Aunque los cerdos tienen fama de sucios y rudos, en realidad son animales inteligentes, cariñosos y limpios. Así lo demuestran diversos estudios científicos llevados a cabo en diversas universidades. Para poder comprender la naturaleza del cerdo, tenemos que diferenciar la especie salvaje o jabalí (Sus scrofa) de la especie domesticada, es decir, el cerdo de granja (Sus scrofa domestica), el cual es el resultado de un proceso de selección artificial para lograr mayor beneficio ganadero.

jabalí
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Ambas especies tienen un origen común: el cerdo salvaje primigenio. Las diferencias físicas que podemos apreciar a simple vista entre ambos animales son el resultado del proceso de domesticación, al cual los humanos han sometido a los cerdos de granja para poder explotarlos y obtener la mayor rentabilidad económica. Estos procesos han sido devastadores para su fisiología, pues se han creado organismos con tendencia a engordar desproporcionadamente y cuya consecuencia es enfermar.

El cerdo es una subespecie de mamífero artiodáctilo de la familia Suidae. Su domesticación comenzó en el Neolítico, hace entre 13.000 y 8.500 años. Este proceso se inició en dos focos distintos: el primero en Oriente Próximo y península de Anatolia y el segundo, más tardío, en la provincia de Henan, China. El ADN de restos óseos de cerdos hallados en yacimientos neolíticos muestra que los Zoología primeros cerdos domesticados llegaron a Europa procedentes de las civilizaciones del Próximo Oriente y que, posteriormente, las razas europeas se mezclaron con las asiáticas.

A pesar de su mala fama, los cerdos son animales tiernos e inteligentes que nunca dejarán de sorprendernos por sus cualidades extraordinarias

La fisiología del cerdo varía en función de la especie. Por un lado, el jabalí es musculoso, su pelaje áspero, sus cerdas largas y gruesas, su hocico alargado para excavar y encontrar alimento, sus colmillos son prominentes para asustar a posibles depredadores y su peso medio oscila entre 50-150 kg, según especie y región. Esta es una fisiología perfectamente adaptada al entorno boscoso y montañoso. Además, el jabalí ha demostrado con creces su inteligencia incluso en sus incursiones en los entornos urbanos en busca de comida. En estudios realizados en Berlín, se ha observado que han aprendido cómo funcionan los semáforos para cruzar calles y la facilidad con la cual recuerdan los sitios donde les resulta más fácil hallar comida. En lo relativo a su organización social, son animales organizados en grupos matriarcales liderados por hembras y machos solitarios en época de celo. Además, son excelentes nadadores y corredores cuyo instinto de supervivencia ante los ataques de depredadores es asombroso.

En la otra cara de la moneda, el cerdo doméstico o de granja es más grande y obeso (hasta 300 kg), su piel es rosada o moteada sin pelaje denso, sus orejas caídas, hocico corto y colmillos reducidos o ausentes, pues la selección genética artificial para carne ha priorizado a los animales más manejables con la finalidad de crear individuos con menor capacidad para poder defenderse. El cerdo de granja es extremadamente vulnerable ante las enfermedades y ante las amenazas del entorno natural: frío, sol, depredadores, etc. Esta fisiología artificiosa derivada en gran parte del confinamiento en espacios cerrados y una dieta basada en piensos de engorde rápido ha ido en total detrimento de muchas de las cualidades que la especie poseía por naturaleza. Sin embargo, los cerdos mantienen su inteligencia social y emocional, formando estrechos vínculos entre sí; por esta razón, en los entornos confinados de las granjas sufren un gran estrés psicológico y frustración al no poder socializar.

Se considera al cerdo como el quinto animal más inteligente del planeta

En lo que refiere a la inteligencia de los cerdos, numerosos estudios sobre memoria, aprendizaje, resolución de problemas, cognición social y emociones han llegado a la conclusión de que los cerdos poseen un nivel cognitivo alto en comparación con muchos otros mamíferos. Entre los indicadores relativos a las capacidades intelectuales se encuentran las formas en que interactúan entre sí y con miembros de otras especies, su capacidad para mostrar emociones, su deseo de mantener su espacio vital limpio y su capacidad para sentir empatía y dolor. Se considera al cerdo como el quinto animal más inteligente del planeta. Según los estudios de evaluación, el orden es el siguiente: chimpancé, delfín, cuervo, elefante y cerdo. Así que los cerdos son más inteligentes que un perro o un gato.

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Estudios llevados a cabo por las Universidades de Pensilvania y Cambridge han sacado a la luz resultados sorprendentes. Los cerdos tienen una inteligencia muy desarrollada y compleja, comparable en muchos aspectos a la de perros y a la de un niño de 3 años. Se caracterizan por aprender rápido, recordar durante mucho tiempo y manejar situaciones nuevas con bastante flexibilidad. Además, su inteligencia no es solamente altamente desarrollada en los aspectos pragmáticos, sino también en los aspectos emocionales. Esto significa que cuando un cerdo va al matadero, sabe perfectamente hacia dónde está yendo. En los años 90, los científicos Candace Croney y Stanley Curtis de la Universidad de Pensilvania realizaron un estudio en el que entrenaron a varios cerdos para usar un joystick con el hocico, con el objetivo de mover un cursor en una pantalla y cumplir tareas sencillas. Los cerdos demostraron que comprenden la relación entre sus movimientos y lo que ocurre en la pantalla, de tal manera que pueden jugar a videojuegos básicos. Este estudio evidenció que los cerdos tienen capacidades cognitivas comparables a las de algunos primates en las tareas de ordenador. Otro estudio llevado a cabo por la Universidad de Cambridge en 2009 demostró que los cerdos podían usar un espejo para localizar comida oculta, lo que implica que entienden que el reflejo corresponde a un espacio real distinto y que pueden formar una representación mental del entorno.

Cuando viven en libertad, defecan y orinan lejos de su espacio vital para mantenerlo limpio

Los cerdos son tan sorprendentes, que a menudo han sido malinterpretados por los humanos, por ello tienen fama de sucios. Los cerdos no sudan y se revuelcan en barro para hacerse baños de tierra con el objetivo de no quemarse la piel con el Sol, regular la temperatura corporal y alejar moscas y parásitos. Cuando viven en libertad, defecan y orinan lejos de su espacio vital para mantenerlo limpio.

Otra de sus más sorprendentes virtudes es su olfato altamente desarrollado, lo que ha conllevado que sea un animal explotado también para la búsqueda de trufas e incluso explosivos o droga en misiones policiales. Su capacidad de comunicación no es para menos, se han distinguido más de 20 vocalizaciones distintas que pueden utilizar para comunicarse entre sí, expresar variedad de estados emocionales, desde felicidad hasta excitación, dolor o miedo. Cuando se les da libertad, los cerdos forman naturalmente grupos de unos ocho individuos e incluso pueden tener preferencias sociales entre sí.

Para concluir, solo puedo expresar tristeza tras escribir este artículo, pues el cerdo es uno de los animales más maltratados, utilizado a gran escala para la industria cárnica y a la vez más despreciado, pero la realidad es otra: son animales dignos de admiración que, como cualquier otro, merece respeto total y absoluto.

Autora: Helena Escoda Casas Historiadora y antrozoóloga, profesora de ciencias

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