edad avanzada, donde múltiples factores, nutricionales, sociales y de salud, se entrelazan.

La verdadera lección de este estudio es que la nutrición en la vejez importa (y mucho). A partir de los 80 años, el riesgo no suele ser el exceso, sino el déficit de calorías y proteínas, que conduce a una pérdida de masa muscular y aumenta el riesgo de infecciones, fracturas y otros problemas. Y cualquier patrón alimentario, incluido el vegano, debe adaptarse para cubrir estas necesidades.

Este estudio no demuestra que comer carne aumente la longevidad

¿Es posible una dieta vegetal adecuada después de los 80?

Absolutamente, una dieta vegetal puede mantener la salud durante toda la vida y ayudarnos a llegar y superar los 100 años fuertes y en buena forma. Estos con los puntos principales que debes seguir para lograrlo:

  1. Come legumbres a diario. En guisos, en ensaladas, en purés, en hamburguesas, en patés tipo hummus… Las legumbres tienen una alta densidad nutricional: proporcionan energía, proteínas para mantener la masa muscular, fibra, minerales, vitaminas y antioxidantes. Los pueblos más longevos son aquellos que basan su dieta en las legumbres.
  2. Incluye también tofu, tempeh, soja texturizada y seitán a diario (puedes ir alternando entre ellos). Idealmente una de las comidas principales debería incluir legumbres y la otra, derivados de la soja o seitán.
  3. Puedes alternar o complementar las legumbres con productos elaborados a base de proteína de soja o de guisante. Por ejemplo, si añades a tus guisos de legumbres embutidos de soja o guisante estarás aumentando el aporte de proteínas y además haces más rico el guiso.
  4. Come frutos secos y semillas sin sal a diario. Idealmente un puñado mediano, 30-40 g. Si tienes problemas para masticarlos, úsalos en forma de cremas untables.
  5. Incluye en tu alimentación al menos dos porciones de leche de soja y/o yogures de soja enriquecidos con calcio cada día.
  6. Si comer mucha cantidad te cuesta, haz comidas más pequeñas pero más frecuentes a lo largo del día.
  7. Suplementa con vitamina B12, a diario o varias veces por semana.
  8. Vigila tu apetito y tu peso. Si disminuyen, consulta con tu médico y con un nutricionista. Pueden ayudarte a optimizar la ingesta de calorías y nutrientes mediante cambios en la dieta y/o suplementos específicos.

Los centenares de estudios realizados en las últimas décadas señalan con claridad que el consumo de carne aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes, varios tipos de cáncer y otras enfermedades crónicas. Sustituir la carne por fuentes de proteína vegetal como legumbres, frutos secos y semillas, es una de las mejores elecciones que podemos tomar para mantener nuestra salud a cualquier edad.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico.

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