La primavera es una época del año realmente especial. Es la estación que representa el despertar de las fuerzas naturales hasta entonces latentes durante el período invernal. Se produce un aumento del dinamismo vital, se acrecienta la actividad corporal, las emociones se hacen más intensas. Asciende con más fuerza la savia de los árboles y nuestra sangre se ve impulsada con más ímpetu.

Fatiga primaveral
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Pero, así como al despertarnos por la mañana podemos hacerlo tranquilos y frescos tras el descanso nocturno, o bien cansados y trastornados por un sueño lleno de pesadillas, también el despertar primaveral puede tener el signo positivo de la fresca renovación, o, por el contrario, el signo negativo de la fatiga y el pesimismo.

Durante la fría estación, la falta de ejercicio, el escaso contacto con los agentes físicos naturales como el sol, el agua o el aire, y la alimentación con predominancia de alimentos concentrados y grasos suele favorecer la acumulación de tóxicos en la sangre y el organismo. Suelen aparecer señales de cansancio y erupciones y dolores de diversa índole (según la naturaleza de cada persona) a lo largo de esta renovación primaveral.

Una dinámica de fatiga

A medida que pasa la mañana sientes que te falta energía, bostezas. Después de comer no espabilas, es como si necesitaras una buena siesta. Al final del día caes rendida ante las pantallas, cuando la cena ha terminado, la cocina está recogida y los niños durmiendo; se te cierran los ojos y por fin te vas a la cama. Pero entonces… ¡no puedes dormir! Aunque al final acabas durmiéndote, cuando suena nuevamente el despertador, parece que te acabas de acostar.

¿Qué está pasando? El organismo, tras el invierno, está todavía en estado de hibernación. Hay varios factores relacionados, en especial con la falta de…

  • Luz solar
  • Vitaminas y minerales
  • Deporte y ejercicio
  • Un buen sueño reparador

Por eso conviene despertar al organismo. De entre los múltiples recursos naturales disponibles, esta vez vamos a ver…

La cura de fresas completa consiste en comerlas tres o cuatro veces al día sin ingerir ningún otro alimento

Las «curas» de primavera

Por curas de primavera se entiende una acción temporal sobre el organismo, sobre todo a través de un cambio de alimentación. Se venían practicando a lo largo de los siglos, pero en las últimas décadas solo los naturistas e higienistas suelen seguirlas.

Esta modificación en la dieta se verá favorecida por el ejercicio intenso, los baños de sol y de aire, y también por prácticas naturistas como la hidroterapia. En este caso: fricciones de agua fría sobre toda la piel que ha permanecido largo tiempo «a oscuras» bajo los gruesos vestidos.

Los alimentos más utilizados en las curas de primavera son las frutas de la estación (sobre todo fresas, nísperos y cerezas) y las plantas silvestres. Sea cual sea el rigor en el régimen, las condiciones imprescindibles que se imponen son la renuncia al alcohol, al tabaco, a la carne, al café y según las personas, a otros excitantes, como el cacao y el té negro (fermentado).

Alimentos más utilizados en las curas de primavera y sus efectos

La cura de primavera más eficaz es la que se compone exclusivamente de frutas, y preferiblemente con una única fruta (escogida atendiendo a las necesidades y deficiencias individuales). Se comerá de tres a cuatro veces al día la suficiente fruta como para saciar el apetito.

Así como en las últimas semanas de verano la tradicional «cura de uvas» puede alargarse bastantes días, lo más común para una cura de primavera con fresas, por ejemplo, es que no supere las dos semanas.

Los efectos generales de esta alimentación exclusiva de frutas son la eliminación de ácido úrico y otros tóxicos orgánicos acumulados, estos últimos especialmente en el hígado, y eliminados todos ellos por el riñón con la orina (que adoptará un color oscuro).

El abundante aporte de sales minerales y vitaminas produce un aumento de las defensas orgánicas frente a la enfermedad. También la evacuación intestinal se ve favorecida por el residuo de las frutas (celulosa no digerible) que arrastrará a los materiales de desecho acumulados en el intestino grueso como consecuencia del estreñimiento crónico que tantas personas suelen padecer.

Una monodieta de frutas puede producir unos efectos beneficiosos similares a los de la alimentación cruda. En esta ocasión, al ser concentrados en el tiempo, suele notarse más. Consiste en algo tan sencillo como tomar frutas en el desayuno y cena y al mediodía verduras y hortalizas crudas. Existen también variantes más moderadas, como añadir un poco de pan, o de patatas cocidas con piel, o bien tomar vegetales cocinados al mediodía.

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Plantas medicinales

En las curas de primavera, las más empleadas son: diente de león, llantén, milenrama, ortiga, achicoria, berro y acedera. Estas plantas silvestres de acción altamente depurativa pueden utilizarse tal cual, en ensaladas, o bien (si se dispone de extractor) triturándolas y extrayéndoles su jugo, del que se tomarán varias cucharadas al día antes de las comidas.

Añadir una buena tisana con plantas medicinales a esta cura también suele ser beneficioso. Como ejemplo, puede citarse el compuesto por: 10 g de hojas de menta, 10 g de trinitaria, 5 g de ajenjo, y 5 g de centaura menor por medio litro de agua.

De esta infusión se tomará una tacita por la mañana en ayunas y otra por la noche antes de acostarse. A pesar de su amargor, no hay que endulzarla; si el amargor os resulta excesivo puede reducirse la cantidad de ajenjo.

Un ejemplo: La cura de fresas

Las fresas y fresones de calidad son la fruta más empleada en las curas de primavera. Los efectos que se desprenden de su variada composición, rica en vitamina C, la hacen muy útil en diversas enfermedades como las artritis, reumatismo, diabetes, déficit de vitaminas, minerales y oligoelementos (hierro, yodo), estreñimiento, anemia y afecciones hepático-biliares.

Su actuación sobre el hígado y el riñón es magnífica. Se ha calculado que un kilo de fresas tiene el mismo poder alcalinizante que 9 g de sosa, la sustancia alcalina por excelencia.

Existen también variantes más moderadas, como añadir un poco de pan, o de patatas cocidas con piel, o bien tomar vegetales cocinados al mediodía

Esta virtud, derivada del ácido salicílico que posee, favorecerá inmensamente a las personas con artritis, reumatismo, algunas fibromialgias, exceso de ácido úrico, etc. Es ligeramente diurética y sus semillas mejoran las evacuaciones intestinales. En pocas palabras, las fresas nos ayudan de manera activa a eliminar sustancias tóxicas acumuladas. Incluso son excelentes en caso de diabetes.

La cura de fresas completa consiste en comerlas tres o cuatro veces al día sin ingerir ningún otro alimento. La duración de la cura puede ser desde 3-4 días hasta un máximo de dos semanas. También podéis tomarlas para desayunar y cenar, y organizar la comida de mediodía con otros vegetales crudos y cocidos.

Las fresas pueden ser mal toleradas por personas de aparato digestivo débil o incluso producir alergia. Para comprobarlo es necesario tomarlas solas y no como postre de una copiosa comida.

Para no hacer tan monótona esta cura, y así facilitarla, pueden acompañarse las fresas de zumo de naranja, mosto de uva o incluso (para los no veganos) con un poco de yogur o kéfir bio vegetal. Por el contrario, se desaconseja completamente bañar las fresas con bebidas alcohólicas y natas.

Una cura de fresas más o menos estricta conviene a una infinidad de personas sanas al llegar la primavera, pero sobre todo que no la olviden los gotosos: puede serles de gran ayuda. La historia nos narra cómo el botánico Linneo y otros personajes se curaban de esta enfermedad dándose «atracones» de fresas.

Autor: Jaume Rosselló, Editor especializado en salud y alimentación

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