vegano ecológico

Artículo de Ángeles Parra, Presidenta de la Asociación Vida Sana y Directora de BioCultura, publicado en la contraportada del primer número de Bueno y Vegano.

Lo vegano está de moda. Una activista como yo, con más de 40 años en el ovolacteovegetarianismo activo, no puede estar más contenta por ello. Por lo menos, ahora ya nadie se extraña cuando, si tienes que comer fuera de casa, hagas hincapié, ante el camarero de turno, en que la ensalada no lleve ni atún ni fiambres…

Ahora bien, hay algunas cosas que decir al respecto de todo este asunto. Lo primero es que me alegro mucho de que aumente el consumo de productos veganos. Faltaría más. Nosotros  también hemos contribuido a todo ello desde la Asoc. Vida Sana y desde todas las campañas que hemos llevado desde la entidad, desde BioCultura, desde The Ecologist, etc.

Pero, bajo la perspectiva holística, lo mejor es que, además de ser veganos, esos alimentos sean, por supuesto, ecológicos

Si no lo son, si no se pone el acento en ello, el proceso vegano se queda en la mitad del camino. No me cansaré de decirlo. Por activa y por pasiva.

Me mueve principalmente el hecho de que una agroindustria tóxica no es buena para nadie: empezando por los propios agricultores  que soportan sobre su salud problemas de todo tipo, el cóctel químico que llega a nuestros platos procedente de esos fitosanitarios y fertilizantes químicos usados; y, por supuesto, por lo que la contaminación química supone para la salud de nuestro planeta.

La agricultura convencional utiliza muchos productos diseñados para la muerte. Debemos comprender que en los cultivos de la agricultura industrial se matan cada día a miles y miles de seres vivos: insectos, pequeños roedores, pájaros, anfibios… También son animales. No vemos esas muertes, pero están ahí. La agricultura química mata, asesina… Lo hace silenciosamente, pero lo hace, y de forma indiscriminada y salvaje.

Tampoco quiero dejar de decir que si somos veganos es porque odiamos la violencia y la agresividad. Y esto conlleva ser tolerantes también con esos otros “animales” que son nuestros amigos, familiares… humanos. Si ellos no han elegido el camino del veganismo, como nosotros, debemos ser pacientes.

Otro asunto, que no es baladí, es el asunto de la humildad. He visto, en estos años, algunas actitudes en veganos que no me han gustado. ¿De qué hablo? De un mirar por encima del hombro a los que no lo son. De presumir de una cierta autoridad moral en personas que están cargadas de defectos de todo tipo, por más que no consuman nunca proteína animal. Todo lo bueno que tiene el veganismo cae en saco roto si no tenemos en cuenta que tenemos que ser conscientes de que, por encima de todo, la humildad es lo que nos hace grandes y de que ningún hábito hace al monje. Ni siquiera el veganismo.

Lo primero, humildad. Lo segundo, desapegarse de los resultados que creamos que tienen que conllevar nuestras prácticas cotidianas. Lo tercero, olvidarse de salvar al mundo si no aspira uno primero a cambiarse a sí mismo, no solo en lo alimentario, sino también en todo lo demás.

Y lo más importante: no creemos guetos. Los guetos no sirven para nada

Abramos las puertas de nuestras conductas alimentarias para que otros aprendan de ellas. Con buenas maneras, humildad, elegancia, mano izquierda, saber hacer, paciencia, serenidad… Es muy importante, en muchos sentidos, tanto de derechos animales como medioambientales, que descienda el ingente porcentaje de proteína animal que hoy desborda todas las previsiones.

Cualquier actitud en este camino sea bienvenida. No seamos talibanes. No conduce a ningún sitio. Lo digo por experiencia. Es posible que hasta, según cómo, ciertas actitudes demasiado proselitistas y fanáticas creen el efecto contrario al deseado. Y ni los animales ni el planeta se lo pueden permitir.

Ángeles Parra, Presidenta de la Asociación Vida Sana y Directora de BioCultura
Bueno y Vegano Mayo 2017

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