Etiquetar con garantía los alimentos vegetarianos y veganos ha sido una reclamación histórica de consumidores, activistas y organizaciones vegetarianas y veganas; en parte para impedir prácticas fraudulentas (vender como vegano un producto con ingredientes de origen animal) y en parte para facilitar la vida diaria de los consumidores*.

El sello V-label

¿Valor añadido?

Aunque se creía que este sello proporciona un valor extra a un producto alimentario o cosmético, recientes experimentos sociológicos y estudios de mercado están poniendo esto en duda.

Hace unos meses, los autores de un experimento realizado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, EEUU, mostraron a los asistentes a un evento un menú escrito con dos platos (uno vegano, sándwich de hummus, y uno no vegano, sándwich de ensalada griega) para que eligieran cuál preferían. En ambos menús figuraba el nombre de cada opción así como la lista de ingredientes, pero en la mitad de los menús el sándwich de hummus estaba etiquetado como vegano y en la otra mitad, no. Solo el 30% de los que vieron el menú con el sándwich de hummus etiquetado como vegano lo eligieron. Entre los que vieron el menú sin ninguna etiqueta, el 60% eligió el sándwich de hummus.

Etiquetar el sándwich de hummus como vegano disminuía a la mitad las posibilidades de que fuera elegido. Algunas hipótesis que explican este comportamiento son:

  • Los productos etiquetados como veganos pueden percibirse como un sustituto de segunda categoría del producto cárnico o lácteo, que se considera como el «real».
  • Muchos consumidores convencionales piensan que los productos veganos son más saludables y consecuentemente, saben peor.
  • Algunas personas siguen viendo el veganismo como una dieta restrictiva y sectaria, y temen que elegir productos etiquetados como veganos los convierta en parte de esta «secta».

Encontrar el equilibrio

El sello V-label facilita a los consumidores veganos el que seleccionen productos aptos sin tener que estar mirando cada vez la lista de ingredientes. Pero si se comprueba el efecto perjudicial de este tipo de etiquetas, habrá que plantearse cómo comunicar que un producto está libre de productos animales sin que eso repercuta en el derecho a la información de los consumidores veganos.

La organización internacional ProVeg ha recomendado recientemente no rotular un producto en su parte frontal como «vegetariano», «vegano», «sin carne» o «sin lácteos», sino usar frases que describan el alimento en términos de su sabor, textura, etc., pues esto es lo que más mueve a los consumidores a comprarlo. En la parte de atrás, junto a la lista de ingredientes, se puede añadir la V-label en pequeño tamaño o señalar que el producto es de origen 100% vegetal. Se cree que mientras que el consumidor vegano siempre buscará esta confirmación, es poco probable que el consumidor convencional la vea.

¿Cómo fomentar la elección de productos veganos?

Independientemente de gustos personales, la necesidad imperiosa y urgente de que la población consuma dietas más vegetales está reconocida por gobiernos y asociaciones médicas y medioambientales a nivel mundial. ¿Cómo favorecer este cambio?

La visibilidad es esencial. Los productos y platos veganos general mente están semi-escondidos en supermercados y restaurantes y mucha gente ni se plantea su existencia. Varios experimentos sociológicos han mostrado que cuando se presenta en un menú un plato vegetariano o vegano como el plato del día, como la opción «por defecto», ofreciendo la opción con carne como la alternativa que hay que solicitar aparte, la demanda del plato vegetariano o vegano aumenta sustancialmente. Por el contrario, si un restaurante tiene una carta «normal» y una «carta vegana» que hay que pedir aparte, o incluso una «sección vegetariana/vegana» dentro de la carta principal, pero diferenciada del resto de los platos, muy pocos comensales no veganos pedirán las opciones veganas.

De aquí la importancia de normalizar los productos y platos 100% vegetales y presentarlos como la opción estándar en escuelas, cantinas de empresas, hospitales… en vez de que para conseguirlos haya que luchar contra una maraña de obstáculos y burocracia. Si para comer el plato vegano hay que presentar tres formularios y un certificado, hablar con el nutricionista y firmar un documento de descarga de responsabilidades, ¿cómo vamos a conseguir que la población adopte esa «dieta sostenible» con la que gobiernos e instituciones se llenan tanto la boca?

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra

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Bueno y Vegano Diciembre 2023