Según SEO Bird Life la perdiz roja se encuentra en una situación de vulnerabilidad. Su distribución natural se limita al suroeste de Europa, donde ocupa (u ocupaba) una amplia variedad de hábitats. Se alimenta de hojas, cereales y algún que otro insecto, y hace sus nidos en el suelo.

cría de la perdiz
123rfLimited©aoc61. Perdiz roja

La perdiz es un ave muy sedentaria, de hecho, los cazadores, tienen un dicho que afirma que “la perdiz, donde nace, muere”. Viven en familias de 10 a 15 ejemplares que se mantienen juntos y unidos, para protegerse y acompañarse. Pueden vivir en todo tipo de medios abiertos, desde el nivel del mar hasta la alta montaña, aunque no les gusta demasiado vivir por encima de los 1.500 metros de altitud. La especie se encuentra en regresión, lo que quiere decir que la población se está reduciendo progresivamente. Las causas son varias, pero principalmente se debe al intenso aprovechamiento cinegético al que se encuentra sometida y a la alteración de los paisajes en donde se suele establecer.

La perdiz se cría en granjas cinegéticas, de las que ya hemos hablado en varias ocasiones en estas páginas. Se trata de un área de tierra que se destina a la cría y la gestión controlada de especies silvestres como el conejo, el ciervo, el jabalí o la propia perdiz, para su posterior suelta en cotos de caza, donde servirán de presa fácil y trofeo para los aficionados a esta actividad. Los campos españoles se repueblan cada año con miles de perdices que se crían en estas granjas, ya que los propios dueños de los El negocio de la cría de la perdiz cotos y fincas cinegéticas están interesados en aumentar la densidad de esta especie. Entonces, ¿cómo es posible que la densidad de población esté disminuyendo?

La caza de perdiz con reclamo es una modalidad muy controvertida, incluso entre los propios cazadores

Muchas veces se trata de perdices alóctonas, propias de otros países, cuyo material genético es diferente del de la perdiz roja autóctona en España (‘Alectoris rufa’). Sin embargo, esto no impide que ambas especies puedan aparearse y en ocasiones se han detectado individuos híbridos de otras especies de perdices, según el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Este tipo de hibridaciones, que no son en absoluto naturales, están causando importantes alteraciones en las características de la perdiz roja ibérica. A pesar de este problema, el número de explotación de perdiz se ha multiplicado en los últimos años, al igual que el número de fincas dedicadas a la cría. La tradición cinegética tan arraigada en muchas regiones de España es lo que propicia una elevada demanda de estos ejemplares para llevar a cabo sueltas y repoblaciones en cotos privados. En el caso de la perdiz roja, las primeras granjas surgieron en la década de los 70.

Como era de esperar, el sector cinegético lanza balones fuera y acusa a la agricultura, que estaría sometiendo a manejo hasta un 50% del territorio de la perdiz. Al modificar el hábitat de estas aves, se incrementa la mortalidad de la especie. En los últimos 50 años se ha perdido el 70% de la población de perdiz, y el punto de mira se sitúa sobre la gestión agrícola del suelo como causa principal que amenaza a la especie. Por encima incluso de la presencia de depredadores, los problemas genéticos debidos a la hibridación, la reducción de su hábitat a los cotos de caza (donde su supervivencia tras la suelta es muy breve) o a la destrucción del delicado equilibrio medioambiental a manos del ser humano.

La historia de la perdiz es tan triste como la de tantas especies animales

Cierto que los cambios en el clima también están afectando a la especie. Este 2023 se realizó el primer censo de bandos de perdiz llevado a cabo por el Observatorio Cinegético. El propósito principal del censo es distinguir entre ejemplares adultos y jóvenes, para poder evaluar cómo será la temporada de cría, una información fundamental para planificar una gestión cinegética adecuada y saber cuántas perdices pueden matarse. Esta campaña se hizo entre julio y septiembre, e involucró a 274 cotos que realizaron 376 censos válidos en diversas Comunidades Autónomas. Según los datos totales, se observaron perdices jóvenes en el 46% de los cotos y en el 41% de los censos realizados. Con estos datos, concluyeron que las perdices que consiguieron reproducirse o sacar adelante a sus polluelos fueron insuficientes para conseguir un equilibrio adecuado. Se achacó esta escasez de perdices jóvenes a las condiciones meteorológicas extremas de la primavera y el verano, con granizos, lluvias torrenciales y largas olas de calor y sequía.

cría de la perdiz
123rfLimited©tsuguliev

Hay varias modalidades de caza de perdiz

Por un lado, está lo que se conoce como «ojeo» que es un método de caza en grupo, con batidores y perros, que consiste en rastrear a la presa y tratar de desplazarla para dirigirla a un punto en concreto donde se encuentran los escopeteros posicionados y listos para disparar a las aves. Después está la caza «a rabo» o «al salto». En este caso va un solo cazador a pie, que puede hacer el rastreo y el seguimiento de la perdiz con perro («a rabo») o sin perros («al salto»). Hay otra variante que se conoce como caza «en mano» y que es ejecutada por un equipo de entre dos a seis cazadores. Cada integrante puede llevar hasta tres perros. El equipo hace el rastreo a pie de la forma más coordinada posible. Por último, está la caza de perdiz con reclamo. Es una modalidad muy controvertida, incluso entre los propios cazadores. A lo largo de la historia ha llegado a estar prohibida y aunque sigue habiendo debates, dentro del sector, sobre su ética, actualmente cuenta con una regulación legal. En este tipo de caza se utiliza, como su propio nombre indica, un «reclamo» que es, ni más ni menos, que un macho de perdiz. Este reclamo se captura de pollito, se le corta la cola y las alas y se enjaula para que se familiarice y acepte la jaula. Llegado el momento, se coloca en el puesto de caza, camuflado entre la vegetación para que las perdices libres no se alteren. El propósito es que la perdiz atraiga con su canto a otras de su especie, oportunidad que aprovechará el cazador, también oculto, para dispararle desde cerca.

Aunque, quienes estamos fuera de este mundo nos imaginemos que la caza mayor es la que sostiene la economía cinegética, la caza menor también mueve mucho dinero.

Haciendo una búsqueda rápida en internet podemos hacernos una idea. Una jornada de perdiz al salto puede costar entre 130 hasta 500 euros. Existen packs de perdiz, liebre y conejo por unos 1.000 euros para tres días de caza intensiva. El ojeo es más caro porque se realiza en grupos y puede costar unos 2.000 euros por persona. También hay acciones de caza que te permiten pagar una cuota anual de unos 1.300 euros y entonces puedes hacer uso del coto siempre que quieras e incluso puedes llevarte a tus colegas. La oferta es muy amplia y hay anuncios de todo tipo y para todos los bolsillos. Y si hay oferta es que hay demanda, así que podemos imaginar la cantidad de perdices que se pueden llegar a disparar durante los meses de caza.

Mientras van desapareciendo, junto con los ecosistemas, la caza continúa siendo una actividad intocable

Mientras tanto, el objetivo inmediato del Departamento de Medio Ambiente es abordar y prevenir la contaminación genética que amenaza la singularidad de la especie española. Se quiere evitar la hibridación de las perdices liberadas para la caza intensiva con especies foráneas, como la perdiz chukar (‘Alectoris chukar’). Para ello se han creado equipos dedicados a realizar muestreos en las granjas de cría antes de liberarlas en los cotos de caza. Una vez identificado el material genético de las diferentes especies, las perdices autóctonas se sueltan para que los cazadores puedan matarlas. Los individuos híbridos también mueren, evidentemente, pero antes de salir de la granja.

La historia de la perdiz es tan triste como la de tantas especies animales. Mientras poco a poco van desapareciendo, junto con los ecosistemas, la caza continúa siendo una actividad intocable. Cuando al fin entendamos que, como dice el proverbio indio, el dinero no se puede comer, quizá sea demasiado tarde.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

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