Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de mortalidad en todo el mundo: provocan más de 17 millones de muertes cada año, según los últimos datos de la OMS. Sin embargo, numerosos estudios demuestran que una dieta vegana no solo disminuye los niveles de tensión arterial sino que también ayuda a reducir el colesterol, la diabetes, la obesidad y, por consiguiente, el riesgo cardiovascular total.

comer vegano
©Bueno y Vegano. Mostrador de The Veggie Point de Mario

El presidente del Comité de Médicos para la Medicina Responsable, el Dr. Neal Barnard, niega que los carbohidratos o el azúcar sean los causantes de la diabetes; una enfermedad que actualmente padecen 463 millones de personas. Barnard señala a la carne para indicar el origen de dicha alteración de glucosa en la sangre, pues comer carne procesada diariamente aumenta un 51% el riesgo de padecer diabetes.

Cuando comemos alimentos de origen animal, sobre todo procesados y carne roja, las células musculares del cuerpo humano acumulan pequeñas partículas de grasa que generan cierta resistencia a la insulina, la hormona que permite que la glucosa penetre en las células para ser utilizada como fuente de energía. En consecuencia de estas placas provocadas por la acumulación de grasa en nuestras arterias, el azúcar natural de los alimentos no puede entrar a las células que debería y se acumula en la sangre causando diabetes, una enfermedad en la que los niveles de glucosa (azúcar) están muy altos.

Los malos hábitos alimenticios se pasan de padres a hijos, como las recetas

Todo el mundo sabe que la dieta es uno de los factores clave para estar sano. Sin embargo, hay cierto escepticismo en quitar el pescado, el pollo o los huevos de la mesa. La sociedad está tan acostumbrada a la cocina tradicional que desconfía de lo diferente o alternativo, como la comida vegana. En consecuencia, los malos hábitos alimenticios se pasan de padres a hijos, como las recetas. Aunque una persona pueda tener cierta predisposición genética para contraer diabetes, por ejemplo, lo que determina si ésta se va a manifestar y desarrollar o no, son las variables epigenéticas, como el estilo de vida o la alimentación.

La Fundación Iberoamericana de Nutrición realizó un estudio sobre la ingesta de proteínas y la mortalidad global. Concluyeron que sustituir la proteína animal por proteína vegetal conlleva una menor mortalidad global y una disminución de la mortalidad específica por cáncer y por enfermedades cardiovasculares. Por un lado, numerosos estudios demuestran que el consumo de vegetales, alimentos integrales, legumbres y frutos secos reducen el riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y mejoran el control glucémico. Por otro lado, varios estudios recientes también han mostrado cómo los enfermos de diabetes que inician una dieta vegana rica en hidratos de carbono complejos (cereales integrales, legumbres, verduras) y baja en grasas, mejoran los niveles de azúcar en la sangre y disminuyen la necesidad de medicación.

Sustituir la proteína animal por proteína vegetal conlleva una menor mortalidad global y una disminución de la mortalidad específica por cáncer y por enfermedades cardiovasculares

Eliminar los productos de origen animal de nuestra dieta no solo nos va a ayudar delante de enfermedades cardiovasculares, sino que también lo hará ante otros males como el cáncer. Según un estudio de la OMS, comer 50 gramos de carne procesada diariamente aumenta un 18% el riesgo de padecer cáncer de colon. Con esto se considera que la carne transformada a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación, tiene la misma capacidad que el tabaco, la contaminación ambiental o las píldoras anticonceptivas para provocar cáncer a un ser humano. Los embutidos, tan presentes en nuestra vida cotidiana, se clasifican en el Grupo 1 dentro de los productos cancerígenos evaluados por la OMS. Esta categoría se utiliza cuando hay pruebas convincentes de que el agente causa cáncer y la evaluación se basa generalmente en estudios epidemiológicos que muestran el desarrollo de cáncer en humanos expuestos.

La Universidad de Harvard publicó un estudio donde se demuestra cómo los hombres con cáncer de próstata que comen abundante pollo multiplican por cuatro las probabilidades de hacer progresar dicha enfermedad. Aunque sea carne blanca, el pollo es un tipo de carne que se come de muchas formas distintas y esto aumenta las cantidades de ingesta. Asimismo, las dioxinas son los químicos sintéticos más tóxicos conocidos por la ciencia. Cuando consumimos un producto de origen animal también estamos ingiriendo las toxinas ambientales, alimenticias, los antibióticos y las hormonas que se les da a estos animales.

Autora: Júlia Ramon Martínez, Periodista

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