Hace diez años, después de aprobar la abolición de las corridas de toros, el Parlamento de Cataluña aprobó una ley para regular aquellas fiestas populares de índole taurina en las cuales no se causa la muerte al animal, con la voluntad de minimizar el sufrimiento de los toros y vaquillas durante el desarrollo de estas celebraciones, así como velar para que la seguridad de los participantes y espectadores se viera comprometida lo menos posible. Sin embargo, tras una década de regulación, la realidad ha puesto en evidencia que la tortura no puede ser regulada, pues el sufrimiento de los animales es inherente a la celebración de estos festejos, así como los riesgos innecesarios en relación a la seguridad pública.

Los correbous regresan a la agenda política del Parlamento de Cataluña

Cataluña fue la primera Comunidad Autónoma del Estado español en aprobar una ley de protección de los animales, en 1988. En 2010, gracias a una iniciativa legislativa popular que contó con una gran movilización, la sociedad catalana logró que se abolieran las corridas de toros. A pesar de la fama de antitaurinos atribuida a los catalanes y catalanas, en Cataluña todavía existen una treintena de municipios en los cuales se permite la celebración de festejos taurinos sin muerte del animal, los conocidos correbous (o los bous en las comarcas meridionales).

Bajo la denominación genérica de correbous, se incluyen varias modalidades de festejos taurinos que no son particularmente diferentes de muchos otros festejos con arraigo en otras comunidades y, por supuesto, igualmente causan sufrimiento y dolor a los animales.

La tortura no se puede ni regular, ni minimizar

El pasado 1 de septiembre, un accidente acaecido durante la celebración de un correbou en la localidad gerundense de Vidreres conmocionó la sociedad catalana y generó una gran polémica. Un toro saltó a la gradería y causó una veintena de heridos. Finalmente, el incidente se resolvió abatiendo a tiros al bóvido que solo quería escapar por miedo. Accidentes como este, son poco habituales en Cataluña porque es una de las comunidades que acoge menos eventos taurinos, pero no se trata de un caso inaudito, sino de una consecuencia lógica derivada del comportamiento natural de los herbívoros: intentar huir ante situaciones adversas y de peligro. Accidentes causados por huidas de toros y vaquillas son muy frecuentes a lo largo y ancho de la geografía ibérica.

Esta fatalidad ocurrida en la plaza de Vidreres reabrió el debate social y político sobre la necesidad de abolir los correbous. El día 26 de Septiembre, el Parlamento aprobó una propuesta de resolución presentada por el grupo de Catalunya en Comú-Podem en la cual se insta al Gobierno a realizar los cambios normativos necesarios para que las diferentes modalidades de correbous puedan ser abolidas, pues diez años de regulación son más que suficientes para comprender que la tortura no se puede ni regular, ni minimizar. La tortura debe ser abolida y las fiestas de índole taurina deben reconvertirse para dejar de causar sufrimiento innecesario a los animales. Cada año, son más los municipios que han dejado atrás los animales reales sustituyéndolos por figuras de cartón piedra u otras formas de divertimento popular, sin causar daño a nadie, ni correr riesgos innecesarios y, por supuesto, sin renunciar a la alegría de las fiestas populares.

Autora: Helena Escoda Casas, Activista por los derechos de los Animales.

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