Todos los animales, salvajes y domésticos, pueden tener su espacio en nuestro preciado planeta. No siempre pueden convivir, pero sí coexistir sin poner en peligro la integridad de ninguno de los dos.

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123rf Limited@fotobird328. Chorlitejo patinegro con anillos

Fauna salvaje y doméstica: El caso de los gatos domésticos

Numerosos casos han evidenciado la dificultad de conjugar el acceso de animales domésticos a determinados espacios naturales y la protección de los ecosistemas y de la fauna local. Es de sobras conocido el caso de los gatos domésticos. «Son una preocupación para la conservación porque matan miles de millones de presas nativas cada año […] Los gatos domésticos de todo el mundo tienen un impacto ecológico mayor que los depredadores nativos, pero se concentran a unos 100 metros de sus hogares», recoge el estudio The small home ranges and large local ecological impacts of pet cats (Las pequeñas áreas de distribución y los grandes impactos ecológicos y locales de los gatos domésticos, en español), publicado en ZSL.

En Australia, los gatos domésticos asilvestrados, es decir, gatos domésticos introducidos en la isla por los colonos británicos que fueron liberados intencionadamente, acaban con la vida de millones de pequeños vertebrados e invertebrados, a diario. Están relacionados con la extinción y el descenso de las poblaciones de algunas aves y pequeños mamíferos como el bilbi mayor o el numbat.

¿Y qué pasa con los perros? A priori, en las grandes urbes es más fácil controlar sus movimientos, ya que viven en pisos y salen a pasear varias veces al día con humanos. Sin embargo, según qué zonas escojamos para estas salidas podemos estar poniendo en riesgo la supervivencia de otros animales.

Los paseos de perros por las playas

Es muy común ver a perros en las playas. Son grandes espacios en los que pueden correr y disfrutar lejos del asfalto. Pero hay un pequeño problema desconocido por la gran mayoría de la población: su presencia en los ecosistemas dunares es incompatible con la conservación de las aves litorales, tal y como revela una investigación del Departamento de Microbiología y Ecología de la Universidad de Valencia publicada en la revista Ibis.

En Australia, los gatos domésticos asilvestrados acaban con la vida de millones de pequeños vertebrados e invertebrados, a diario

El trabajo, liderado por el investigador Miguel Ángel Gómez-Serrano, se centra en las consecuencias de las actividades humanas en las playas mediterráneas sobre la reproducción de una de las aves amenazadas que se reproduce en estos ecosistemas, el chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus). Esta ave limícola está acostumbrada a vivir en playas marinas, aunque también se puede encontrar en zonas húmedas del interior, y está presente en América del Norte y del Sur, África, Asia y Europa. Cría principalmente alrededor del mar Mediterráneo y Negro. «Los perros se parecen a los potenciales depredadores de estas aves –como por ejemplo el zorro–, y las aves interpretan sus movimientos erráticos de la orilla a las dunas como si se tratara de una actitud de caza», afirma Gómez-Serrano.

En España, tal y como detalla la organización ecologista SEO/Birdlife, se distribuye por todo el litoral mediterráneo, el litoral atlántico de Andalucía y algunos puntos de la costa gallega, así como en diversas localidades del interior de Andalucía y en La Mancha. «La población española se ha establecido en 5.000-6.000 parejas, con una cifra mínima de unas 2.500. No se dispone de información pormenorizada sobre su evolución nacional en los últimos años, aunque se sabe que en numerosas localidades peninsulares de cría su número ha descendido», publica en su página web.

El caso del chorlitejo patinegro

Una de las zonas reproductivas del chorlitejo patinegro se encuentra en la playa de Ribes Roges de Vilanova y la Geltrú, capital de la comarca del Garraf, y situada a unos 45 kilómetros de Barcelona. Allí la gestión que se llevó a cabo de su reproducción en 2021, con 21 ejemplares, fue descrita como exitosa. Pero ahora está en peligro.

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El chorlitejo patinegro mide entre 15 y 17 centímetros y tiene un peso medio de 42 gramos. Se reproduce durante los meses de marzo a julio, incluso pudiendo llegar a agosto, instalando un sencillo nido: haciendo un pequeño agujero -de entre 6 y 8 centímetros de diámetro- directamente sobre la arena de la playa, que a veces camufla. En su nido deposita tres huevos que serán incubados por los dos progenitores durante 23 y 29 días. «Estos huevos miden unos 3 centímetros de longitud por 2 cm de ancho y pesan 8 gramos, por lo que es muy fácil pisarlos y destruirlos», explica a esta revista Xavier Elizondo, portavoz de la Red Biodiversidad VNG y de la Red de Voluntariado de Protección del chorlitejo patinegro.

Este pequeño pájaro nidifica de forma recurrente en Vilanova y la Geltrú desde 2014. Desde 2021 se prohíbe el acceso con perros a la zona situada entre la Rambla del Puerto al norte y la pasarela de Pasífae al sur, a partir del 1 de marzo. «Cuando se detecta un nido, agentes rurales y/o personal del ayuntamiento construyen un cerrado provisional de palo y cuerda para protegerlo, ampliando los cercados de palo y cuerda permanentes (más gruesos) que están presentes todo el año en la playa. De ahí la importancia de respetar los cercados y de que no haya perros en la playa que puedan entrar», dice Elizondo.

Tras nacer, los pollitos no se quedarán en el nido, sino que se desplazarán por la playa y se alimentarán autónomamente, lo que pone todavía más en riesgo su vida. Volarán después de que pasen entre 27 y 31 días: «Mientras no lo hacen son especialmente vulnerables y pueden ser fácilmente depredados por un perro, especialmente en sus primeras dos semanas de vida, ya que ante cualquier situación de peligro se quedan inmóviles, confiando en el camuflaje que les proporciona su plumaje, lo que les comporta ser más fácilmente atrapados por un depredador que los detecte, especialmente si éste disfruta de un buen olfato, como es el caso de los perros», detalla Elizondo. Ante tales características, la presencia de humanos, perros y gatos en las playas les supone un peligro evidente.

Las redes de voluntariado creadas con motivo de la pandemia COVID-19 sirvieron también para proteger al chorlitejo patinegro

Acción de personas voluntarias

El pequeño éxito local conseguido en Vilanova y la Geltrú se ha conseguido en gran parte por el trabajo de voluntarios. Las redes de voluntariado creadas con motivo de la pandemia COVID-19 sirvieron también para proteger al chorlitejo patinegro. En 2021, entre principios de marzo y principios de julio, hicieron más de 250 horas de voluntariado en la playa, detectando nidos e informando a la población, y unas 130 horas más dedicadas a gestión, encuentros con las administraciones y formación del voluntariado.

«La gente siempre ha llevado al perro a la playa, además la población de perros ha aumentado con la pandemia. Así que es una situación compleja. La gran mayoría de la gente es muy receptiva cuando les informamos de la situación, pero también hay personas que responden violentamente con insultos e incluso agresiones físicas», explica Elizondo, quien denuncia una «total inacción» por parte del gobierno municipal y le pide que ponga más medios: «Ha jugado un papel tímido hasta ahora porque no quiere un desgaste electoral».

El equipo de voluntarios hace una llamada a la necesidad de regular o prohibir el acceso de perros en las playas y de sensibilizar a la población sobre la necesidad de reducir el impacto de los animales domésticos en el entorno. «No se trata de confrontar perros y aves. Se trata de entender que la naturaleza salvaje necesita espacios a los que no puedan acceder nuestras mascotas para poder sobrevivir, al igual que nuestros perros necesitan espacios de recreo adecuados dentro de nuestras ciudades. Es necesario que animalistas y ecologistas encontremos espacios de encuentro para hacer compatibles nuestras reivindicaciones y exigencias hacia las administraciones», concluye Elizondo.

Más allá del chorlitejo patinegro, preservar la biodiversidad y los ecosistemas también nos permite mitigar la crisis climática a la que nos enfrentamos.

Autora: Cristina Fernández, Periodista & Blogger

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