Los ciudadanos españoles están muy apegados a la carne: es uno de los países europeos en el que más se consume, una ingesta que supera las recomendaciones nutricionales de organismos nacionales e internacionales.

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Cada ciudadano consume más de 100 kilogramos de carne al año, unos 275 gramos diarios, según los cálculos de la ONG ecologista Greenpeace basados en datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). La cifra supera de lejos las recomendaciones internacionales, que marcan un límite de unos 300 gramos por semana, y las nacionales, entre 300 y 375 gramos a la semana. Además, se consume un exceso de carne roja y elaborados cárnicos, las más dañinas para la salud.

Entre barbacoas, bocadillos y tapas… muchos ciudadanos acaban abusando diariamente, ¡mañana y noche! de la carne con nefastas consecuencias para su salud, sin mencionar el daño producido a los animales y al medio ambiente. Pero, ¿por qué los españoles consumen tanta carne?, ¿es realmente una tradición antigua? Si echamos la vista atrás, tan sólo a un par de generaciones, veremos que nuestros antepasados consumían carne de forma esporádica en días especiales. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX que llegó el boom de la carne a España. Y no fue por casualidad. A finales de los años 50 y principios de los 60 del pasado siglo, el franquismo puso fin a la autarquía y se abrió al mundo… con especial cariño a Estados Unidos, país enfrentado a la Unión Soviética en la Guerra Fría. Para Estados Unidos, la Europa de la posguerra era el destino ideal para vender sus excedentes agrarios y para que las corporaciones agroalimentarias se expandieran, controlando así los sistemas agroalimentarios periféricos. Es la misma estrategia que siguen haciendo hoy con los países en desarrollo -por aquel entonces los países en desarrollo eran los del Viejo Continente-.

España se abrió así a la importación de cereales y proteaginosas para desarrollar una ganadería intensiva y explotar, especialmente, a pollos y cerdos de razas mejoradas para sacar mayor beneficio. Los números no engañan: en 1950, España producía 140.962 toneladas de carne de cerdo y en 2021, 5.180.058 toneladas, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. En 1950, con una población de 28 millones de habitantes, en España se mataron 1.646 cerdos, mientras que, en 2021, con 47 millones, se acabó con la vida de 58,3 millones de cerdos. ¡Tocamos a más de un cerdo por persona! Con esta gran cifra, España se ha convertido en el primer productor de carne de cerdo de la Unión Europea y el tercero a nivel mundial, por detrás de China y Estados Unidos.

La industria cárnica tiene mucho poder y puede condicionar hábitos de consumo y políticas públicas

Paralelamente a los acuerdos políticos y económicos, la población aumentaba su consumo de carne, tanto por el desarrollo económico del país como por los intereses de la industria cárnica en connivencia con el poder político.

La industria cárnica se convirtió así en el motor de la economía española. Hoy, según la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (ANICE), es el cuarto sector industrial de España, por detrás de la industria de suministro de energía y la automovilística. Asimismo, ocupa con diferencia el primer lugar de toda la industria española de alimentos y bebidas, con una cifra de negocio de 31.032 millones de euros, el 28,4% de todo el sector alimentario español. Si ampliamos el foco, esta actividad supone el 2,57% del PIB total español, el 16,79% del PIB de la rama industrial y el 5,14% de la facturación total de toda la industria española.

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Además, tiene una balanza comercial muy positiva en cuanto a exportaciones. En 2022, la industria cárnica continuó con su expansión exportadora de los últimos años, alcanzando un récord anual en valor, 9.986 millones de euros, un 9,6% más que el año anterior.

El negocio de la carne es muy rentable para los explotadores. Las empresas cárnicas dominan todas las fases de la cadena de producción: piensos, cría, cebo y muerte; y están fuertemente subvencionadas por el Estado y por la Unión Europea. Y, según ha revelado recientemente Amigos de la Tierra en el informe El papel de los bancos españoles en la industria cárnica y láctea española, también por los mayores bancos del país como son el Banco Santander, BBVA y CaixaBank. Con todo ello, los empresarios que lideran las principales compañías del sector cárnico poseen las mayores fortunas de España.

En resumen, la industria cárnica tiene mucho poder y puede condicionar hábitos de consumo y políticas públicas. ¿Es el amor de los españoles por la carne un amor teledirigido por las altas esferas del poder?

Pongamos tan sólo dos ejemplos de la fuerza de la industria cárnica. «A mí, donde me pongan un chuletón al punto, eso es imbatible», afirmaba el verano de 2021 el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, después de que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, propusiera reducir el consumo de carne en nuestro país para luchar contra el cambio climático, una medida que desde hace años recogen diversos organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tanto el presidente del Gobierno como el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, criticaron sin piedad a Garzón. Al ataque también se unieron los lobbies de la industria cárnica y sus amigos.

Si retrocedemos más en el tiempo, en octubre de 2015, tras la publicación del informe de la OMS en el que se relacionaba el consumo de carne roja y procesada con el riesgo de sufrir cáncer, la industria cárnica puso en marcha una agresiva campaña publicitaria para desacreditar esta información.

Comer carne te hace un hombre

El consumo de carne se asocia a la riqueza y también a la masculinidad. Sí, la carne es sobre todo cosa de machos ibéricos. La relación entre la carne y el poder masculino se remonta a las sociedades de cazadores y recolectores cuando eran ellos quienes salían de caza mayor, un acto que les proporcionaba un sentido de dominio y superioridad. Las campañas de marketing de la industria cárnica se han encargado de mantener estos estereotipos hasta nuestros días, así son ellos los que hacen las barbacoas y se fotografían devorando hamburguesas de tres pisos. Los hombres consumen más carne que las mujeres, presumen de ello y son los más reacios a disminuir su ingesta, puesto que está difundida la creencia de que si lo hacen serán menos hombres.

El lento despertar de la sociedad española

La buena noticia es que, aunque a un ritmo muy lento, en los últimos años en España ha disminuido el consumo de carne. Desde el año 2008 ha habido un descenso en el consumo de carne por parte de los ciudadanos españoles en sus hogares. Esta tendencia se vio interrumpida en 2020 por la excepcionalidad producida por la pandemia, pero en 2021 se retomó. Durante ese año compraron un 14,85% menos de carne que en 2008. Eso sí, la carne sigue suponiendo el mayor gasto de la cesta de la compra: se lleva el 19,91% de lo que destinamos a la alimentación y las bebidas. Esta cifra supone un gasto de 320,63 euros por persona al año.

Los menores de 35 años son los que más han reducido el consumo de carne y son también mayoría en el vegetarianismo y veganismo. Según los datos del estudio The Green Revolution 2021, de la consultora Lantern, más de cinco millones de españoles mantienen una dieta principalmente vegetal. Poco a poco, la carne vegetal va desatando pasiones.

Autora: Cristina Fernández, Periodista

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