Un grupo de amigos vuelve de un viaje de fin de semana en furgoneta. Como no tienen mucha prisa, para ahorrarse unos euros, optan por ir por carretera. Los kilómetros van pasando, el sol se ha puesto ya. Algunos están charlando, otros van dando cabezadas. Por su parte, dos jabalinas y tres retoños habían comenzado, cuando el día empezó a oscurecer, su recorrido vespertino. Buscan bellotas y agua. Ese camino que recorren los jabalíes y que sus antepasados ya recorrían, hace unos años fue cortado por una carretera. La misma por la que transcurre el viaje de la furgoneta. Os hablamos de los pasos de carretera.

Pasos de carretera: una solución necesaria para animales humanos y no humanos

Cada uno de los grupos avanza a su ritmo, hasta que, finalmente, los caminos se cruzan. El copiloto, despertado por el frenazo, emite un grito al mirar al frente: en la oscuridad, las luces de la furgoneta apuntan a la familia de jabalíes, convertida en una silueta paralizada hacia la que el vehículo continúa avanzando.

Finalmente, la furgoneta se para a un palmo de las jabalinas, que aprovechan el estupor de los humanos y desaparecen junto con sus jabatos. Para cuando los ocupantes de la furgoneta bajan a echar un vistazo, ya no queda ni rastro de ellos. Los humanos vuelven a su camino y la familia de jabalíes al suyo.

Estos encuentros no siempre tienen un final feliz. Nuestros caminos se cruzan continuamente con los de los otros animales, en el planeta compartido. Nuestras máquinas han parcheado la geografía con alquitrán, interrumpiendo antiguos pasos de jabalíes, pero también de ranas, linces, corzos o gamos.

Nuestros caminos se cruzan continuamente con los de los otros animales, en el planeta compartido

Los animales cruzan los caminos de asfalto de los humanos por muchos motivos: algunos van en busca de nuevos lugares para reproducirse, otros buscan comida o agua. Hemos fragmentado su territorio, aislando especies y alterando los procesos naturales.

Según la DGT, los animales salvajes se ven involucrados en más de 20.000 accidentes de tráfico al año en nuestro país. Estos accidentes suponen unos 400 humanos heridos cada año. En 2018 murieron 6 personas, y hubo 23 hospitalizadas y 489 heridas leves.

En cuanto a los animales no humanos, según datos de la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados (SCV), las cifras son sorprendentemente altas: cada año mueren más de 30 millones de vertebrados en accidentes en nuestro país. La mayoría son aves, pero también perecen muchos anfibios, mamíferos, y reptiles.

Fuentes expertas calculan que estos accidentes tienen un coste de 105 millones de euros al año. Se trata, pues, de un problema acuciante. ¿Cómo solucionarlo? Ramón Pérez de Ayala, responsable de proyectos de conservación en la organización WWF, es una de las personas en España que más ha trabajado en este sentido. Cuenta que «la mayoría de estas muertes se concentran en unos pocos puntos negros en carreteras, que señalamos en su día al Ministerio de Fomento y que ya se comprometió a solucionar».  Estos puntos son tramos donde los choques son muy superiores a la media y en los que, explica Ayala, «es necesario actuar de forma urgente habilitando pasos de fauna para que puedan cruzar las carreteras de forma segura».

Pasos de carretera: una solución necesaria para animales humanos y no humanos

Los pasos de fauna son túneles o puentes, diseñados especialmente para que los otros animales puedan cruzar. Según Adrià Voltes, doctor en Biomedicina y miembro del equipo científico de la Fundación Franz Weber, tienen dos ventajas interesantes: «Desde el punto de vista de la biodiversidad, el objetivo principal es evitar la fragmentación de hábitats y la pérdida de diversidad genética. Desde el punto de vista de los animales no humanos, que tienen intereses propios como individuos, también son importantes, al evitar los atropellos».

Pérez de Ayala aclara que «los pasos de fauna se pueden hacer por debajo o por encima de las infraestructuras humanas, normalmente utilizando pasos que ya existían en la carretera. Hay que habilitarlos teniendo en mente conseguir que los animales pasen por allí». El experto concreta: «hay que intentar que no les dé miedo. Por ejemplo, si es un túnel, lo ideal es que puedan ver el final. Es necesario que lo vean como naturaleza y quieran cruzar».

Estos pasos se «reverdecen» de diferentes maneras: sembrando arbustos y plantas; colocando elementos naturales, como piedras, que marquen el camino… Pensando hasta en los animales más diminutos. El doctor Adrià Voltes pone énfasis en esta «necesidad de atraer a los animales y guiarlos hacia los pasos». Para ello, se puede, explica, «colocar abrevaderos, no solo para indicarles el camino, sino para proporcionar una fuente fija de agua». Otras medidas en este sentido son las barreras olfativas, que permiten alejar a los animales de unos lugares y acercarlos a otros. Por ejemplo, mediante el olor de la orina de lobo se espanta a ciervos o jabalíes.

En nuestro país hay cientos de pasos de fauna, cifra que, según todas las personas expertas consultadas, no es suficiente. Pérez de Ayala denuncia que «a pesar de que las nuevas infraestructuras ya tienen que llevar cada cierta distancia un paso de fauna, muchas de las antiguas son una masacre». WWF ha exigido al Ministerio de Fomento y al de Transición Ecológica medidas urgentes para frenar las muertes por atropellos. Fomento, insiste, ya se comprometió a hacerlo, pero las obras aún no han empezado y cada minuto perdido supone más colisiones.

En otros países de Europa, cada dos kilómetros existen pasos de fauna que posibilitan el cruce de carreteras o vías férreas de forma segura

En otros países de Europa, cada dos kilómetros existen pasos de fauna que posibilitan el cruce de carreteras o vías férreas de forma segura. Ayala pone Alemania como ejemplo de buenas prácticas: «allí tienen unos pasos hermosos que deberíamos imitar por aquí». De nuestro país, destaca que «en Doñana hay varios ecotúneles y un ecoducto superior». Otro buen ejemplo nos lo da el doctor Voltes con el paso superior recientemente abierto en la A-2 en Fornells de la Selva (Girona), que «ofrece refugio a reptiles, invertebrados y otros animales de pequeño tamaño, así como alimento y zona de nidificación para polinizadores». Se trata de un puente de 60 metros de largo y 20 de ancho, un paraíso para mamíferos, aves, anfibios, reptiles e insectos polinizadores.

Voltes matiza que, a la hora de pensar estas obras, «revisar los términos en los que se da la coexistencia es imprescindible. Y además, esto debería ir acompañado de una visión crítica de los parámetros antropocéntricos que se encuentran en la base de la necesidad de recurrir a estas infraestructuras».

En este sentido hemos consultado a Catia Faria, doctora en filosofía moral y miembro del consejo científico del Centro de Ética Animal de la Universitat Pompeu Fabra. Para ella, «todas aquellas medidas que disminuyan la muerte y el sufrimiento de los demás animales son altamente recomendables».

La doctora hace énfasis en el sufrimiento generalizado que se da en la naturaleza: «las colisiones añaden aflicción y sufrimiento a unas vidas que a veces se idealizan pero que no son fáciles». Por ello le parece «muy positivo construir estos pasos, en tanto disminuya la agonía y la muerte violenta». Faria concluye que «será necesario estudiar con detalle cada caso y determinar las soluciones más adecuadas, buscando extender la consideración hacia todos los animales, independientemente de la especie a la que pertenezcan».

Autora: María Ruiz, Doctorando en Comunicación por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona)

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