Siendo muy joven le comenté a alguien, que si de vez en cuando levantaba la cabeza y miraba de noche el cielo encontraría otra realidad, nunca le habían hablado así, me respondió, me extrañó la respuesta y pensé que todas sus relaciones vivían de espaldas al cosmos.

Ahora, años más tarde, me duele ver animales prisioneros en granjas y humanos explotadores rentabilizándolos. Sigo sin comprender por qué una parte tan importante de la humanidad no mira al cielo, estos humanos que siempre quieren que luzca el Sol, siempre quieren tener la barriga llena, siempre quieren ser los primeros en mandar. A todos ellos les gusta comer carne y pescado, le dan mimos al cordero, pero lo matan, mientras hierven langosta viva que irá a sus estómagos.

¿Quién tiene la llave del cosmos para que el alma de unos muchos no siga manchándose de sangre?, ¿quizás alguna certificadora ecológica estatal o privada vende certificados de defunción limpias de dolor para estas Navidades?

Sigo pensando años después, que vivir para muchos seres es un sufrimiento continuado y para otros un pedazo de carne que irá al plato el 25 de diciembre. Es curiosa la alquimia de la vida, la desesperación y el terror de unos es la felicidad para otros, ¡feliz Navidad a todos!

Autor: Enric Urrutia, director

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