La empatía sí se puede imponer a la tradición en una sociedad moderna. El movimiento por los derechos de los animales empieza el año con una gran victoria y es que, después de muchos años de campaña, el gobierno surcoreano ha prohibido la producción, la comercialización y el consumo de carne de perro en el país. Un gran logro que no solo salvará a millones de perros, sino que además puede servir de ejemplo para fortalecer la lucha global por los derechos de los animales.

carne de perro
Autor foto: Choi2451 – Creative Commons. Perro Donggyeongi cachorro

Para entender cómo se ha conseguido este avance y lo que significa, hemos hablado con Borami Seo, directora de asuntos gubernamentales de la delegación surcoreana de la ONG Humane Society International (HSI).

Seo nos ha explicado que el consumo de carne de perro era, desde hace años, muy poco habitual en Corea del Sur, sobre todo entre las nuevas generaciones. Aun así, se seguía considerando un rasgo cultural importante del país. Sin embargo, la oposición a esta práctica ha crecido exponencialmente, según dice Seo, gracias a tres elementos fundamentales: el gran número de personas que han acogido a perros en sus casas como a un miembro más de la familia; las campañas de concienciación sobre la crueldad de las granjas que han llevado a cabo las asociaciones animalistas; y el eventual apoyo de los políticos y de la primera dama, que han presionado al gobierno para que interviniera. «Ha sido la unión de todas estas fuerzas, políticas y ciudadanas, lo que ha determinado el momento apropiado para la prohibición», asegura Seo.

Una de las acciones que han llevado a cabo desde las organizaciones de protección animal de Corea del Sur ha sido la de mostrar las duras experiencias que viven estos animales, invitando a los medios de comunicación y a los políticos a visitar los refugios de perros rescatados de las granjas. «Poner el foco en el sufrimiento inherente a la industria ha hecho que el público surcoreano pudiera ver por sí mismo la crueldad animal», y eso ha contribuido, afirma Seo, a un gran incremento del porcentaje de población «decidida a dejar de comer carne de perro y a apoyar la prohibición».

El respaldo político a la campaña contra el consumo de carne de perro es bastante reciente

El respaldo político a la campaña contra el consumo de carne de perro es bastante reciente. Según confirma Seo, fue necesario demostrar primero un claro consenso social a favor de la prohibición para conseguir un apoyo público por parte de los políticos.

Desde la sede surcoreana de HSI también llevan años trabajando con los dueños de las granjas que quieren abandonar la industria, acogiendo a sus perros en refugios y ayudándoles a transformarse. Esta labor la continuarán haciendo tras la entrada en vigor de la nueva legislación que contempla una transición de tres años. «Esperamos que las organizaciones de protección animal tengamos la oportunidad de trabajar junto con el gobierno para rescatar a los perros cuando sea posible y contando con apoyo estatal», dice Seo.

De hecho, la eliminación progresiva de este sector requiere un trabajo exhaustivo. En los próximos meses, el gobierno tendrá que presentar planes detallados de cómo se implementará la normativa en la práctica. El texto aprobado garantiza la creación de un plan de ayudas económicas para la transformación de las empresas afectadas, y también recoge la necesidad de tener en cuenta el destino de los perros que actualmente se encuentran en las granjas. Parte del proceso requiere que los dueños de estos establecimientos registren el número de animales que tendrán que ser reubicados tras el cierre.

Según un estudio nacional publicado en la prensa del país asiático, en 2022 había más de medio millón de perros en granjas surcoreanas, aunque Seo explica que podrían ser hasta el doble si se tienen en cuenta las numerosas granjas no registradas legalmente.

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Autor foto: Rob Sheridan – Creative Commons. Carne de perro Donggyeongi

Por ello, desde HSI celebran que con el tiempo esta medida acabará con el sufrimiento de «incontables millones de perros», pero ese no es el único logro, según dicen: «lo más emocionante es la oportunidad que se presenta de luchar y acabar con las crueldades que son justificadas o excusadas como cultura».

Es inevitable comparar el consumo de carne de perro en Corea del Sur con otras actividades, supuestamente culturales, que causan sufrimiento a los animales a los que se implica, como las corridas de toros en España. También en estos casos, a pesar del reducido público que atraen y del creciente rechazo social que generan, su prohibición no deja de ser polémica y difícil de abordar. Seo es optimista: «Corea del Sur ha demostrado que incluso cuando la crueldad animal se lleva a cabo en nombre de la tradición, en la sociedad moderna se puede eliminar y seguir adelante», asegura, y añade que esa lógica también se puede aplicar en España.

Aun así, Seo destaca la importancia de que el cambio sea impulsado desde dentro: «el apoyo internacional a nuestra campaña ha sido importante, pero siempre había un peligro de que demasiada influencia externa pudiera ser contraproducente». Esta lucha ha sido dominada y liderada por activistas surcoreanos y esto, según Seo, es lo que la ha hecho ‘auténtica’ y culturalmente adecuada.

En cuanto al consumo de carne de otros animales, desde HSI esperan que el fin de las granjas de perros en Corea del Sur también tenga como consecuencia que la población surcoreana «abra los ojos ante el sufrimiento que padecen miles de millones de animales viviendo en circunstancias miserables en la industria alimentaria» y que la ciudadanía se vea «inspirada para pensar en otras maneras en las que pueden cambiar sus hábitos para acabar con el sufrimiento animal».

«Lo más emocionante es la oportunidad que se presenta de luchar y acabar con las crueldades que son justificadas o excusadas como cultura»

Al fin y al cabo, el gobierno de Corea del Sur ha reconocido, con esta nueva ley, que hacer sufrir a un perro con el objetivo de consumir su carne no está justificado. Teniendo en cuenta que la capacidad para sufrir de un cerdo o un ternero es similar a la de un perro, no se sostiene éticamente hacer una discriminación por especie. Una conclusión a la que podrían llegar algunos políticos y legisladores a nivel internacional inspirados por el avance en el país asiático.

Aun así, es necesario tener en cuenta que las circunstancias en las que se ha dado esta prohibición son muy particulares. Tal y como explica Seo, aunque el sufrimiento de los perros y de otros animales utilizados en la industria alimentaria sea equivalente, «la oportunidad única de hacer esta campaña en Corea del Sur es muy diferente». Al contrario que en el caso del pollo, la ternera o el cerdo, el consumo de perro es relativamente marginal en el país. «La mayoría de gente no come esta carne habitualmente, si es que la comen», afirma Seo. Por eso ha sido mucho más factible acabar con esta práctica que ya estaba desapareciendo. «Ha habido una acumulación única de circunstancias que simplemente todavía no se dan en otros ámbitos de la ganadería», concluye.

Para Seo, hay dos cuestiones principales que quedan demostradas con este logro. Por una parte, el grado de interés público sobre bienestar animal. Por otra, la posibilidad de lograr un consenso político incluso con respecto a problemáticas aparentemente controvertidas.

Una cuestión que puede servir como aprendizaje para muchos otros gobiernos a nivel mundial, no solo sobre la prohibición de las granjas de perros, sino también sobre la gestión de la transición que se haga en los próximos tres años.

Autora: Clara Ceballos, Periodista especializada medio ambiente y defensa animal

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