Según cifras de la ONU, la población mundial actualmente es de 7.300 millones de seres humanos, los cuales demandan día con día 76 gramos de proteína animal. Para satisfacer esta demanda se producen alrededor de 340.000 millones de toneladas de carne al año por medio de la producción intensiva de animales para consumo. Esto ha venido generando distintos problemas a la salud, como exposición a pandemias y enfermedades como la gripe aviar, fiebre porcina, vacas locas.

carne cultivada
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Consumo no sustentable

Además, el consumo de carne trae consigo el riesgo de crear una resistencia a los antibióticos ya que el 80% de los antibióticos que se producen en el mundo no son para consumo humano, sino que son destinados para tratar el ganado, así pues, los antibióticos que permanecen en el cuerpo de los animales después de su muerte son después ingeridos por el humano generando resistencia al tratamiento con antibióticos. Por otro lado, las grasas saturadas que provienen de los productos animales afectan la salud cardiovascular, sin mencionar los innumerables impactos negativos que la producción de carne tiene sobre el bienestar y la vida misma de los animales. La producción intensiva es a su vez una de las principales causas de emisión de gases de efecto invernadero, deforestación, así como la contaminación de cuerpos de agua y suelos.

Cuando pensamos en que estas cifras podrían seguirse incrementando, la demanda por la carne no es ni mucho menos sustentable en un futuro. Una de las soluciones que se han planteado ante este problema es la carne cultivada o carne in vitro, la cual ha evolucionado mucho desde su primer ensayo el cual tiene más de una década, no solo a nivel de calidad y precio, sino también en la disposición de mucha gente a probarla. Científicos que estudian la ingeniería de tejidos, una rama de la medicina regenerativa que se ocupa de hacer construcciones funcionales para reparar tejidos corporales u órganos, han implementado estos estudios para tratar de crear tejidos musculares con el fin de replicar carne en grandes cantidades y elaborarlos en forma de productos alimenticios. Hace unos años ésta era considerada un concepto de ciencia ficción, en donde era confeccionada en pequeñas cantidades en laboratorios de investigación y con precios totalmente inaccesibles, en los últimos años se ha convertido en una industria emergente, la cual cuenta con empresas en todo el mundo que compiten por ser las pioneras en producir este producto a una escala comercial y accesible para todos.

Empresas en todo el mundo compiten por ser las pioneras en producir este producto a una escala comercial y accesible para todos

Carne cultivada o carne in vitro

La carne in vitro, a diferencia de las otras alternativas de carne creadas a partir de plantas, ofrece el potencial de ofrecer un producto que es completamente idéntico a la carne tradicional, ya que contiene las mismas células y tejidos. Aunque, por otro lado, es también un producto que no puede ser considerado vegano, porque no ofrece un reemplazo al uso de los animales, ya que para la elaboración de este producto se toman células a partir de animales vivos. Cabe mencionar que los veganos y los vegetarianos no son el mercado objetivo de la carne cultivada en laboratorio, sino los consumidores omnívoros, dentro de los cuales se encuentran grandes cantidades de consumidores de carne. Esta carne ofrece ayudar a mitigar la escala de sufrimiento en los animales, ya que es un producto con un tratamiento mucho más refinado en el uso de animales y utiliza una cantidad considerablemente menor de estos. Estas ventajas plantean una posible solución a resolver los problemas asociados a la industrialización de la carne, como mejoras para los temas de salud, bienestar animal y medio ambiente.

carne cultivada
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Problemas con el etiquetado

A pesar de las ventajas que ofrece este producto, en comparación a la producción de carne de forma tradicional, han surgido problemas legales concernientes al etiquetado de la carne cultivada, por parte del lobby productor de carne, ya que afirman que no se puede denominar como carne a un producto que fue creado en un laboratorio y no bajo las mismas condiciones y procesos en cómo se produce la carne usual, la cual incluye una forma de producción tradicional que empieza con la reproducción, crianza y muerte del animal, es así entonces que en países como Estados Unidos, se están creando varias iniciativas para proteger el etiquetado y denominación de la «carne», ésta haciendo referencia a la carne producida en granjas.

A nivel estatal han tratado de prohibir los términos de etiquetado que incluyan palabras como «carne limpia», «carne de laboratorio» e incluso «carne sin animales», afirmando que son ilegales y actúan contra la libre competencia de mercado. Asimismo, afirman que este producto debe contar con un etiquetado especial debido a temas de seguridad alimentaria ya que su proceso es sintético. Los representantes de las granjas industriales también han presionado agresivamente a los legisladores para que aprueben diversas leyes, diseñadas para obstaculizar la comercialización de los productos cárnicos cultivados a nivel estatal como son el caso de Arkansas y Missouri. Estas leyes prohíben que los productos elaborados a base de plantas y los cultivados de células animales utilicen términos como «carne», «salchicha», «nuggets» y otra terminología comúnmente usada en su comercialización y empaquetado. Es importante mencionar que estos intentos por restringir la terminología con la que los Estados pueden usar la denominación de sus productos cárnicos ya sean cultivados o a base de plantas son inconstitucionales y anticompetitivos.

Los veganos y los vegetarianos no son el mercado objetivo de la carne cultivada en laboratorio, sino los consumidores omnívoros

Poner fin a las granjas industriales

La realidad es que cada año se matan miles de millones de pollos, vacas, cerdos, cabras, borregos y posiblemente billones de animales marinos para satisfacer una demanda insostenible de carne, la cual, además, está literalmente devorando al planeta. A su vez, las innovaciones en ciencia y tecnología podrían, sino poner fin a esta matanza innecesaria, al menos reducir considerablemente el sufrimiento de innumerables animales. La producción de carne cultivada podría eliminar la necesidad de utilizar miles de millones de animales que viven y se crían bajo condiciones precarias en jaulas, establos, estanques, los cuales en su mayoría no cuentan con las condiciones que son necesarias para su desarrollo natural y bienestar. El proceso de cultivo de células podría reemplazar las granjas industriales y con esto se podría eliminar la necesidad de matar a miles de millones de animales cada año e incluso se podría ayudar a mitigar el impacto voraz que sufre nuestra Tierra, sin mencionar los beneficios a la salud humana como la reducción de la resistencia bacteriana por el uso desmesurado de antibióticos, enfermedades relacionadas a la salud cardiovascular y nos plantearía un camino a una vida enfocada en la armonía con todo los que nos rodea.

Aunque evidentemente la acción más consistente que podemos tomar para evitar el sufrimiento animal es simplemente el dejarlos fuera de nuestros platos por completo, la carne in vitro es un producto que puede ser una mejor opción a un sector que aún no está convencido de evitar los productos animales. Es así entonces, que la presión por hacer cambios en la legislación debe incluir la participación de todos los grupos interesados en el tema alimentario, no solo de los productores de carne, sino también de la gente que busca y se interesa por opciones más saludables, sostenibles y éticas. La legislación por consiguiente debería alentar, no obstaculizar, la transición a estos nuevos métodos de producción que son más sostenibles para el planeta, la salud humana y el bienestar animal.

Autora: Rosa María Cajiga, Licenciada en Derecho Ambiental y Derecho Constitucional, Máster en Derecho y Sociedad Animal

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