A los pocos días de que se iniciase la cuarentena decretada por el Estado de Alarma, los animales salvajes comenzaron a ocupar los espacios urbanos, regalándonos imágenes sorprendentes y únicas. A la vez, el sector cinegético aprovechaba para destacar la importancia de las actividades de caza para el control de la superpoblación de determinadas especies, que estaban provocando daños en cosechas y cultivos.

El dinero que mueve la caza: Turismo y granjas cinegéticas

A finales de abril, unas cinco semanas después de que se iniciase el confinamiento obligatorio, la Comunidad de Madrid autorizaba la caza excepcional de conejos, jabalíes y palomas, ante la alarmante proliferación provocada por la suspensión de esta actividad. La medida entró en vigor en la Comunidad tras ser publicada en el BOE.

Como dato curioso, apuntar que los jabalíes tienen un periodo de gestación de casi cuatro meses y amamantan a sus crías durante unos 90 días. El embarazo de las conejas dura alrededor de un mes y el periodo de lactancia se prolonga unos 20 días. Las palomas, por su parte, incuban sus huevos un poco más de dos semanas y los polluelos no salen del nido hasta pasado un mes. Entonces, ¿cómo se ha producido una superpoblación tan preocupante en solamente cinco semanas? Algo no cuadra. Todo apunta a que es la escasez de vegetación, frutos y semillas, lo que empuja a los animales a buscar alimento fuera de su entorno natural porque la diversidad de los montes autóctonos está dañada, precisamente, por esa superpoblación que se menciona, y que ya existía previamente a la cuarentena.

El problema aparece, en gran parte, por la propia caza, siendo las granjas cinegéticas un factor importante en cuanto a la proliferación de algunas especies. Las granjas cinegéticas son espacios donde se crían animales que posteriormente se sueltan en los cotos de caza para ser el blanco de cazadores. Se crían, por ejemplo, perdices o conejos que, llegado el momento, se sueltan en determinadas zonas para que los aficionados a este “deporte” puedan darles muerte a disparos.

Las granjas cinegéticas son espacios donde se crían animales que posteriormente se sueltan en los cotos de caza para ser el blanco de cazadores

Según los datos recogidos por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca se crían 1.403.834 animales en granjas cinegéticas al año, y se sueltan en cotos 2.287.069 animales. Según afirman expertos en el sector, no todas son legales, por lo que resulta difícil conocer el número exacto de estos criaderos en el Estado español. Según David Sánchez, abogado de AGMADA (Abogados Granadinos por el Medio Ambiente y los Derechos de los Animales), hay un gran oscurantismo que no permite contabilizar las granjas reales que existen, y afirma que hay muchas más que las que están regularizadas. También advierte de que, a pesar de los pocos datos, se sabe que el aumento de estos centros ilegales ha podido crecer hasta un 700% durante los últimos años.

Por otra parte, la caza mueve muchísimo dinero lo cual puede ser motivo suficiente para reactivarla cuanto antes. Según los cálculos, la actividad cinegética representa el 0,3% de PIB español, más o menos lo mismo que las ventas de vino, el 4% del sector de la construcción, el 13% del sector ganadero, pesquero y agrícola o el 9% del financiero.

Uno de los argumentos en defensa de estas granjas, es que la cría de fauna silvestre se centra en especies en peligro de extinción, y gracias a la caza mantienen su continuidad. La realidad es que esta actividad está haciendo que muchos cotos se estén convirtiendo en granjas intensivas donde animales de distintas especies son criados y alimentados hasta que tienen edad suficiente para ser soltados. Esta suelta se lleva a cabo sin ningún protocolo de reintroducción, con animales que han crecido en cautividad y que, evidentemente, son cazados en pocos días.

El dinero que mueve la caza. Turismo y granjas cinegéticas

Theo Oberhuber, coordinador de proyectos en Ecologistas en Acción, explica que el tiempo necesario para que estos animales consigan integrarse en el medio, puede llegar a ser de un año, pero lo frecuente es que se suelten directamente en el monte y solo puedan disfrutar de su libertad poco más de 48 horas antes de ser abatidos. De esta manera, la cría de especies en extinción es totalmente inútil ya que no pueden contribuir al mantenimiento de la biodiversidad de la zona. Esto incluso provoca graves desequilibrios, porque la actividad cinegética desplaza a muchas especies autóctonas. Las consecuencias de todo esto ya las conocemos. Los animales que no son cazados consiguen integrarse en el ecosistema, pero el número de depredadores naturales, como linces, zorros o lobos, está muy reducido o es inexistente, (de nuevo a causa de la caza), y así es como comienzan a reproducirse descontroladamente y a despertar las quejas de agricultores y ganaderos.

Otro problema de las sueltas de animales criados en granjas cinegéticas es que no se realizan estudios ni controles veterinarios para certificar que no han desarrollado enfermedades o patógenos que puedan afectar a las especies autóctonas. Además, toda esta situación también produce daños a la flora y si tenemos en cuenta que más del 85% por ciento del territorio nacional está destinado a cotos de caza, podemos hacernos una idea del enorme impacto medioambiental que provoca la actividad cinegética.

Más del 85% por ciento del territorio nacional está destinado a cotos de caza

La caza es una actividad que genera alrededor de 3.600 millones de euros en España. Al año se da muerte a 30 millones de animales: 5 millones de perdices, 4,4 millones de conejos, 1,4 millones de liebres, 90.000 ciervos y 3.664 rebecos, además de corzos, gamos, zorros o jabalíes, entre otros. También en España se encuentra la granja de perdices más grande, no solo del país, sino del mundo. Se crían unos 5 millones de ejemplares que se venden para ser liberados y cazados. Una afición que además atrae a numerosos turistas, nacionales y extranjeros, que contratan los servicios de empresas que organizan paquetes de vacaciones con todo incluido: alojamiento, jornadas de caza en algún coto, rutas gastronómicas, etc. Esta modalidad cinegética se conoce como ‘caza enlatada’ y también se lleva a cabo en África, en recintos cerrados, dentro de las propias granjas donde se crían los leones, una de sus presas favoritas. El lema de estas empresas suele ser ‘No kill, no pay’ (Si no matas, no pagas). También España ostenta un buen lugar en ranking de países que más leones caza al año, situándose como líder europeo y en un segundo puesto detrás de Estados Unidos. En 2018 se exportaron más de 12.000 trofeos de león desde África, de los cuales 82% procedían de la caza enlatada.  Según la jerga del sector, se llama ’trofeo’ a leones disecados, alfombras o cabezas colgadas.

Todas las especies se autorregulan de forma natural, como ha venido sucediendo durante milenios. Es la intervención humana la que provoca problemas graves que después se pretenden solucionar con batidas de caza o gaseamientos masivos.  Vivimos en una sociedad en la que la caza no es bien recibida, y por ello este colectivo se ha convertido en el objeto de muchas críticas, al igual que sucede con el mundo taurino. Quizá tenga que pasar alguna generación más para que esta actividad “deportiva” comience a decaer por el mismo rechazo que provoca y finalmente sea prohibida por motivos éticos.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales.

Bueno y Vegano, tu mensual 100% vegano
Bueno y Vegano Julio 2020

Suscríbete a la Newsletter y recibe Bueno y Vegano gratis cada mes en tu correo

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here