En los últimos tres o cuatro años el veganismo ha aumentado de una manera asombrosa. La industria alimentaria se ha dado cuenta de que somos un nicho de mercado importante y está haciendo todo lo posible por aprovechar este filón. Destaca el auge de procesados veganos. 

Procesados

De un tiempo a esta parte, las estanterías de las tiendas, supermercados y grandes superficies se han ido llenando de una interesante variedad de productos con el sello “vegan”. Hemos pasado de tener que buscar la bebida vegetal o el tofu en comercios específicos, a contar con un montón de marcas y variedades disponibles, en prácticamente cualquier tienda.

Pero aún hay mucho más. En la zona de refrigerados encontramos un montón de yogures de soja de diferentes sabores; en la parte de congelados, tenemos pizzas, croquetas, albóndigas o platos preparados, como lasaña, currys, pastas,  todo 100% vegetal. Si nos vamos a la sección de precocinados, nos costará escoger entre una gran variedad de tipos de humus, y tenemos también distintas clases de tofu, hamburguesas, salchichas, tortilla, empanadillas, falafel, quesos y embutidos veganos. Podemos comprar mayonesa, bollería, patés, sushi y en definitiva, una versión vegana de casi cualquier producto tradicional.

Incluso las grandes cadenas de comida rápida se están subiendo al carro y muchas ya incluyen en su carta una o varias alternativas 100% vegetales. ¿Es esto una buena noticia? Pues sí y no. Por una parte, este increíble aumento de la oferta, significa que existe una mayor demanda de esta clase de productos. El hecho de que en una misma superficie comercial, el consumidor pueda elegir entre unas albóndigas de soja y unas tradicionales, amplía las posibilidades de que la balanza se incline hacia la opción vegetal, en detrimento de la cárnica.

Esta revolución veggie, ha contribuido también a facilitar la vida social de la población vegana. Algo tan simple como tomar un café con leche era complicado hace unos cinco años, ya que no había demasiados sitios donde tuviesen bebida de soja. Hoy día, prácticamente en cualquier cafetería tienen una o varias alternativas vegetales. Salir a comer también podía ser una odisea, a menos que fueses a un establecimiento específicamente vegano, porque incluso en los restaurantes vegetarianos, gran parte de la carta incluía queso, leche o huevos. Por no hablar del concepto “vegano”, que resultaba tan desconocido que había quien se creía que era un gentilicio. Otros lo asociaban a una postura radical, cayendo en clichés bastante alejados de la realidad. Hoy día, todo el mundo sabe lo que es el veganismo, y ya se ve como un estilo de vida totalmente accesible, lleno de posibilidades, y no como la dieta restrictiva que se pensaba que era.

Una alimentación vegana equilibrada se basa en verduras, hortalizas, frutas, frutos secos, legumbres, cereales y semillas

Además de tentar a consumidores que, eventualmente, prefieran tomar un menú vegano, el hecho de disponer de versiones 100% vegetales de muchos platos habituales, hace que la transición sea más sencilla para aquellos que quieran prescindir definitivamente de productos de origen animal. Pero, ¿no parece incoherente que, siendo vegano, te comas una hamburguesa o un bocata de chorizo? A todos nos han dicho esto alguna vez, ¿a que sí? La realidad es que renunciar a determinados alimentos, no implica rechazar el sabor de esos alimentos. Al fin y al cabo todos hemos crecido en el marco de una cultura gastronómica y estamos acostumbrados a muchos platos que han formado parte de nuestra vida. Así que, ¿por qué no reproducirlos en su versión vegana? Hoy día, quien decide pasarse a lo veggie ya no tiene por qué conformarse con una ensalada y unas patatas fritas, ni romperse la cabeza planificando sus comidas fuera de casa. Y eso es algo muy positivo. Pero hay que ver también la otra cara de la moneda. Los expertos en nutrición están comenzando a alertar contra este auge de procesados veganos en tiendas y supermercados. Porque lo que, a priori se ve como una buena noticia y un avance para la difusión de un estilo de vida, puede llegar a tener repercusiones negativas en nuestra salud.

Y es que debemos tener muy claro que los productos ultraprocesados no son más saludables por ser veganos. En algunos casos, incluso lo pueden ser menos, porque están elaborados con ingredientes poco recomendables como grasas saturadas, azúcares añadidos, aceites vegetales refinados o un porcentaje excesivo de sal.

La mayoría de las bebidas vegetales, así como los yogures, son productos ricos en azúcares añadidos. Igual que las galletas y la bollería apta para veganos, que además incluyen algún tipo de grasa no saludable. Los embutidos, hamburguesas o salchichas no aportan tanta proteína como pensamos, ya que suelen ser una mezcla de almidones, con aceites vegetales, algo de soja, saborizantes y mucha sal. Lo mismo ocurre con la mayoría de los quesos.

Procesados

¿Necesitamos realmente todo este repertorio de productos procesados que nos está ofreciendo la industria alimentaria? Absolutamente no. Una alimentación vegana equilibrada se basa en verduras, hortalizas, frutas, frutos secos, legumbres, cereales y semillas, y con todo esto, las combinaciones que podemos hacer son infinitas. También podemos consumir tofu, soja o seitán tal cual, o bien escoger aquellas marcas cuyas etiquetas nos garanticen unos ingredientes de calidad, como algunos sustitutos de carne a base de proteína, quesos elaborados con frutos secos o bebidas vegetales sin azúcares añadidos.

Hemos llegado a un punto muy interesante en el que el veganismo está al alcance de todo el mundo, y aunque siga siendo una opción minoritaria, ya no se vincula con un estereotipo de persona particular (el hippy, el espiritual, el rebelde): es un estilo de vida que puede encajar con cualquier persona. Todo este aumento de productos veganos a la venta nos ha demostrado el poder que tenemos los consumidores, y cómo nuestros hábitos de compra pueden modificar las estanterías de los supermercados. Hace diez años, una conocida marca de embutidos, se burlaba de los vegetarianos en uno de sus spots y hoy cuenta con una amplia gama de productos 100% vegetales. Entonces, ¿por qué no exigir productos de mejor calidad, menos procesados, y con ingredientes saludables?

Es importante que, en esta euforia ante cada novedad veggie que sale al mercado, no perdamos la capacidad de alimentarnos con conciencia, cuidando lo que comemos y sabiendo elegir lo que le conviene a nuestro cuerpo. Reivindicar un mundo más justo y luchar contra la explotación animal y medioambiental no está reñido con cuidar la propia salud. Sin embargo, nos estamos dejando arrastrar por la industria de los ultraprocesados, y el pronóstico no es muy bueno.

Es importante que no perdamos el foco y optemos por un consumo más responsable, basado en lo que ya se conoce como comida real, es decir, materias primas vegetales en su estado original. Dejemos los calamares veganos y las hamburguesas para ocasiones puntuales.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales.

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