La migración de los animales es uno de los fenómenos más increíbles y fascinantes de la naturaleza. Son muchas las especies nómadas que emprenden cíclicamente este larguísimo viaje: desde grandes mamíferos terrestres o acuáticos, hasta aves, peces, anfibios e insectos. El charrán ártico, un pequeño pajarillo blanco con una graciosa cabeza negra, puede hacer hasta 80.000 kilómetros desde el Polo Norte al Polo Sur. Las ballenas nadan durante 10.000 kilómetros para dar a luz a sus crías en aguas más templadas. La mariposa monarca también recorre varios miles de kilómetros hasta tierras cálidas para hibernar y después regresar al norte a poner sus huevos. Los viajes de algunos peces también son épicos ya que descienden los ríos cuando aún son larvas, para alcanzar el mar y crecer allí. Una vez adultos, remontan de nuevo el río para reproducirse en el mismo lugar donde nacieron.

rutas migratorias
123rfLimited©pascalegueret. Bandada de flamencos rosados volando en Namibia

Estas migraciones tienen varios propósitos. Uno de ellos es buscar el clima más agradable y huir de las temperaturas extremas. Dependiendo de la zona geográfica, algunas especies migran para huir del frío del invierno y otras del excesivo calor del verano, como es el caso de las golondrinas que llegan a nuestras ciudades en primavera, dejando atrás el sofocante calor africano. También se trasladan para poder tener mayor disponibilidad de alimentos en zonas donde no hay tanta competencia y donde la fertilidad de la tierra está en su mejor momento. Muchas especies migran para reproducirse en lugares específicos, donde las condiciones son más favorables para la cría y supervivencia de los recién nacidos.

Lo más sorprendente y mágico de todo esto es la forma en la que todos ellos saben exactamente dónde tienen que ir, cómo hacerlo y en qué momento. Algunos investigadores sugieren que nacen con una especie de mapas de rutas grabados en sus genes, o bien que son capaces de calcular las distancias y la dirección según la altura u orientación del sol. Otras especies aprenden la ruta de generación en generación y se queda grabada en su memoria. En cualquiera de los casos, siempre encuentran el camino. La migración es un viaje colectivo (aunque no siempre viajan en grupos) fuertemente instintivo que no consiste solo en recorrer muchos kilómetros. Requiere planificación y una enorme fuerza de voluntad. Es un gran evento que requiere un gasto enorme de energía, así que estos nómadas tienen que prepararse físicamente para ello sobrealimentándose y almacenando grasa en su cuerpo. Una vez que emprenden el trayecto, nada podrá distraerles de su objetivo: llegar al destino con un fin superior marcado por la naturaleza. Sobrevivir y reproducirse.

La migración es un viaje colectivo que requiere planificación y una enorme fuerza de voluntad

Como todo en nuestro maravilloso planeta está entretejido e interconectado, las migraciones de los animales también tienen una función muy importante dentro de los ecosistemas. Cada viaje y cada regreso es mucho más que una simple búsqueda de calor, comida o pareja. Son miles las especies de animales que migran cada año, y esto cumple un papel crucial en el equilibrio del medioambiente. Estos desplazamientos favorecen la dispersión de especies y estimulan la diversidad biológica en diferentes regiones del planeta. Además, a nivel de especie, se facilita la mezcla de genes y se evita la endogamia, algo fundamental para la evolución y la adaptación de cualquier especie ante cambios en el entorno.

Las migraciones también tienen efectos positivos en los ciclos de nutrientes al transportar materia orgánica de unas áreas a otras y favorecer la fertilidad de los suelos. Además, muchos de estos animales migratorios participan en procesos como la dispersión de semillas y la polinización de plantas, estimulando y mejorando la diversidad de muchos ecosistemas. Estos desplazamientos son pues, fundamentales para estructura de los ecosistemas y los ciclos en los que intervienen, como los procesos de descomposición, reciclado de nutrientes, flujos de agua o interacciones entre especies.

Las migraciones de los animales tienen una función muy importante dentro de los ecosistemas

Estos desplazamientos masivos entre hábitats se realizan por lo que se conocen como rutas migratorias, que son los recorridos regulares que llevan haciendo las diferentes especies animales desde hace millones de años. Algunos animales terrestres sí pueden improvisar el camino para ir adaptándose a las condiciones climatológicas. Los ñus, por ejemplo, junto con las cebras y los antílopes que se suelen unir a este gran éxodo por las llanuras de África, siguen una trayectoria diferente cada año. Pero otras muchas especies toman vías específicas e inalterables, de forma que pueden aprovechar las corrientes de aire y los vientos alisios, o bien las corrientes marinas, en el caso de los animales acuáticos. En estas mismas páginas hemos hablado de cómo los pescadores utilizan estos corredores oceanográficos para colocar trampas para el atún rojo en pleno viaje migratorio.

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123rfLimited©gjohnstonphoto. Cisnes de tundra volando en formación cerca del lago Kilarney en el norte de Idaho

Las actividades humanas, impulsadas por el individualismo y la ambición, están amenazando gravemente las rutas migratorias a través de la modificación de hábitats y la deforestación. El cambio climático está provocando alteraciones en la estacionalidad y en las corrientes marinas y atmosféricas, lo cual afecta a la sincronización de los movimientos migratorios con la disponibilidad de los recursos que impulsan dicha migración. Por otra parte, muchas especies están reconfigurando sus rutas, algo que supone un peligro para el frágil equilibrio de cualquier hábitat. Además, pone en riesgo a muchos animales cuyas vías estaban siendo, más o menos, respetadas. Es el caso del tiburón tigre que, debido al sobrecalentamiento del mar, se ve obligado a abandonar el camino de sus ancestros y salirse de las áreas marinas protegidas, por lo que quedan mucho más expuestos a la pesca comercial. Lo mismo ocurre con muchas otras especies como las ballenas.

Muchas aves también están cambiando sus patrones migratorios, y llegan antes a su destino y se marchan más tarde. Muchas especies ya no marchan tan al sur, sino que permanecen en el norte, donde las temperaturas no son tan altas ni tan secas. En España cada vez es más frecuente avistar en regiones del Cantábrico aves que son típicamente mediterráneas. Algunas cigüeñas eluden su ruta habitual de hibernación en el Sahel y optan por quedarse en la península Ibérica. Aves como el ruiseñor, que solían criar en los bosques europeos en primavera y pasar el invierno en África central y occidental, ahora cruzan el Mediterráneo antes debido al aumento de las temperaturas en el norte. Sin embargo, este cambio en sus hábitos ha perjudicado a la especie, ya que las hojas de los árboles también brotan antes y las orugas que se alimentan de ellas también adelantan su ciclo, de forma que cuando el ruiseñor cría, hay menos disponibilidad de alimento y, por lo tanto, las nidadas de pollos son mucho más escasas. También se están detectando “refugiados climáticos” e incluso hay especies cuya fisonomía se está modificando rápidamente en pocas generaciones y reduciendo su tamaño.

Debemos asumir cuanto antes que no somos residentes en la Tierra, sino que somos la Tierra misma

Cada vez hay más evidencia científica que demuestra cómo a lo largo de las décadas, las especies de todo el mundo, desde las más pequeñas hasta las más grandes, están desplazándose hacia los polos. Incluso aquellas no directamente afectadas por el cambio climático se ven forzadas a migrar para mantener sus interacciones con organismos vitales, como cuando ajustan sus ciclos de reproducción y migración a los cambios estacionales, afectando a otras especies en el ecosistema.

Debemos asumir cuanto antes que no somos residentes en la Tierra, sino que somos la Tierra misma. Si uno cae, caemos todos, tarde o temprano. Quizá aún estemos a tiempo de revertir esta delicada situación, pero es importante que, a nivel individual, tomemos nuestra parte de responsabilidad. Dejar de participar en una de las industrias más destructivas y contaminantes del planeta como es la ganadería, puede ser un primer paso crucial para el cambio. Nuestros actos cotidianos también tienen consecuencias, al fin y al cabo, también formamos parte de esta intrincada red que sostiene el ecosistema.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

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