La piel no es solo el órgano más grande del cuerpo; también es uno de los más sensibles a nuestro estilo de vida. Hasta hace poco, el cuidado de la piel había estado dominado por limpiadoras, exfoliantes, cremas y sérums. Además, por supuesto, por el botox y el lifting para quien se lo pudieran permitir. Sin embargo, una creciente cantidad de evidencia científica señala que la alimentación podría ser más efectiva que el más caro de los cosméticos para mantener la piel con un aspecto saludable y juvenil.

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La relación entre lo que comemos y el estado de nuestra piel es estrecha. Dietas ricas en alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos y las grasas saturadas presentes en carnes y lácteos se han asociado con inflamación sistémica, desequilibrios hormonales y alteraciones en la microbiota intestinal, todos ellos factores que afectan directamente a la piel. Por el contrario, un patrón alimentario basado en alimentos vegetales —cargados de antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales— parece tener un efecto protector y rejuvenecedor sobre el cutis.

Investigaciones recientes están mostrando los beneficios de una dieta vegetal en la prevención y tratamiento de condiciones como el acné, la psoriasis y el envejecimiento prematuro de la piel. Además, ciertos nutrientes presentes en frutas, verduras, legumbres, semillas y frutos secos contribuyen activamente a la producción de colágeno y a la regeneración celular.

Dieta y acné

El acné es una de las afecciones cutáneas más comunes, especialmente durante la adolescencia, pero también puede persistir o incluso aparecer en la edad adulta. Aunque en su aparición influyen factores hormonales, genéticos y ambientales, estudios recientes señalan un claro papel de la dieta en su desarrollo y tratamiento. Se ha demostrado que ciertos alimentos, particularmente los de alto índice glucémico (como azúcares añadidos y cereales refinados) así como los productos lácteos, pueden agravar o desencadenar brotes de acné, al elevar rápidamente los niveles de insulina y de factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 (IGF-1), lo que estimula la producción de sebo y la proliferación de queratinocitos, dos procesos directamente relacionados con la aparición de acné.

El envejecimiento cutáneo está estrechamente relacionado con dos procesos clave: el estrés oxidativo y la glicación

En contraste, las dietas vegetales —ricas en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, semillas y frutos secos— tienden a tener un índice glucémico más bajo y están cargadas de compuestos antiinflamatorios, antioxidantes y fibra. Estos componentes no solo reducen la inflamación sistémica, sino que también modulan positivamente la microbiota intestinal, lo que puede traducirse en una menor incidencia o gravedad del acné. Adoptar una dieta vegetal sin lácteos puede ser una estrategia eficaz y natural para prevenir o reducir el acné, especialmente cuando se acompaña de una reducción del consumo de azúcares refinados.

El sistema inmune, la alimentación y la piel

Muchas enfermedades de la piel, como la psoriasis, la dermatitis atópica o el lupus, están relacionadas con una desregulación del sistema inmune que se caracteriza por un exceso de inflamación y estrés oxidativo. Es este el mecanismo por el que una dieta vegetal puede disminuir la frecuencia y gravedad de los brotes y mejorar la calidad de vida de estas personas. Se ha comprobado que una dieta rica en alimentos vegetales integrales y pobre o carente de alimentos animales y productos ultraprocesados disminuye los marcadores de inflamación, como la proteína C reactiva, que está elevada en la psoriasis.

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Envejecimiento cutáneo: ¿podemos retrasarlo?

¿Por qué envejece la piel? ¿Por qué nos salen arrugas, perdemos elasticidad y firmeza y nos salen manchas? El envejecimiento cutáneo está estrechamente relacionado con dos procesos clave: el estrés oxidativo y la glicación. El primero ocurre cuando hay un desequilibrio entre la producción de radicales libres y la capacidad del organismo para neutralizarlos. El segundo se produce cuando el exceso de glucosa en sangre se une a proteínas estructurales como el colágeno, deteriorándolas. Ambos procesos aceleran el daño dérmico, reducen la firmeza y promueven la aparición de signos visibles de envejecimiento.

¿Cómo podemos proteger nuestra piel del daño oxidativo? Sin duda ninguna, limitando la exposición a la luz solar. Pero, además, proporcionándole, desde dentro, los compuestos antioxidantes (polifenoles, flavonoides, carotenoides, vitaminas C y E) que se encuentran en frutas, verduras y hortalizas, especias, y hierbas aromáticas, té verde…

Entre la gran familia de antioxidantes, destaca uno que es especialmente bueno para la belleza de la piel: los carotenos. Estas sustancias que dan color rojo y naranja a boniatos, zanahorias, calabazas y pimientos, también colorean sutilmente nuestra piel. Y la hacen más atractiva. Un interesante estudio publicado en 2015 y titulado: «Fruta en lugar de rayos UVA: la coloración de la piel por carotenoides se considera más atractiva que la coloración por melanina» mostró a los participantes fotos de hombres y mujeres de raza blanca, al natural y coloreadas como si estuvieran bronceadas por el sol o un poco anaranjadas por tomar muchas zanahorias. Aunque ambos tonos se percibieron como más atractivos que el blanco, el anaranjado ganó claramente.

Una dieta vegetal integral ofrece un arsenal nutricional completo para el cuidado cutáneo desde dentro

Con la edad perdemos capacidad para producir colágeno, que es una de las proteínas más importantes que mantiene la elasticidad y tersura de la piel. Con la promesa de «reponer» el colágeno que perdemos, muchas empresas se dedican a vender colágeno procedente de hervir los huesos y articulaciones de los animales que matamos para obtener su carne. Pero esto no funciona así. Si una persona come el colágeno procedente de un animal, lo primero que va a pasar es que su estómago y su intestino lo va a digerir y por tanto la proteína queda destruida, no se absorbe. El organismo absorberá los aminoácidos, tanto del colágeno como de cualquier otra proteína que consumamos, y producirá, o no, su propio colágeno de acuerdo a sus necesidades. Incluso aunque el colágeno no se destruyera en el intestino, nadie garantiza que va a viajar por el torrente sanguíneo y a colocarse en la piel del rostro.

Para producir nuestro propio colágeno necesitamos consumir aminoácidos – los ladrillos que forman las proteínas – y necesitamos consumir vitamina C, que es el cofactor imprescindible para producir colágeno y que solo se encuentra en el reino vegetal, y en concreto en frutas y verduras. ¿Sabíais, además, que un estudio reciente ha encontrado que el aminoácido glicina, uno de los ladrillos principales para formar colágeno, se encuentra en concentraciones más altas en las personas veganas? No solo no es necesario comer alimentos animales para producir colágeno, es que los componentes principales para su síntesis se encuentran en abundancia en el reino vegetal. Esto explica por qué un estudio realizado en mujeres de mediana edad y publicado en 2023 encontró que aquellas con un mayor consumo de frutas y verduras presentaban menor profundidad de arrugas, mejor hidratación y mayor elasticidad dérmica. Esta asociación se mantuvo incluso después de controlar factores como la exposición solar, el tabaquismo o el uso de cosméticos.

En resumen, una dieta vegetal integral ofrece un arsenal nutricional completo para el cuidado cutáneo desde dentro y optimiza las condiciones del cuerpo para mantener una piel radiante, firme, joven y saludable.

AutoraMiriam Martínez Biarge, Médico Pediatra

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