¿Qué piensan los animales con los que vivimos? ¿Tienen sentimientos? ¿Se acuerdan de nosotros cuando no estamos presentes? Los humanos siempre hemos sentido fascinación y curiosidad por conocer el mundo interior de los animales, no solo de aquellos más cercanos a nosotros como los animales de compañía o los domesticados en granjas, sino también otros que nos hechizan con su belleza y sus comportamientos como delfines, ballenas, primates, elefantes y un largo etc.

animales no humanos
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Al no tener un lenguaje verbal, conocer las capacidades cognitivas y emocionales de los animales ha sido hasta ahora una tarea difícil. Pero nuevas técnicas de investigación como la resonancia magnética o la tomografía por emisión de positrones, que permiten asomarse a ver cómo funciona el cerebro en tiempo real, así como una mayor capacidad de observación y apertura de mente por nuestra parte, están ayudándonos a derribar esa barrera y a acercarnos al misterio de la mente animal.

Más similares que diferentes

En el último siglo hemos aprendido mucho sobre los procesos cognitivos y emocionales humanos, y esto nos ha permitido estudiar estos mismos procesos en animales, por comparación. Por ejemplo, sabemos que ciertas emociones, sentimientos y pensamientos se localizan en áreas o redes cerebrales concretas. Sabemos también que las emociones positivas y negativas tienen un correlato hormonal o químico, es decir, se acompañan de elevaciones de hormonas y neurotransmisores como la oxitocina, la dopamina, la vasopresina o la serotonina.

Pues bien, todos los animales vertebrados disponen de las mismas redes neuronales y producen las mismas o equivalentes hormonas y neurotransmisores que nosotros. Por ello es lógico que experimenten las mismas o muy similares emociones y sentimientos.

Animales de compañía

Los perros son de los animales mejor estudiados y los resultados de las investigaciones muestran que su capacidad de aprendizaje e inteligencia emocional y social son equiparables a las de humanos de 2-2,5 años de edad. Hay acuerdo generalizado en que los perros experimentan alegría, enfado, miedo, tristeza e incluso amor. Además pueden percibir estas emociones en los humanos con los que conviven y «contagiarse» de ellas.

A pesar de la idea extendida de que los felinos no son especialmente sociables, las investigaciones realizadas con gatos en libertad indican que estos animales son facultativamente sociales, lo que significa que pueden vivir social o solitariamente. Como los perros, los gatos forman vínculos sociales tanto con humanos como con otros gatos, y también son capaces de reconocer y contagiarse del estado de ánimo de aquellos que viven con ellos.

Los animales «de granja» son tan inteligentes y emocionalmente complejos como los de compañía

El ciudadano medio sabe muy poco acerca de las capacidades cognitivas y emocionales de vacas, cerdos, gallinas y otros animales domesticados hace miles de años, ya que están escondidos en granjas industriales. Pero las personas que viven en santuarios de animales sí pueden contar historias que revelan la complejidad de la mente y el alma de estos animales. Además, los estudios realizados en los últimos 40 años corroboran estas experiencias.

Los cerdos son probablemente los animales de granja mejor estudiados. Estos animales son extraordinariamente sociales y muestran comportamientos y habilidades sociales en algunos casos similares a las de los primates.

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Los cerdos usan su vista y su audición para distinguir a un ser humano de otro. También pueden discriminar objetos, tienen memoria a corto y largo plazo y saben priorizar los recuerdos más importantes. Algunos cerdos comprenden símbolos gestuales y verbales que representan objetos concretos. Como los perros y los caballos, los cerdos son capaces de descifrar gestos humanos e interpretar así su estado de ánimo e intenciones. Como muchas otras especies animales evolucionadas los cerdos son capaces de expresar contagio emocional, que es el estadio anterior a la empatía.

El juego es una expresión de capacidades cognitivas y sociales complejas y la muestran no solo primates, perros, gatos, ballenas y delfines, sino también cerdos y vacas. Los cerdos participan regularmente en complejos juegos sociales y con objetos. Al igual que en los humanos, los animales a los que no se les permite jugar sufren problemas de comportamiento graves, lo que ocurre sistemáticamente entre los cerdos criados en granjas industriales.

Los cerdos muestran características conductuales y emocionales coherentes específicas y continuas en el tiempo, que corresponden a lo que entendemos por personalidad. Es decir, un cerdo no es igual a otro y todos los cerdos son diferentes entre sí, criaturas con personalidad única como los humanos, los chimpancés o los perros.

Aunque las vacas no son todavía tan comprendidas como los cerdos, las investigaciones sugieren que sus capacidades intelectuales y emocionales son mucho mayores de lo que imaginamos. Los experimentos realizados con vacas muestran que son animales con una rápida capacidad para aprender por asociación y que tienen una excelente memoria a largo plazo.

Las vacas saben distinguir a sus congéneres y a clasificarlos en familia y no-familia. También aprenden rápido a distinguir unos humanos de otros y recuerdan con claridad a aquellos que les han hecho daño. Además de su memoria para personas y acontecimientos, las vacas poseen una memoria espacial avanzada y puntúan muy alto en las pruebas de laberintos.

En comparación con sus habilidades cognitivas, los estudios sobre la vida emocional de las vacas son numerosos y muestran que estos animales experimentan emociones complejas. Las vacas tienen una vida social evolucionada, que es esencial para su bienestar físico y emocional. Como los humanos y los primates, las vacas muestran contagio social de emociones y su nivel de estrés baja cuando están en compañía de congéneres. Se ha observado que los terneros buscan activamente la compañía de otros terneros, de humanos o cualquier animal doméstico que esté cerca.

El vínculo maternal que se forma entre la vaca y su ternero o ternera es muy fuerte y sucede en los primeros 5 minutos tras el parto, mientras la madre lame a su recién nacido. Las vacas separadas de sus terneros manifiestan conductas de estrés y sufrimiento intenso. Las vacas y sus crías se comunican en las primeras semanas de vida mediante señales vocales (“llamadas de contacto”) aun cuando están físicamente separadas y los terneros distinguen la voz de su madre frente a la de otras vacas desde muy pronto.

En conclusión, aunque en el pasado podíamos escudarnos en la falta de pruebas sobre las capacidades cognitivas y emocionales de los animales, con los conocimientos actuales esto ya no es posible, y la sociedad debe replantearse con urgencia el modo en que tratamos a estos seres tan similares a nosotros.

Para saber más:

  • Marino L et al. (2015). Thinking Pigs: A Comparative Review of Cognition, Emotion, and Personality in Sus domesticus. International Journal of Comparative Psychology, 28.
  • Zablocki-Thomas PB et al. (2022) Neuroimaging of human and non-human animal emotion and affect in the context of social relationships. Front. Behav. Neurosci. 16:994504.
  • Marino L et al (2017). The psychology of cows. Animal Behavior and Cognition, 4(4), 474-498.

AutoraMiriam Martínez Biarge, Médico Pediatra

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