El veganismo, con un crecimiento continuo desde la década de los 40 del pasado siglo, ha conseguido hacerse un hueco en nuestra sociedad, penetrando en varios sectores económicos y transformando el comercio, la producción de bienes y servicios, y los hábitos de consumo.

disrupción vegana
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Disrupción vegana

En sus inicios el mercado vegano era marginal y estaba compuesto por pequeños emprendedores y empresas familiares que en su mayoría creían en los valores del veganismo. En la última década, sin embargo, han entrado grandes compañías que ven en las personas veganas un nicho rentable. Así, con el auge del veganismo -como resultado de una mayor concienciación sobre los problemas éticos y morales, medioambientales y de salud del consumo de productos de origen animal-, las multinacionales, que son las que marcan las tendencias, han puesto a la venta cada vez más productos de origen vegetal.

Hay dos razones detrás de la mencionada estrategia: diversificar el negocio y ganar más beneficios, y adentrarse en el movimiento vegano para absorberlo y desmontarlo desde dentro, evitando así que sea una alternativa real.

¿Dónde ha irrumpido el veganismo? Los grandes sectores económicos están directa o indirectamente vinculados al uso y explotación de animales no humanos. El vinculado más directamente es, por supuesto, la agroalimentación, pero también el sector químico-farmacéuticocosmético (experimentación y tests con animales), el de la moda (pieles, pelo…), el del entretenimiento y el turismo (parques, actividades, zoos) y el financiero (especulación con materias primas usadas para alimentar a los animales: maíz, soja…). Veamos con detalle cómo el veganismo está transformando estos sectores.

Industria alimentaria

Los gigantes de la industria alimentaria han dejado de ignorar el veganismo. Hoy podemos encontrar productos vegetales en las grandes cadenas de supermercados -Mercadona, Lidl, Aldi, Carrefour…-, que incluso han apostado por lanzar sus propias versiones; y en los restaurantes de comida rápida más populares y vinculados con el consumo desmedido de carne, como Burger King, McDonald’s y KFC. Ambos son una dura competencia para las tiendas especializadas y los restaurantes genuinamente veganos.

Las multinacionales también han lanzado su ofensiva para conquistar el mercado vegano. Por un lado, sacando productos plant-based y, a la vez, comprando empresas de productos vegetales. A modo de ejemplo, Unilever adquirió The Vegetarian Butcher; Nestlé tiene su propia marca vegetariana Garden Gourmet, ha lanzado versiones veganas de su famoso Kit Kat y un no-atún, y ha comprado Sweet Earth, un fabricante de carne vegetal.

Los grandes sectores económicos están directa o indirectamente vinculados al uso y explotación de animales no humanos

En las leches vegetales también han visto negocio las grandes del sector lácteo como Danone -Alpro-, Pascual – Vivesoy- y Central Lechera Asturiana -Vegetánea-. Incluso empresas cárnicas como JBS, Tyson Foods, Cargill, Campofrío, El Pozo, Corporación Alimentaria Guissona y Vall Companys tienen una oferta de productos vegetarianos y veganos que imitan el sabor de la carne y el pescado; y/o distribuyen alternativas vegetales de otras empresas.

Hay también iniciativas puramente veganas como Food for Tomorrow (Heura), Pink Albatros, Calabizo, Mommus, Väcka… que están revolucionando el mercado con sus productos innovadores, referentes para las empresas tradicionales.

Cosméticos y productos de cuidado personal

Tras la alimentación, el veganismo ha calado fuertemente en la cosmética y en los productos de cuidado personal. Las personas veganas buscan artículos sin ingredientes de origen animal y que, además, no hayan sido testados en ellos. Para que cumplan ambos requisitos deben ser veganos y ‘cruelty-free’. Cada vez más empresas están formulando productos sin ingredientes animales y obteniendo certificaciones de crueldad animal como Leaping Bunny, PETA y CCF (Choose Cruelty-Free).

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Si bien en 2013 la Unión Europea (UE) prohibió la importación y la venta de productos e ingredientes cosméticos testados en animales (Directiva 2003/15/CE), lo cierto es que esa legislación tiene ciertas lagunas. Una de ellas es que los mismos productos e ingredientes sí pueden testarse en otros países que no pertenezcan a la UE por empresas que comercialicen fuera y dentro de la UE. Así que, por ejemplo, una compañía puede testar sus productos e ingredientes en China o en Reino Unido -el pasado mayo el gobierno británico permitió que se reanudaran las pruebas en animales para ingredientes de maquillaje- y venderlos después en los países de la UE.

Hay algunas empresas que llevan años apostando por productos libres de crueldad animal, como The Body Shop, y después están las multinacionales de siempre que intentan sacar tajada del target vegano y, por eso, emplean cada vez más la palabra vegana para anunciar su oferta. Unilever, por ejemplo, ha sacado Love, Beauty & Planet; y L’Oréal, bajo la marca Garnier, champús y acondicionadores. Con estas marcas de gran consumo conviven, como en la alimentación, otras iniciativas 100% veganas como la empresa española Velet Cosmetics.

Industria de la moda

La demanda de ropa, calzado y complementos veganos está produciendo lentamente un cambio en la oferta de la industria de la moda. Actualmente, pequeñas marcas y jóvenes diseñadores optan por la innovación y por el uso de materiales naturales -como algodón, corcho y lino-, sintéticos -como el nailon, el rayón, el acrílico y el poliéster- y sostenibles -hechos a partir de residuos plásticos o pieles de frutas- para ofrecer productos libres de sufrimiento animal.

Sin embargo, y a diferencia del sector alimentario, el de la moda se resiste al cambio. Las grandes firmas textiles están ancladas en la tradición y no son receptivas al veganismo. Cabe destacar que algún movimiento sí se ha dado, especialmente en lo relativo al uso de pieles: algunas marcas de moda de lujo, como Gucci y Versace, se han comprometido a no utilizarlas en sus pasarelas.

Turismo y hostelería

El sector turístico y hostelero está adaptándose poco a poco a la creciente demanda vegana. Ya hay numerosos alojamientos veganos -tanto de pequeños empresarios como de grandes cadenas hoteleras- por todo el mundo y, en general, las compañías de transporte -especialmente las aéreas- están mejorando sus opciones de comida plant-based. También han evolucionado los restaurantes veganos: han pasado de la cocina amateur a la alta gastronomía, e incluso algunos de ellos han obtenido la estrella Michelin.

Asimismo, hay emprendedores veganos -aquí el gran sector todavía no ha puesto el foco en el veganismoque ofrecen tours por las ciudades, cruceros y viajes personalizados y en grupo. En España, la única agencia de viajes vegana es Viajes Veganos by Tarannà.

Inversiones y finanzas

El elevado potencial de crecimiento del mercado vegano no ha pasado desapercibido por inversores -algunos conocidos como Jeff Bezos y Bill Gates- y fondos de capital riesgo. En 2019 Beyond Meat, famosa por su Beyond Burger, se convirtió en la primera compañía 100% vegana en cotizar en bolsa. Además, el mismo año, sacó el primer fondo vegano dedicado a empresas que no utilizan productos de origen animal. Otras empresas no veganas cotizadas más antiguas han lanzado líneas de productos veganos, consiguiendo una valoración positiva de sus acciones, como Tyson Foods y ConAgra Foods.

Además, los inversores también especulan con las materias primas que forman las dietas veganas. Hablamos de legumbres, frutos secos, cereales, frutas y verduras, aceites y semillas. La transformación de la economía por el veganismo sólo acaba de empezar. Habrá que ver en los próximos años hasta dónde puede llegar.

Autora: Cristina Fernández, Periodista

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