El faisán es un ave que no nos es muy conocida. Nos suena de alguna serie o película de época donde miembros de la aristocracia o de clase alta salen al bosque, escopeta al hombro, a disfrutar de un intenso día de caza. Las primeras sociedades civilizadas que dominaron la agricultura y la ganadería criaban faisanes para su consumo. Esto se sabe porque se han encontrado restos que, tras someterse a pruebas bioquímicas, revelaron que habían sido alimentados casi exclusivamente a base de mijo, un cereal cultivado por humanos.

123rf Limited©thisislover. Faisán enjaulado

Sin embargo, con el paso del tiempo, y la domesticación de otras aves que crecen más y más rápidamente, la carne de faisán pasó a convertirse en un producto de lujo. Lamentablemente, esto no significa que el humano les otorgue un trato más amable o los sacrifique en menor número. La realidad de los faisanes en la actualidad es tan cruel y tan triste como la de todos los animales que han tenido la desgracia de compartir planeta con nuestra especie.

El faisán común (Phasianus colchicus) es un ave Galliforme, que quiere decir con forma de gallo. Tiene un tamaño parecido a la gallina y también presenta dimorfismo sexual. Los machos tienen una cola larga muy característica y plumas muy coloridas, mientras que las hembras son pardas o amarillentas para poder camuflarse mejor. Pueden volar distancias cortas, pero prefieren moverse andando o corriendo. Pasan el día picoteando en el suelo y se alimentan de frutos, semillas, hojas y pequeños bichos que encuentran a su paso. Por la noche se suben a las ramas de los árboles para dormir protegidos. Son aves gregarias, que les gusta estar en pequeñas bandadas, y son tímidas y asustadizas.

Se dan baños de tierra para limpiar sus plumas y se avisan unas a otras cuando perciben algún peligro. Hay un montón de subespecies de faisán en todo el mundo, aunque la especie original proviene de Asia.

La realidad de los faisanes en la actualidad es tan cruel y tan triste como la de todos los animales que han tenido la desgracia de compartir planeta con nuestra especie

Entonces, si hay faisanes por todo el mundo, ¿por qué la mayoría de nosotros no hemos visto siquiera uno en estado silvestre? Estas aves, al igual que ocurre con las perdices, son criadas en cautiverio en granjas cinegéticas para después repoblar los cotos de caza. Esto quiere decir que apenas han podido desarrollar su instinto natural de supervivencia. Su estado físico tampoco es el adecuado para desenvolverse en el medio salvaje, ya que su musculatura y su plumaje tampoco se han desarrollado de forma óptima. Esto las hace tan vulnerables ante predadores y cazadores, que incluso algunos aficionados a la cinegética, consideran este tipo de caza poco deportiva.

La finca Mochares, situada en la provincia de Toledo, es una de las pocas de España que cría faisanes en libertad. Suele tener más de cien parejas disponibles para los cazadores. Un día de caza por esta finca de 800 hectáreas cuesta en torno a los 400 euros. La caza de faisanes está mucho más arraigada en países como Francia y Reino Unido que en España, aunque aquí también se está asentando cada vez más como respuesta a la escasez de otras aves silvestres como la perdiz y la codorniz. La cría de faisanes es similar a la de las gallinas en las granjas intensivas. Los animales se mantienen hacinados en pequeñas cajas metálicas para su reproducción, donde sufren un fuerte estrés. Vivir en estas condiciones hace que desarrollen comportamientos agresivos, así que es frecuente que se piquen hasta provocarse graves heridas. Las autolesiones también son muy habituales en aves encerradas. Cuando los huevos eclosionan y nacen los pollitos, estos son trasladados a cobertizos abarrotados. De ahí puede que pasen a otra granja o directamente al coto de caza, dependiendo de los intermediarios que haya en el negocio. También se crían faisanes para su exportación. Reino Unido, precisamente, compra millones de faisanes y perdices a otros países para liberar en sus zonas de caza. Incluso importan aves vivas de Estados Unidos, que deben viajar en unas condiciones aún más deplorables que las que sufrieron en la granja.

123rf Limited©lucaar. Faisán en libertad

El destino de todos estos faisanes es el coto de caza. Las aves son liberadas en estos espacios después de haber pasado su vida en cautividad. Generalmente se hacen sueltas masivas e inmediatas para que los cazadores puedan abatirlas cuando aún están confusas y desorientadas. Sin embargo, solo unos pocos individuos recién liberados morirán rápidamente a manos de los tiradores. No todos los aficionados a la cinegética tienen buena puntería, y la cosa se complica con un animal bastante pequeño y que además puede volar. Esto quiere decir que un gran porcentaje de las aves pueden quedar gravemente heridas y morir lenta y dolorosamente, si no son recuperadas antes por el cazador o sus perros. Los faisanes que logran escapar pueden ser atropellados o depredados por otros animales a las pocas horas de la suelta. Los pocos que sobreviven, si tienen suerte, podrán ganarle a la vida un par de años más.

En España hay varias modalidades de caza de faisán. En las monterías se usan perros, que se encargan de encontrar a las aves y sacarlas de sus escondites para que el tirador pueda dispararles. El hojeo a la inglesa es otra técnica que consiste en hacer volar a los faisanes para poder abatirles cuando están en el aire. También se usan señuelos, es decir, silbatos que imitan la voz del faisán y que suele atraer a otros de su especie. Otra modalidad de caza, y quizá la más cruel, es la caza con arco, aunque por lo general los arqueros suelen preferir la caza mayor como el jabalí.

Reino Unido compra millones de faisanes y perdices a otros países para liberar en sus zonas de caza

Además de la crueldad de la cría, el transporte, la suelta y la caza, la liberación repentina de los faisanes (lo mismo ocurre con las perdices) provoca desequilibrios en los ecosistemas naturales que tienen consecuencias ecológicas muy negativas. En muchos casos, aumenta el número de depredadores, como reptiles, aves rapaces o zorros, que compiten entre sí por el alimento. Si el propietario del coto de caza cobra por pieza abatida, es muy probable que se trate de eliminar a dichos depredadores, para no ver mermadas sus ganancias. Las trampas, los cepos y la estricnina, están a la orden del día. Otro problema que hay que mencionar es el riesgo de propagación de enfermedades a la naturaleza. La gripe aviar es muy habitual en granjas, y transmitir este virus a las aves silvestres genera grandes daños medioambientales.

El faisán es un ave que se cría exclusivamente para ser cazada. Su carne no se comercializa, como ocurre con otras aves como gallinas, pollos, patos o pavos. Ni siquiera los propios cazadores se suelen llevar a casa a los faisanes que han asesinado para comérselos en la cena. Sus cuerpos son desechados y olvidados, completando así el cruel ciclo de sus vidas: nacer para ser destruidos. La caza es una actividad que provoca graves perjuicios a todos los niveles, es una lacra para el ser humano y nunca dejaremos de luchar para erradicarla.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

Suscríbete a la Newsletter y recibe Bueno y Vegano gratis cada mes en tu correo

Bueno y Vegano, tu mensual 100% vegano
Bueno y Vegano Mayo 2024