En la Historia de la Humanidad la dominación ha sido un denominador común en las relaciones interpersonales, en nuestra relación con el resto de especies y con el medioambiente. Hoy hablaremos de feminismo y veganismo.

Feminismo y veganismo Carol J. Adams (1990), The sexual politics of meat (La política sexual de la carne)
Carol J. Adams (1990), The sexual politics of meat (La política sexual de la carne)

La dominación por la fuerza que otorga el poder, reduciendo a cualquier ser que sea o parezca menos fuerte, más pequeño, inofensivo o vulnerable. En este mundo, las opresiones no son independientes entre sí, están totalmente interconectadas, por ello, la solidaridad también debe converger, al menos, así lo expresó Angela Davis, filósofa, activista feminista afroamericana y profesora del Departamento de Historia de la Conciencia en la Universidad de California, en Santa Cruz. En la década de los años 70 del Siglo XX, las feministas afroamericanas trabajaban tanto por los derechos de las mujeres como por los derechos civiles y empezaron a percatarse que género y raza eran cuestiones interconectadas. El movimiento feminista de aquel entonces, no hablaba de raza y el movimiento por los derechos civiles no hablaba de género. Así, desarrollaron una teoría y práctica llamada interseccionalidad, término que no era nuevo, pero que obtuvo reconocimiento formal cuando Kimberle Crenshaw lo acuñó en 1989.

Del mismo modo que Kimberle Crenshaw acuñó el término interseccionalidad evidenciando que el aspecto de género se obviaba en la lucha por la igualdad racial, la escritora americana Carol J. Adams en 1990 publicó su obra más célebre: The sexual politics of meat (La política sexual de la carne, traducida al castellano por Ochodoscuatro Ediciones), en la cual trata sobre la interconexión entre feminismo y antiespecismo haciendo un paralelismo entre los animales que son usados para comida y las mujeres que son utilizadas para el reclamo sexual.

Desde sus inicios, la genealogía del pensamiento occidental concibió a la mujer como un ser subordinado al hombre y como su herramienta de reproducción. El concepto Derechos para los Animales fue entrelazado en un tratado de filosofía por primera vez como ironía burlesca en respuesta al primer manifiesto feminista escrito por una mujer, La Vindicación de los Derechos de la Mujer (1772), escrito por la británica Mary Wollstonecraft. Un ensayo en el cual la autora defendía a la mujer como ser racional y como tal, su derecho a poder acceder a la educación, dado que, si la mujer tenía vetado el derecho a poder desarrollar sus capacidades intelectuales, siempre permanecería en desventaja respecto al hombre. Para Wollstonecraft la formación era básica en las lucha por los Derechos de la Mujer, por ello, devino el blanco de todo tipo de burlas y escarnios.

En el ensayo La Vindicación de Brutus, el prestigioso filósofo Thomas Taylor, profesor de la Universidad de Oxford, pedía también «derechos para los animales», pues según Taylor, si el razonamiento de Wollstonecraft que abogaba por los derechos de las mujeres se podía admitir como racional, entonces, las bestias también deberían tener sus derechos. Taylor y su entorno creyeron haber conseguido reducir a lo más absurdo la tesis de Wollstonecraft.

Sin embargo, la ridiculización de las mujeres que abogan por las luchas interseccionales no quedó como una cuestión de debate del siglo XVII. En 1974, la pensadora libertaria y militante del Partido Comunista Francés, Françoise de Eaubonne, introdujo un nuevo concepto en el pensamiento occidental, el Ecofeminismo, el cual describió ideológicamente en libro homónimo que publicó en 1978. Eaubonne planteaba una analogía entre las luchas feminista y ecologista, a través de la toma de conciencia en relación con la causa de la mujer y la desastrosa degradación del medio ambiente, derivada tanto de las políticas del bloque capitalista, que permitía la destrucción del planeta para el enriquecimiento monetario, como de las del bloque comunista, que destrozaba los ecosistemas en nombre del progreso colectivo. El nuevo concepto, para nada obtuvo una buena acogida. Sin embargo, parece que el tiempo ha hablado. Actualmente, cualquier lucha que no contemple la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres junto con el respeto al medio ambiente es considerada una causa incompleta e incongruente.

Tanto las reivindicaciones feministas como las veganas defienden que las mujeres y resto de seres sintientes (animales no humanos) no pueden ser tratados como meras herramientas, objetos o bienes de posesión

La explotación de los animales reproduce el mismo patrón que sostiene la estructura del sistema socioeconómico capitalista patriarcal, basado en la apropiación de la riqueza generada por el esfuerzo de la clase trabajadora y que desprecia el trabajo femenino y se apropia de la prole.

Tanto las reivindicaciones feministas como las veganas defienden que las mujeres y resto de seres sintientes (animales no humanos) no pueden ser tratados como meras herramientas, objetos o bienes de posesión, sino que deben ser considerados sujetos con derechos. Gracias a la larga e incansable lucha feminista por la igualdad, el machismo es rechazado en los niveles más conscientes de la sociedad. No obstante, el especismo, el pensamiento social que normaliza la explotación de los animales, es una forma de discriminación y abuso asumida por la mayoría de hombres y mujeres en las distintas culturas humanas antropocéntricas.

A pesar de que todos los animales explotados por la ganadería sufren vidas miserables, el animal hembra es doblemente explotado por el hecho de ser hembra. La reproducción artificial de los animales en granjas hasta límites irracionales, con el fin de aumentar la productividad ganadera, los tratamientos hormonales y la selección artificial para producir más leche en las vacas, más huevos en las gallinas y más crías en todas las hembras sea cual sea su especie, son ejemplos claros de un sistema diseñado para explotar a los cuerpos femeninos.

Autora: Helena Escoda Casas, Activista por los derechos de los Animales, Licenciada en Historia (UAB)

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