Muchas personas viven el duelo por partida doble: por un lado, por la inevitable pérdida de sus seres humanos queridos y, por otro, por la de los animales con los que conviven. En ambos casos es un proceso complejo y natural que implica emociones como tristeza, dolor, confusión e ira.

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Foto cedida por New Zoo Flor SL. «Cementerio de pequeños animales», Torrelles de Llobregat, Barcelona

Cada persona experimenta el duelo de una manera y no hay ni una forma correcta de hacerlo ni un tiempo determinado. Puede, eso sí, pasar por las cinco fases descritas por la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross en 1969: la negación, la ira, la negociación, la depresión y, finalmente, la aceptación; por este orden o en otro. Tras aceptar el fallecimiento de nuestro animal, llegará la adaptación a la nueva situación. Y aunque se supere el duelo, puede volver de forma inesperada años después, basta ver una fotografía o que sea una fecha especial.

Lamentablemente, en nuestra sociedad, la muerte y el duelo son un tema tabú. Y más si el dolor es producido por el fallecimiento de un animal no humano con el que hemos compartido nuestra vida. Cuando esto ocurre, la sociedad nos empuja a hacer cómo si todo siguiera igual: no has podido pegar ojo en toda la noche y no has dejado de llorar, pero tienes que levantarte pronto y pasar todo el día concentrado en tu trabajo. Porque ese dolor y esa tristeza que tú sientes no es entendida por muchos, y hasta te pueden llegar comentarios de extraños y conocidos tan comunes e inoportunos como «sólo era un perro» o «sólo era un gato», afirmaciones que nunca conseguirán aliviar el dolor de la persona afectada, para quien «ese perro» o «ese gato» era un miembro más de su familia y un fiel amigo. ¿Cómo no vas a sentir una pena inmensa si lo amabas con todo tu ser?

El dolor por la pérdida de un animal querido puede resultar abrumador y desencadenar todo tipo de emociones difíciles de gestionar. Y no deberíamos avergonzarnos por ello, más bien todo lo contrario, puesto que esos sentimientos nos hacen humanos en el sentido literal del término, devolviéndonos a una era en la que los homo sapiens pasaron de ser nómadas al sedentarismo agrícola, creando una conexión especial con ciertas especies animales.

Esta conexión tan ancestral y real que tenemos con los animales hacen que, por un lado, desarrollemos instintivamente un profundo sentimiento hacia ellos, y por otro, que sea perfectamente normal llorar su pérdida, sin tener que sentirse culpables o avergonzados por ello, incluso frente a la incomprensión de otros seres humanos que no han vivido la misma experiencia.

El dolor por la pérdida de un animal querido puede resultar abrumador y desencadenar todo tipo de emociones difíciles de gestionar

¿Cómo gestionar el dolor por la muerte de un animal?

Las personas respondemos ante el fallecimiento de un ser querido de manera diferente, y dependerá de factores como la edad, la personalidad, la edad del animal, el papel que jugó en nuestras vidas y las circunstancias de su deceso. Por ejemplo, será más difícil aceptar su pérdida si vivíamos solos con él o si es consecuencia de una enfermedad para la cual no podíamos permitirnos un costoso tratamiento. Será también muy distinto si la muerte llega de forma natural -y si es repentina o si llevaba un tiempo enfermo- o como consecuencia de una eutanasia, en cuyo caso se puede añadir al dolor y la tristeza, el sentimiento de culpa. La culpa nos lleva a responsabilizarnos de lo que ha ocurrido y nos crea la incertidumbre de si podríamos haber hecho las cosas de otra manera para alargar la vida de nuestros animales.

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No existe un manual de instrucciones para gestionar el dolor por la muerte de un animal. Pero sí que hay que dejar que fluyan los sentimientos y no ignorarlos. Es necesario afrontar el dolor y hacerlo de forma activa. En este sentido, suele ser de ayuda hablar con otras personas que hayan vivido una situación similar porque pueden comprender mejor lo que estamos pasando –a veces, hay que buscar fuera de nuestro círculo habitual- y/o buscar ayuda profesional: hay psicólogos especializados en duelo animal.

Es importante también no olvidarse de uno mismo: cuidarte física y emocionalmente te ayudará a estar mejor

Es importante recordar que nuestro dolor no es único: muchos otros lo han experimentado en el pasado, lo sufren en el presente y lo vivirán en el futuro. Escritores y músicos han puesto palabras a tales sentimientos a lo largo de los años. También hay libros que ofrecen consuelo y consejos prácticos sobre cómo superar el mencionado dolor como Adiós Toby: Cómo despedirse de tu mascota de Gary Kowalski; Espérame en el arcoíris: Cómo afrontar el duelo por la pérdida de tu mascota, de Laura Vidal; y Amigo ausente: Cómo superar la pérdida de tu animal de compañía, de Lorry Greene y Jacquelyn Landis, entre otros.

Otra manera útil de hacerle frente es homenajear la memoria de nuestro animal: puedes plantar un árbol en su nombre o hacer un álbum de fotos. Existe también la posibilidad de contratar los servicios de un tanatorio. Y, sobre todo, puede ser de gran ayuda recordar los buenos momentos vividos y lo felices que fuisteis juntos.

Lamentablemente, en nuestra sociedad, la muerte y el duelo son un tema tabú

Es importante también no olvidarse de uno mismo: cuidarte física y emocionalmente te ayudará a estar mejor. Pasar tiempo con familiares y amigos, seguir una dieta saludable, dormir lo suficiente y hacer ejercicio pueden mejorar nuestro estado de ánimo. Y si convivimos con otros animales, es básico seguir con su rutina, y no olvidar que ellos también pueden experimentar dolor y/o angustia por la pérdida. De hecho, se han visto cambios de conducta y falta de apetito en muchos gatos y perros tras el deceso de un compañero animal con el que vivían.

El estudio Percepciones de los propietarios sobre la respuesta conductual de sus animales ante la pérdida de un animal de compañía realizado por un grupo de expertos en comportamiento animal coordinado por Jessica Walker, de la organización científica de defensa animal Companion Animals New Zealand y publicado en el año 2016, analizó las respuestas de 159 perros y 152 gatos tras la muerte de un animal amigo, con ayuda de preguntas respondidas por sus compañeros humanos. Concluyeron que uno de los comportamientos más frecuentes observado era la revisión constante de las zonas de descanso del animal que ya no estaba. Además, observaron que pedían más atenciones y cariño por parte de los humanos o se comportaban de un modo más dependiente.

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Otro punto importante a tener en cuenta es cómo tratar el asunto con los niños de la familia. Ellos pueden vivir el duelo de una forma más natural, pero también ver tan de cerca la muerte puede ser un evento traumático. Para los padres, será una oportunidad de oro para tratar el tema, como una condición de la vida misma, y no engañarles diciéndoles, por ejemplo, que “el animal se escapó”. Las criaturas suelen reflejar los comportamientos de sus padres, por tanto, el duelo será más llevadero para ellos si los adultos comparten sus emociones y hablan de la muerte con naturalidad.

No es buena idea reemplazar a nuestro compañero fallecido con otro hasta que haya pasado un tiempo prudencial en el que se haya sobrepasado el dolor

Las reacciones o no reacciones de los más pequeños pueden ser variopintas: todas van bien. Lo importante es que tengan su espacio y su tiempo para asumir lo ocurrido y que sepan que pueden compartir sus emociones con los mayores. Cabe destacar que no es buena idea reemplazar a nuestro compañero fallecido con otro hasta que haya pasado un tiempo prudencial en el que se haya sobrepasado el dolor.

Al superar el duelo, llenaremos de amor el vacío que deja el animal y recordaremos con una sonrisa los buenos momentos vividos. Recuerda que, tal y como afirmó el destacado escritor francés Anatole France, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1921, «hasta que no hayas amado a un animal, parte de tu alma estará dormida».

Autora: Cristina Fernández, Periodista

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