Para los seres humanos, el cuidado parental de las crías hasta los siete años es crucial para garantizar la supervivencia del individuo. En la sociedad actual, cuidar de los hijos es también una responsabilidad moral y legal indiscutible, cuyo incumplimiento conlleva consecuencias penales graves. Aunque los roles tradicionales familiares cargaban toda la responsabilidad en la mujer, hoy en día, las leyes implican a partes iguales hombre y mujer en el debido cumplimiento. Sin embargo, en el resto del reino animal encontramos distintos comportamientos en función de las características y necesidades de cada especie, pues todas ellas han logrado la supervivencia y la perpetuación de los genes de formas diversas.

animales silvestres
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En este artículo analizaremos a grosso modo las estrategias básicas de cuidado parental en diferentes animales y qué nos muestra un estudio reciente llevado a cabo a partir de la observación del gorrión chillón.

Son muchas las especies no humanas que cuidan a sus crías durante un período prolongado de tiempo, con el objetivo de asegurar su supervivencia y un desarrollo completo. Este cuidado suele implicar protección, alimentación, enseñanza de habilidades para la supervivencia y socialización, a la vez que genera un vínculo estrecho y profundo entre progenitores y crías.

Los mamíferos son uno de los órdenes más significativos en lo que refiere al vínculo entre progenitores y crías, pues para no morir es necesario amamantar a las crías y esto requiere un intenso lazo entre madre e hijos. En este grupo se encuentran los seres humanos, cuyo cuidado parental es muy prolongado e intenso, con años de dependencia, que, además, a medida que hemos avanzado en nuestro grado de civilización, esta dependencia ha aumentado, mucho más allá de los 18 años. De forma muy parecida a los primates humanos, los grandes simios (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes) y los pequeños (gibones), amamantan y cuidan a sus bebés, los cuales permanecen con su madre durante años, formando un vínculo muy profundo, recibiendo protección y cultivando un aprendizaje largo y complejo fundamental para la socialización.

Asimismo, los vínculos y el cuidado parental prolongado existen de manera evidente y profunda en muchas más especies, más allá de los primates. Un ejemplo extraordinario es el relativo a la crianza de los elefantes. Tras una gestación de dos años, las crías permanecen con la madre y el resto de la manada durante años, aprendiendo comportamientos sociales y de supervivencia. La manada se entrega para cuidarlos, enseñarles y protegerlos. En caso de ataques, elefantes adultos se entregan a los depredadores para proteger la vida de los pequeños, pues los vínculos que desarrollan son realmente sorprendentes.

Las osas son otras mamíferas que podríamos calificar de madrazas. Amamantan y cuidan a sus crías durante unos dos años, enseñándoles a buscar alimento y a sobrevivir. Y como no, las lobas también son grandes madres y nodrizas, no solamente en las leyendas épicas. Y la manada también cuida y protege a las crías durante meses, garantizando el aprendizaje social. Y entre todas las progenitoras mamíferas la lista sería interminable, perras, gatas, vacas, cerdas, cabras e incluso ratas, son muy buenas mamás.

Si nos adentramos en el mundo de los mamíferos marinos también podemos llevarnos grandes sorpresas. Las madres cetáceas (delfines, ballenas y morsas) cuidan intensamente a las crías. La lactancia puede durar varios meses e incluso más de un año, dependiendo de la especie. Las crías permanecen cerca de la madre para protección y aprendizaje: buscar alimento y comunicarse. Para estos animales tan inteligentes y sensibles, el vínculo maternal y social es un pilar básico para su bienestar emocional.

Quizá, el hecho que los mamíferos cuiden intensamente de sus crías no nos resulte ninguna sorpresa. No obstante, estos cuidados también existen en otros órdenes. Las aves pueden enseñarnos muchísimo porque cuidan mucho a sus crías, ya que el cuidado parental es una de sus principales características dentro del reino animal. En muchas especies de aves, macho y hembra participan activamente en el cuidado; y en otras, generalmente solo la hembra. Algunas tienen crías muy precoces (capaces de caminar y buscar comida casi inmediatamente), mientras que otras nacen todavía muy dependientes y deben ser cuidadas durante un período de tiempo más prolongado.

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Por lo general, las aves construyen nidos para la puesta e incubación de los huevos, así como para protegerlos mejor de la depredación natural. Los progenitores incuban los huevos manteniéndolos calientes con su cuerpo hasta el desarrollo adecuado. Tras la eclosión, los padres buscan comida y la regurgitan o la llevan directamente al nido. Lo más sorprendente es la valentía de las aves que protegen activamente a sus crías enfrentando a depredadores y otras amenazas. En lo que refiere a otros cuidados, por supuesto que enseñan las habilidades necesarias para la supervivencia y la socialización durante el tiempo de crianza, el cual es muy variable, pero suele ser suficiente para que adquieran la autonomía necesaria. Este cuidado parental (o biparental) es clave para el éxito reproductivo de las aves y su adaptación a diferentes ecosistemas.

Recientemente, un estudio realizado a partir de la observación del gorrión chillón, un ave silvestre ibérica, ha demostrado que el abandono del padre reduce en un 30% la supervivencia de las crías. Durante dos años, investigadores monitorizaron 41 nidos y 189 polluelos en zonas boscosas de Segovia, para analizar cómo la ausencia del cuidado del macho afecta a la calidad de la alimentación, protección y desarrollo de las crías. El estudio concluye que la colaboración de ambos progenitores es la clave para garantizar una mayor tasa de supervivencia, ya que el abandono del macho implica menos alimento y protección para los polluelos, lo que disminuye significativamente sus posibilidades de sobrevivir.

Además, la deserción paterna tiene un impacto negativo en la fisiología y salud de las crías, haciendo que las más débiles sean las que más sufren esta falta de cuidado. Este hallazgo resalta la importancia del cuidado biparental en muchas especies de aves silvestres para mantener poblaciones saludables y estables en la naturaleza.

Por el contrario, otras especies de animales abandonan sin problema a sus crías al nacer o poco después, confiando en que las crías serán capaces de sobrevivir de forma independiente. En estos casos, su estrategia reproductiva se basa en producir muchas crías con baja inversión parental. Es así en la mayoría de especies de peces, anfibios, reptiles e insectos, que depositan los huevos y tras eclosionar, las crías deben valerse por sí mismas prácticamente desde el nacimiento. Ahora bien, los cocodrilos sí cuidan a sus crías transportándolas durante semanas para protegerlas de los depredadores y enseñándoles a buscar comida. Previamente, las madres construyen nidos y vigilan los huevos durante la incubación, que suele durar entre 60 y 90 días.

Así pues, en términos generales, podemos concluir que las especies que más prolongan el cuidado parental son aquellas que suelen tener pocas crías nacidas con nula autonomía, y las especies que no invierten tiempo ni esfuerzos en la crianza, sus crías nacen más desarrolladas y apuestan por maximizar la cantidad.

Autora: Helena Escoda Casas, Historiadora y antrozoóloga, profesora de ciencias sociales.

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