El Ministerio de Ciencia anunciaba, en el año 2018, que el Instituto Español de Oceanografía (IEO) había logrado un hito científico: criar pulpos en cautividad, algo que no se había hecho nunca hasta ahora, al menos a nivel comercial. Poco tiempo después, Nueva Pescanova adquirió la patente de este método de cría con la intención de ponerse rápidamente manos a la obra para construir una gigantesca piscifactoría en Gran Canaria, que se convertiría en la primera granja de pulpos del mundo. El objetivo era que estuviese construida y funcionando ya para 2023, pero la pandemia parece estar retrasando el proyecto, aunque todo sigue adelante, a pesar de la polémica y las protestas que está suscitando tanto en España, como fuera de nuestras fronteras.

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La creación de este gran criadero de pulpos ha generado problemas y críticas desde el principio. El Ministerio de Ciencia no ha respondido a las dudas planteadas por algunos medios, y esta falta de transparencia ha sido uno de los principales puntos de denuncia por parte de las organizaciones medioambientales. Eneko Aierbe, portavoz de área marina de Ecologistas en Acción, ha declarado que se trata de un proyecto envuelto en un gran secretismo, del cual apenas se conocen datos acerca de cómo se van a realizar las diferentes acciones relacionadas con la cría de un animal destinado al consumo humano. Tampoco Nueva Pescanova ni el Ministerio quieren aportar información sobre el estado en el que se encuentra la ejecución del proyecto.

Aun así, muchas asociaciones ecologistas están organizándose activamente para oponerse a su apertura. La campaña #SaveTheOctopuses está dando la vuelta al mundo y entidades de todos los continentes se han adherido al manifiesto. La BBC ha podido acceder a documentos confidenciales en los que se detallan algunas de las características de la próxima granja de pulpos de Nueva Pescanova. Con este gigantesco criadero se pretende criar en torno a un millón de pulpos al año, unas 3.000 toneladas, para vender su carne en todo el mundo, especialmente a mercados con gran demanda de este producto como Japón, Corea del Sur y EE.UU. En 2021, la London School of Economics publicó una revisión donde afirmaban estar convencidos de que el bienestar en las granjas de pulpos es imposible. Además, recomendaba al Gobierno británico prohibir la importación de carne de pulpo producida bajo estos métodos. El estado de Washington, en Estados Unidos, también propone prohibir este tipo de criaderos. Estos cefalópodos, que son animales predominantemente solitarios, tendrán que vivir hacinados en estas granjas de cría intensiva. Además, el método de sacrificio que se plantea ha sido calificado como cruel, ya que se pretende sumergirlos en agua helada a -3ºC para que mueran congelados. El pulpo es un animal carnívoro que se alimenta de otros peces, por lo que la crianza también plantea serios problemas medioambientales, puesto que podría generar una sobreexplotación de los mares para poder cubrir sus necesidades alimenticias.

Su capacidad de distinguir y recordar interacciones sociales indica un nivel de complejidad emocional que no ha dejado indiferente a científicos y expertos

Aunque nuestro último antepasado común con los pulpos se remonta a 500 millones de años, los estudios han encontrado curiosas similitudes con los seres humanos. Detrás de sus peculiares ojos penetrantes, su cerebro funciona de una manera sorprendentemente parecida a la nuestra. Estas similitudes se conocen como convergencias evolutivas y nos muestran cómo el medio ambiente y la evolución van moldeando nuestros órganos y nuestro comportamiento de una forma semejante. Los pulpos tienen una naturaleza curiosa y les encanta explorar, un rasgo que también es muy humano. Se sabe también que son animales con una gran inteligencia, una característica que en etología se conoce como cognición. Las habilidades cognitivas son los procesos que permiten a un animal percibir y recopilar información del entorno para después procesarla, transformarla y retenerla y poder tomar decisiones destinadas a conseguir algo que proporcione bienestar. Una de las áreas más activas en el cerebro del pulpo es el hipocampo que es, precisamente, la estructura más importante vinculada a los procesos de aprendizaje y la memoria.

En cuanto al comportamiento, se ha comprobado que los pulpos son flexibles y se adaptan. Son capaces de ajustar su acciones y decisiones a situaciones nuevas, lo que demuestra de nuevo, sus capacidades cognitivas. También pueden imitar comportamientos ajenos, si ello les conviene; usar herramientas para resolver problemas complejos e idear estrategias de caza asociándose con otros individuos, incluso con otras especies.

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Los sentidos de los pulpos también son extraordinarios. Sus ojos son muy avanzados y pueden detectar polarización de la luz, gracias a lo cual tienen una visión muy detallada que les ayuda a ver aspectos del entorno que otros animales no pueden percibir. Sus característicos tentáculos están llenos de receptores químicos que les permiten «oler» y «saborear» simplemente a través del contacto. En cuanto al mundo emocional de los pulpos, también es un campo de estudio fascinante. Hay evidencia de que sienten estrés, dolor, y posiblemente, algo parecido a la satisfacción. Se ha observado que pueden reconocer a individuos humanos y comportarse de forma diferente con quienes les tratan bien o mal. Esta capacidad de distinguir y recordar interacciones sociales indica un nivel de complejidad emocional que no ha dejado indiferente a científicos y expertos.

El pasado 19 de abril tuvieron lugar una serie de conferencias tras las cuales se firmó la Declaración de Nueva York sobre la Consciencia Animal, en la que participaron más de 200 investigadores. Este Congreso de ciencia aporta estudios que demuestran, gracias a los últimos avances de la neurociencia, que numerosos organismos del reino animal cuentan con las estructuras cerebrales que producen la conciencia.

Los activistas de PACMA y Peta están uniendo sus fuerzas para luchar contra lo que aseguran que es un paso atrás en una sociedad que debería tender hacia la empatía

Pero, ¿qué es la conciencia, exactamente? El término se refiere a la capacidad de un animal para tener conocimiento de sí mismo y de su entorno. La conciencia también se relaciona con la sensibilidad, es decir, la capacidad de experimentar sensaciones y de tener experiencias emocionales subjetivas como miedo, alegría, dolor, placer y otras emociones. En el texto de la declaración se incluyen específicamente a los pulpos, además de otros invertebrados, a los que se atribuye la capacidad de experiencias conscientes. «Cuando existe una posibilidad realista de experiencia consciente en un animal, es irresponsable ignorar esa posibilidad en las decisiones que afectan a ese animal. Deberíamos considerar los riesgos para el bienestar y utilizar la evidencia para informar nuestras respuestas a estos riesgos», añade el manifiesto.

Aunque la inteligencia no debería ser una condición para el respeto, lo cierto es que las capacidades de los pulpos convierten a esta macrogranja en un proyecto aún más siniestro. Los activistas de PACMA y Peta están uniendo sus fuerzas para luchar contra lo que aseguran que es un paso atrás en una sociedad que debería tender hacia la empatía. Para tratar de impedirlo, se están realizando actos coordinados y simultáneos en diferentes países. Mientras tanto, la demanda de pulpo aumenta, de ahí a que el cultivo de este cefalópodo sea un proyecto tan interesante para la industria, a pesar de ser incompatible con las políticas medioambientales de la Unión Europea además de una aberración ética. La clave, una vez más, está en las decisiones de los consumidores. Es hora de tomar responsabilidad de nuestros actos si queremos apostar por un planeta habitable y algo más amable para todas las especies.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

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