Los medicamentos son de los productos más controvertidos para una persona vegana, ya que detrás de lo que parece una inocente pastilla suele haber sufrimiento animal. La medicina moderna es casi en su totalidad no vegana. Y no lo es por dos razones: porque muchos fármacos llevan ingredientes de origen animal y porque han sido testados en animales no humanos.

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Los medicamentos están formados por ingredientes inactivos, conocidos también como excipientes, y activos. Y muchos de ellos son de origen animal. Los tres excipientes de origen animal más frecuentes son la gelatina, la lactosa y el estearato de magnesio.

La gelatina es, sin duda, uno de los más usados. Se trata de una sustancia que se extrae del tejido conjuntivo, los huesos y los cartílagos de cerdos y bovinos, y la encontramos en cápsulas duras y blandas, pastillas y en preparaciones de liberación modificada de algunos medicamentos.

Por ejemplo, las cápsulas del Nolotil, uno de los medicamentos más polémicos y empleados en España, son de gelatina. También está presente en Lexatin, Eutirox y Omeprazol, entre muchos otros. Para que una cápsula sea apta para veganos tiene que ser de hidroxipropilmetilcelulosa (HPMC), un compuesto de origen vegetal.

La lactosa es el azúcar (disacárido formado por glucosa y galactosa) de rivado de la leche animal y se emplea en cápsulas, comprimidos y en polvos para la inhalación. Así pues, por poner sólo tres ejemplos de medicamentos empleados por la población española, la encontramos en Relvar Ellipt, Loratadina y en Citalopram, pero está en muchos más.

El tercer excipiente de origen animal muy presente en los fármacos es el estearato de magnesio, una sal de magnesio del ácido esteárico. Lo encontramos en comprimidos, cápsulas y polvos. Si bien puede ser de origen vegetal o animal, concretamente, de sebo bovino, las farmacéuticas no suelen dar información sobre su origen. Forma parte de medicinas tan comunes como Eutirox, Nolotil y Gelocatil.

Existen numerosos laboratorios en los que millones de animales sufren lo indescriptible porque el ser humano considera que ellos están aquí para servirnos

Podemos hallar otros ingredientes de origen animal en los medicamentos como la goma laca -una resina excretada por la cochinilla laca (Kerria lacca)-; el carmín -un colorante que se consigue al aplastar cochinillas-; y la lanolina -una sustancia análoga a las grasas, que se obtiene de la lana del cordero-.

Si hablamos de ingredientes activos, encontramos que la mayoría de los suplementos de vitamina D3 o colecalciferol, una forma de vitamina D, se derivan de la lanolina y no son, por tanto, veganos. Afortunadamente, existen alternativas de origen vegetal -se obtienen de determinados líquenes- que van etiquetados como tales.

La heparina, de la que tanto hemos oído hablar durante la pandemia del COVID-19, es el anticoagulante más utilizado en el mundo. Mayormente se extrae de la mucosa intestinal del cerdo, si bien hay una pequeña producción de origen bovino destinada a judíos y musulmanes. En todo caso, siempre es de origen animal, por tanto, no es apta para veganos.

Se estima que, para cubrir la demanda mundial de heparina, que va en aumento, se necesitan las vísceras de unos 1.000 millones de cerdos. Es por ello por lo que en mayo de 2023 dos grandes empresas españolas se dieron la mano: el grupo cárnico Vall Companys y la compañía farmacéutica Bioiberica presentaron Biovall Heparine Science, un proyecto empresarial conjunto que permitirá producir crudo de heparina a partir de la extracción de mucosa intestinal de cerdos.

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Laboratorios oscuros

Hasta aquí nos hemos centrado en los ingredientes de los fármacos. Ahora toca preguntarse, ¿qué papel juegan los animales no humanos durante el desarrollo de los productos? Los protocolos habituales en la industria farmacéutica requieren que todos los nuevos medicamentos se sometan a estudios de seguridad en animales no humanos antes de comenzar los ensayos clínicos en personas. Por ejemplo, la compañía farmacéutica estadounidense Pfizer explica en su página web que prueba sus fórmulas en ratas y ratones, conejos, hámsteres, conejillos de indias, hurones, perros y primates no humanos.

En España, se llevaron a cabo 817.742 experimentos con animales durante 2019, según las últimas estadísticas publicadas por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. En la Unión Europea, según datos de 2018, se utilizaron un total de 8.921.758 animales. Se usaron mayormente en investigación básica y aplicada, en estudios regulatorios destinados a garantizar la seguridad de los medicamentos y otros productos, para la producción rutinaria, y en la educación y la formación.

Existen, por tanto, numerosos laboratorios fuera de los focos mediáticos en los que millones de animales sufren lo indescriptible porque el ser humano considera que ellos están aquí para servirnos. Quizás el más conocido sea el de Vivotecnia, situado en Madrid, que hoy sigue operando y maltratando a animales, a pesar de que, en abril de 2021, la ONG Cruelty Free International (CFI) destapara escenas de extrema crueldad y de que varias organizaciones animalistas lo hayan denunciado. El vídeo publicado por la mencionada ONG constata cómo la empresa ha estado violando las leyes en materia de experimentación animal tanto nacionales como europeas: concretamente, el Real Decreto 53/2013 por el que se establecen las normas básicas aplicables sobre animales de experimentación y con otros fines científicos, la Ley 32/2007 para el cuidado de animales, y la Directiva 2010/63/EU relativa a la protección de los animales utilizados para fines científicos.

Un rayo de esperanza

A pesar del uso masivo -y abusode animales en la investigación científica, hay alternativas como son el empleo de modelos computacionales de predicción e integración de datos, la utilización de organismos tales como bacterias, hongos, algas, protozoos, plantas o invertebrados, el uso de embriones en las etapas iniciales y métodos in vitro, y el empleo de estrategias de experimentación integradas, entre otras. Y ya hay grupos de científicos que reclaman una nueva manera de hacer las cosas y que, por ello, han creado organizaciones como la Red Española para el Desarrollo de los Métodos Alternativos a la Experimentación Animal (REMA) y la Plataforma Europea de Alternativas a los Animales de Laboratorio (ECOPA).

Por otro lado, la organización británica The Vegan Society lleva años pidiendo al Gobierno del Reino Unido, con su campaña Make More Medicines Vegan, más medicamentos de origen vegetal, así como concienciar a los profesionales médicos y a los pacientes sobre las opciones veganas. Y en febrero de 2022, certificó el primer medicamento del mundo vegano: Paraveganio, un paracetamol desarrollado entre Estados Unidos y Alemania. El fármaco en cuestión ha sido fabricado por el mayorista Axunio, con sede en Hamburgo, usando una fuente vegetal del excipiente estearato de magnesio y sin testarse en animales.

Las personas veganas buscan excluir, en la medida de lo posible y practicable, todas las formas de explotación y crueldad hacia los animales… Un reto muy complicado en nuestra sociedad actual y aún más si hablamos de medicina moderna. Pero sí pueden exigir cambios en la legislación a sus gobiernos, apoyar y financiar el empleo de métodos alternativos e informarse sobre aquellos medicamentos que no tienen ingredientes de origen animal, ya sea mediante la ficha técnica o contactando directamente con el fabricante. Y así ser dueños de sus decisiones y elegir qué píldora quieren tragar.

Autora: Cristina Fernández, Periodista

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