La fertilidad se entiende como la capacidad para reproducirse. Está influenciada por una serie de factores que abarcan el género, la edad, el ciclo menstrual, el sistema hormonal, e incluso la alimentación y los hábitos de vida, que pueden contribuir a favorecerla o limitarla.

La edad reproductiva
Uno de los principales factores que influyen en la fertilidad es la edad. La mujer nace con un número fijo de óvulos, que se van «gastando» naturalmente durante toda su vida reproductiva y con cada ciclo menstrual. De este modo, la probabilidad de embarazo disminuye progresivamente a medida que aumenta la edad de la mujer, especialmente después de los 37 años. En el caso de los hombres, la calidad y la cantidad de los espermatozoides también va disminuyendo con los años, de modo que su capacidad de fecundación se ve afectada. En este contexto, el retraso en la edad reproductiva juega un papel crucial en la disminución de la fertilidad, tanto en mujeres como en hombres.
Alimentación y hábitos saludables
Los factores relacionados con el estilo de vida y ambientales también tienen un papel destacado. Uno de ellos es la alimentación. Una dieta donde predominan los azúcares añadidos, las grasas saturadas, las harinas y los aceites refinados, los lácteos, la cafeína y el alcohol puede afectar negativamente a la calidad de los óvulos o de los espermatozoides, dificultando así el proceso de concepción.
En su lugar, optar por una alimentación rica en fibra, antioxidantes, ácidos grasos omega-3, vitaminas y minerales puede contribuir positivamente a proteger la fertilidad. Por ello, se recomienda seguir una dieta variada y equilibrada, donde las verduras, frutas y hortalizas sean la base y se combinen con cereales integrales, frutos secos, semillas y legumbres, que son excelentes fuentes de proteína vegetal y nutrientes esenciales como la vitamina C, la vitamina E, hierro, zinc o selenio, entre otros.
Optar por una alimentación variada y equilibrada, rica en fibra, antioxidantes, ácidos grasos omega-3, vitaminas y minerales puede contribuir positivamente a proteger la fertilidad
Además de la alimentación, adoptar hábitos de vida saludables, como mantener un estilo de vida activo, practicar ejercicio físico de forma regular o procurar un buen descanso, contribuyen significativamente al bienestar global y a la salud reproductiva.
La gestión del estrés, un elemento clave
Otro elemento destacado es la gestión del estrés. Una sensación de estrés excesivo o muy prolongado en el tiempo puede tener consecuencias negativas en la salud y causar, por ejemplo, migrañas, insomnio, problemas digestivos o reducción del deseo sexual. Algunos estudios señalan, además, que un estrés elevado puede aumentar el riesgo de fertilidad, disminuyendo la capacidad de ovulación en mujeres y afectando a la calidad y la cantidad de semen en hombres.
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