Para los veganos, el vivir en una sociedad mayoritariamente omnívora ya es un esfuerzo extra que añadir al de todos los demás. En Navidad, más aún.

¿Dónde aparecen los principales desafíos?
En la publicidad de los medios y en las tiendas y supermercados de alimentación con la aparición de todo tipo de preparaciones hechas con ingredientes de origen animal. O con la exposición de los mismos animales, enteros o a trozos, procedentes de la tierra y del mar, dispuestos a ser comprados para ser cocinados y comidos en las cocinas y en las mesas de millones de hogares. En medio de tanta abundancia, no hay lugar para la sensibilidad, y menos para la justicia.
En los restaurantes, donde por mucho que han empezado a saber qué contestar ante la aparición de algún vegano (nos clasifican entre los especiales, los celíacos y los alérgicos a algún alimento), la oferta oficial en cartas y menús es, la mayoría de las veces, nula, aunque la buena voluntad del establecimiento pueda marcar la diferencia.
En los espectáculos, acuarios, zoos, a los que muchas familias llevan a sus pequeños precisamente para mostrarles animales diferentes a ellos. Nuestra lucha por acabar con los espectáculos en los que se torturan toros y terneros no ha acabado, pero no es la única explotación, como ya sabéis. Ponis atados en ruedas interminables, delfines en piscinas o caballos exhaustos tirando carros de turistas bajo el calor son ejemplos cotidianos de explotación.
¡Felices fiestas sin sufrimiento! ¡Feliz Navidad sin crueldad!
¿Cómo sobrellevarlo?
La desesperación, no es raro que nos invada. Compartimos mesa con familia y amigos, o compañeros de trabajo, que no ven nada malo en su comida.
Se habla del espíritu de la Navidad. Nuestro espíritu deberá ser la comprensión hacia los que no han reflexionado lo suficiente como para dejar de participar en esta locura colectiva. Muy pocos veganos han nacido en familias veganas. Conocemos bien lo que es la falta de empatía y la resistencia al cambio. Mantener la calma es esencial y, siempre que sea posible, demostrar a todos la riqueza de la cocina vegana, la variedad y suculencia que podemos poner en nuestros platos.
Los encuentros navideños, por su excepcionalidad y al reunir personas tan dispares, ya llevan a debates y quizás discusiones sobre todo tipo de temas, políticos, religiosos, sociales. La alimentación es uno de estos temas y no uno menor. Por lo que desde nuestra convicción podemos intentar abrir grietas en la tranquilidad total con la que quienes no se han detenido a pensarlo, comen foie gras, hierven mariscos en vivo o ponen en sus platos criaturas de semanas o meses para mantener la tradición.
Conservar las relaciones
De todos modos, si somos tan claros corremos el riesgo de perder las relaciones. Si queremos conservarlas, la empatía hacia ellos nos puede ayudar a ser comprensivos, aunque su respuesta es muchas veces la de que comamos lo que nos parezca pero que no nos metamos en lo que comen ellos. Así es como se suele ver desde la óptica omnívora. Compartir nuestra filosofía de vida, nuestra preocupación por el medio ambiente y por el sufrimiento de los animales no tiene que ser un impedimento para reunirnos en estas fechas que señalan la entrada al invierno. El veganismo crece en todo el mundo, la certeza del sentir de los animales ha hecho que muchos que antes ni se lo planteaban vayan dirigiendo sus hábitos hacia una alimentación vegetariana y por evolución, vegana.
Autor: Redacción.
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