La transición al veganismo puede ser una etapa complicada para algunas personas. Si bien es un cambio muy satisfactorio a nivel psicológico y físico, puede implicar algunas dificultades en el ámbito social y familiar. A pesar de que es un estilo de vida que se ha popularizado mucho en los últimos años, aún está vinculado a una serie de mitos que las personas menos informadas no dejan de repetir.

Cómo interactuar con nuestros familiares en nuestra transición al veganismo

Cada vegano tiene su propia experiencia, pero todos coinciden en que las reacciones no suelen ser buenas. Algunas personas lo toman como un ataque personal y se sienten cuestionadas ante alguien que ha decidido transitar hacia una postura vital más ética.  Entienden el veganismo como una crítica hacia algo que han estado haciendo durante toda su vida y la respuesta es defensiva. Todos hemos sido sometidos a baterías de preguntas, algunas de curiosidad genuina y otras con la intención de encontrar un resquicio de incoherencia que desmonte el argumento vegano.

También es frecuente el miedo a que alguien trate de hacerles reflexionar sobre el tema o que les explique cosas que realmente no quieren escuchar. Esto provocaría un fuerte dilema moral al que la mayoría no quiere enfrentarse. Al fin y al cabo, se trata de romper con años de costumbre, con la tradición y con ideas respaldadas por todo el conjunto de la sociedad. Es decir, nadar contra corriente. Y esto es algo que mucha gente no está dispuesta a hacer.

En casa, la noticia tampoco sienta muy bien. Igualmente, se percibe como una crítica personal. No podemos olvidar que la gastronomía es una parte importante en las relaciones sociales, una especie de lazo de unión. En el caso de la familia, son nuestros padres quienes nos han provisto del alimento necesario para hacernos crecer y mantener nuestra salud. Así que es bastante razonable que, de forma subliminal, se entienda como un rechazo al propio vínculo familiar. Otro punto de conflicto suele ser la salud, a causa de la cantidad de prejuicios que existen sobre la dieta 100% vegetal. Apenas recibimos educación nutricional más allá de las típicas coletillas que se repiten sin ser verificadas. “Hay que comer de todo, la proteína animal es más completa, hay que tomar leche para mantener los huesos fuertes, sin comer carne desarrollas anemia…” estos son solo algunos ejemplos. Así pues, una vez asumido que se trata de una decisión afianzada, que no es una dieta temporal o un capricho de moda, la familia comienza a preocuparse por la salud del nuevo vegano. Algo que se hace más difícil en el caso de los adolescentes. Las familias que se oponen a este cambio de dieta, están mal informadas y, a causa de este desconocimiento y de muchos prejuicios, se sienten alarmados.

También existen dificultades más prácticas. De repente, no saben qué cocinar o como adaptar los platos típicos de la familia en las fiestas y reuniones y esto se percibe como un fastidio más. Que la convivencia sea todo lo agradable y cordial posible dependerá de la actitud de las dos partes. Algo que es complicado cuando ambas se cuestionan y se genera un conflicto que puede ser difícil de resolver. Para que esto no suceda, es conveniente seguir algunas pautas, tanto en el ámbito social como en el familiar.

Proporcionar información sobre nutrición. Cuando la familia teme que podamos dañar nuestra salud, es muy buena idea ofrecerles información nutricional. Ha de ser documentación autorizada y avalada por profesionales nutricionistas, asociaciones dietéticas u organizaciones de salud que avalen esta opción. Estas son algunas.

  • Organización de las Naciones Unidas
  • Organización Mundial de la Salud
  • Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas
  • Comité de Médicos por una Medicina Responsable
  • Fundación Mundial para la Investigación del Cáncer
  • Instituto Americano para la Investigación del Cáncer
  • Asociación Americana de Dietética
  • Asociación de Dietistas de Canadá
  • Departamento de Agricultura de los EEUU
  • Academia Americana de Pediatría
  • Asociación Dietética de Nueva Zelanda

veganismo y familia

También puede ser conveniente acudir a un dietista o nutricionista que planifique un menú semanal, en especial si se trata de un vegano en etapa de crecimiento. Pero hay que saber elegir al profesional adecuado que tenga conocimientos suficientes sobre este tipo de alimentación.

Evitar la confrontación ideológica. Cuando alguien se hace consciente de hasta qué punto el especismo está inserto en nuestras vidas, es inevitable querer “despertar” a los demás. Además, el paso al veganismo suele estar precedido por un aluvión informativo sobre el maltrato animal que incluye imágenes de gran impacto emocional. El desagrado de compartir mesa con personas que están comiendo productos animales puede ser muy intenso. Sin embargo, iniciar un debate para hacer ver a los demás que su actitud es inmoral, no es un buen camino. Hay que tener siempre en cuenta el contexto cultural y asumir que algunas personas están más sujetas que otras a la tradición y a la presión social.

Saber cómo y cuándo entablar un debate. Hay algunos momentos más apropiados que otros para compartir información y debatir sobre el tema. Una comida familiar o una cena con amigos no son buenos momentos porque se va a generar un fuerte rechazo. También hay que saber dosificar esta información y presentar nuestros argumentos poco a poco desde una postura conciliadora y didáctica. No se trata de tener la razón sino de motivar  la reflexión.

Respetar y ser empáticos. En muchas ocasiones el vegano es objeto de burlas crueles y de comentarios muy impertinentes. En estos casos es mejor zanjar la conversación, cambiar de tema o marcharse. En cualquier relación entre humanos debe prevalecer el respeto y si los ataques son constantes, acosadores o demasiado hirientes, tal vez haya que replantearse esa amistad o ese vínculo familiar. Igual sucede en el sentido contrario. Tratar de provocar sentimientos de culpa en las personas de nuestro entorno, no es una buena estrategia, de hecho, es un chantaje emocional que suele conseguir el efecto contrario al deseado. La empatía mutua es imprescindible en cualquier acto comunicativo constructivo.

Negociar y conciliar. Una vez inmersos en el veganismo, toca sentarse a la mesa. Aquí hay que saber negociar, sobre todo en ocasiones especiales en las que se reúne toda la familia. Es un hecho que algunos platos tradicionales pueden herir la sensibilidad de la persona vegana y hacer que pase una velada muy desagradable. Lo ideal es seleccionar un menú que agrade a todos y que se pueda preparar en dos versiones, una vegana y otra no. Ponerse el delantal y cocinar nuevos platos, es otra forma de demostrar que la gastronomía vegana es variada y deliciosa. Así, podemos despertar la curiosidad de los demás comensales. Por algo se dice que a las personas se las conquista por el estómago.

No perder el foco. El simple ejemplo de que se puede vivir vegano y gozar de una buena salud, puede ser mucho más eficaz que una larga batalla por convencer a los demás de que nuestra postura es la correcta. Intentar forzar la toma de una decisión nunca da resultado y además, puede crear una rivalidad muy agotadora. Será mucho más productivo enfocar toda esa energía en otros aspectos del activismo.

Autora: Noemí Alba, activista por los derechos de los animales

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