En lengua castellana, la palabra jabalí procede del árabe gabalī (جبلي), cuyo significado es montañoso. Su nombre científico es Sus Scrofa y es un mamífero artiodáctilo de la familia de los suidos, en la que se incluyen los cerdos domésticos y sus parientes salvajes más cercanos, los cuales suman un total de 16 especies diferenciadas. La hembra del jabalí recibe el nombre de jabalina y la cría el de jabato.

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A pesar de ser un animal omnívoro, la dieta del jabalí es preferentemente de origen vegetal. Consume bellotas, hayucos, castañas, bayas, raíces, bulbos y suele escarbar la tierra para complementar su dieta con lombrices. En catalán tenemos un dicho, més aglà, més senglar, más bellota, más jabalí, es decir: más alimento, más jabalíes.

Su distribución original se corresponde con grandes extensiones del continente euroasiático y las zonas montañosas del Magreb. No obstante, con el objetivo de potenciar su caza, la especie fue introducida de forma artificial en el continente americano, en Oceanía y en diversas islas de todo el planeta. Como resultado de su expansión llevada a cabo por la acción humana, el jabalí ha sido incluido en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Los jabalíes poseen una extraordinaria inteligencia, capacidad de adaptación y de aprendizaje

En las zonas donde la especie es oriunda, la población ha experimentado un crecimiento continuado muy relevante desde hace décadas y además sus apariciones en áreas urbanas son cada vez más frecuentes y sorprendentes. Aunque no existen censos exactos que permitan conocer las cifras de población reales, en algunas zonas periurbanas se estiman densidades locales superiores a 12 jabalíes por km². Es el caso, por ejemplo, de la Sierra de Collserola, en Barcelona, donde en 1998 la densidad de jabalíes era solo de 3 jabalíes por Km². Este incremento poblacional, así como su acercamiento a la ciudad, se debe a diversos factores, los cuales han sido principalmente ocasionados por las alteraciones de los ecosistemas que se han producido a raíz de las actividades humanas.

¿En qué situación se encuentra el jabalí?

Para entender qué ocurre con los jabalíes es necesario que analicemos el desequilibrio natural causado por la acción humana. Cada vez es mayor el número de animales salvajes que se acercan a los núcleos urbanos en busca de comida, ya que esta empieza a faltar en los bosques debido a las sequías, las anomalías causadas por el cambio climático y el abandono del campo. El hábitat periurbano es idóneo para cubrir las principales necesidades del jabalí. Los campos de cultivo son fuentes abundantes de alimento, especialmente los de regadío, donde además pueden escarbar fácilmente y encontrar lombrices. Los jabalíes poseen una extraordinaria inteligencia, capacidad de adaptación y de aprendizaje, por ello, están entendiendo muy rápidamente que pueden aprovechar las facilidades que la ciudad les ofrece para conseguir alimento en abundancia.

Los meses de confinamiento y los toques de queda decretados por la irrupción de la pandemia dejaron casi desiertas calles muy concurridas. A raíz de aquella tranquilidad idílica del mundo sin humanos, pudimos ver imágenes insólitas de especies salvajes que habían perdido el miedo a acercarse a los cascos urbanos. Esta tendencia ya se observaba desde mucho antes, pero a raíz del confinamiento se incrementó notablemente, puesto que la oportunidad de cruzar la frontera entre el mundo silvestre y el urbano sirvió a muchos animales salvajes para aprender que en la ciudad se puede encontrar comida con facilidad: volcando contenedores o escarbando la tierra en parques y jardines. Este aprendizaje, además, se transmite de generación en generación.

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El ciclo reproductivo

Por otro lado, la naturaleza del jabalí es particularmente prolífica. Su ciclo reproductivo puede empezar en su primer año de vida y en cada gestación una hembra de 50 kg puede dar a luz a un promedio de tres o cuatro rayones. Sin embargo, los jabalíes que se acercan a las zonas urbanas son cada vez más grandes y pesan más, puesto que siguen una dieta atípica, rica en hidratos de carbono refinados y procesados, como los humanos. Una hembra de 70 kg puede dar lugar a camadas mayores, de cinco o seis rayones, la mitad de estos logrará alcanzar la edad reproductora.

La capacidad reproductora de los jabalís también se ha incrementado a causa de otro gran problema medioambiental provocado por el consumismo y la banalidad humana: la importación de nuevas especies exóticas para su compra-venta como mascotas, así como su posterior abandono. Me refiero a los cerdos vietnamitas, una especie foránea que debido a la negligencia ha formado diversas colonias en zonas periurbanas e incluso en parques de grandes ciudades. Estos animales desamparados han conseguido hibridar con los jabalíes autóctonos. Este cruce se conoce como cerdolí o jabamita. En la península ibérica su presencia ha sido detectada en varias comunidades autónomas: Navarra, Valencia, Madrid, Cataluña, Castilla y León y Aragón. Estos híbridos tienen camadas más numerosas y más frecuentes que los jabalíes, porque la hembra de jabalí tiene solamente uno o dos periodos de apareamiento al año, mientras que la del cerdo vietnamita tiene uno cada mes.

Los híbridos pierden gran parte del carácter salvaje propio del jabalí y no recelan de los humanos

Otro problema añadido es que, al tratarse de cruces con una especie de cerdos domésticos, los híbridos pierden gran parte del carácter salvaje propio del jabalí y no recelan de los humanos, por lo que son menos temerosos al acercarse a los núcleos urbanos. A esto se suma que los jabalíes son animales nocturnos, mientras que los cerdos vietnamitas domésticos desarrollan un comportamiento diurno. Como resultado de su hibridación, los jabanitas pueden estar activos de forma muy irregular, de noche y de día. Su carácter más dócil y diurno da pie a que los cazadores puedan abatirlos más fácilmente, de hecho, muchos aseguran que es como disparar a un cerdo doméstico, además tienen más probabilidad de causar accidentes de tráfico y también de morir atropellados al cruzar carreteras.

Control poblacional

Por último, la ausencia de predadores naturales que regulan y controlan las poblaciones es otra causa crucial que ha dado lugar al incremento poblacional del jabalí. Su principal predador natural es el lobo. Los lobos, como otros depredadores: osos, linces y glotones fueron cazados sistemáticamente y casi llevados a la extinción durante los siglos XIX y XX, con el objetivo de prevenir ataques al ganado. En ningún momento se pensó en las consecuencias de su aniquilación a medio y largo plazo.

Recientemente, han aparecido muchas noticias sobre jabalíes en los medios de comunicación. La mayoría de estas noticias se referían a quejas relacionadas con daños ocasionados a la agricultura, destrozos al mobiliario urbano, especialmente contenedores de basura y vegetación, así como accidentes de tráfico… Al mismo tiempo, desgraciadamente, también hemos visto imágenes terribles de crías de jabalí atrapadas en redes, jaulas trampa y batidas de caza. Los medios de comunicación y las administraciones con frecuencia han calificado de plaga el incremento de población del jabalí, pero este problema de convivencia no debería remitirnos a la pregunta ¿quién robó el espacio a quién? Quizá los seres humanos deberíamos aprender de los errores propios y sus consecuencias, porque los jabalíes no van a ser la única especie adaptada a los entornos urbanos y periurbanos que, aprovechando oportunidades, se acercaran a las ciudades para buscar comida. En el próximo artículo detallaré qué podemos hacer para mejorar nuestra convivencia con el jabalí.

AutoraHelena Escoda Casas, Historiadora y antrozoóloga, profesora de ciencias sociales

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