Todos los productos transformados que son vendidos como alimentos, por imperativo legal, deben comercializarse con etiquetas que detallen su información nutricional y país de origen, de acuerdo con el Reglamento Nº 1169/2011, el cual establece que deben declararse, además de los ingredientes, el valor energético (calorías), las grasas, las grasas saturadas, los hidratos de carbono, los azúcares, las proteínas y la sal. Todas estas referencias deben presentarse en el mismo campo visual y el fabricante puede añadir más datos si lo considera oportuno.

¿Cómo leer las etiquetas de los alimentos envasados y procesados?

Los ingredientes deben aparecer ordenados de forma decreciente en función de su porcentaje total en la composición, es decir: el primer ingrediente es aquél que se encuentra en mayor cantidad y sucesivamente.

La información sobre los alérgenos debe indicarse en la lista de ingredientes, pero debe destacarse mediante una composición tipográfica distintiva. Cuando se indica que un alimento puede contener trazas de otros (normalmente potenciales alérgenos), significa que el producto ha sido envasado en una planta donde también se allegan estos comestibles, aunque no formen parte de su propia composición. Esta información es necesaria para las personas alérgicas o celíacas, dado que la contaminación por cruce podría poner en riesgo su salud.

Algunas etiquetas contienen símbolos o sellos de certificación, como p. ej. la espiga barrada, símbolo internacional que indica que el producto es sin gluten, regulado por la AOECS (Sociedad de Asociaciones de Celíacos de Europa). En España, FACE es una de las encargadas de otorgar esta certificación. La certificación de ADILAC (Asociación de intolerantes a la lactosa España) identifica los productos que no contienen lactosa y garantiza que cumplan con los requisitos de seguridad. La EuroHoja es el sello de certificación europea que garantiza que un producto es ecológico. En España la entidad certificadora es el CAAE. Respecto a los productos veganos, con finalidades comerciales cada vez más empresas incorporan esta denominación y en algunos casos podemos encontrar el sello de la Vegan Society.

Los aditivos a menudo aparecen bajo una denominación abreviada, la letra E- seguida de tres números, el primero de los cuales indica el grupo al que pertenecen

Los alimentos no envasados, aquellos envasados que únicamente contengan un sólo ingrediente y las bebidas con un grado alcohólico volumétrico superior a 1,2% están exentos de etiquetado nutricional. No obstante, es obligatorio indicar el país de procedencia y si el producto ha estado almacenado junto a potenciales alérgenos (trazas).

A pesar de la regulación del etiquetado, no todos los consumidores están preparados para entender qué significan los datos declarados en las etiquetas, por ello, en muchas ocasiones es relativamente fácil confundir o malinterpretar la información. Si dentro de lo posible, queremos evitar los aditivos y los procesados, podemos tener en cuenta algunos consejos prácticos.

Es mejor evitar los envasados cuya lista de ingredientes es muy larga, porque suelen ser los que contienen más aditivos. Por lo contrario, los productos poco procesados suelen tener una lista corta y entendible. Los aditivos son sustancias que se añaden a los alimentos, lo más comunes son: conservantes, colorantes, emulgentes, saborizantes, como el azúcar y la sal. En la mayoría de los casos son de facto innecesarios y su empleo se debe a objetivos comerciales. Los aditivos a menudo aparecen bajo una denominación abreviada, la letra E- seguida de tres números, el primero de los cuales indica el grupo al que pertenecen. La clasificación es la siguiente: E-1 corresponde a los colorantes, E-2 a los conservantes, E-3 a los antioxidantes, E-4 a los emulgentes y texturizantes, E-5 a los reguladores de la acidez, E-620 a E-635 a los saborizantes, E-901 a E-904 a los recubrimientos y E-950 a E-967 a los edulcorantes. Algunos de los aditivos encriptados bajo una E son de origen animal, por lo tanto no son veganos, los cuales son: E-120 cochinilla, E-441 gelatina bovina y porcina, E-901 cera de abejas, E-913 lanolina, E-966 lactitol (lactosa) y E-1105 lisozima (clara de huevo).

Para encontrar más información sobre los aditivos y sus posibles efectos negativos sobre la salud, es muy recomendable consultar el libro de Corinne Gouget: Peligro: los aditivos alimentarios.

Autora: Helena Escoda Casas, Activista por los derechos de los Animales.

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