Desde FAADA nos place difundir la primera de una serie de publicaciones en las que, de la mano de distintos terapeutas profesionales, facilitamos información y consejos sobre cómo entender a los animales con los que compartimos nuestra vida para mejorar el bienestar en la convivencia. Empezamos con las etapas del gato: conocerlas es importante para entenderles mejor.

Sin duda los animales de compañía ocupan un lugar destacado en la sociedad actual. Compartir la vida con ellos produce efectos beneficiosos en la vida de las personas de muchas maneras ya que, además de acompañarnos, puede incrementar el contacto social, fomentar el sentido de la responsabilidad o promover el ejercicio físico.

Comenzamos el ciclo dedicando la atención al gran incomprendido y desconocido felino que, a pesar de acompañarnos desde hace diez mil años, seguimos aun tratando de forma contraproducente para su desarrollo cognitivo, social y emocional: el magnífico gato.

En esta primera publicación destacamos las etapas de crecimiento del gato tanto a nivel físico como comportamental para que podamos entender sus necesidades. A lo largo de otras publicaciones y de la mano de la terapeuta felina Laura Trillo, facilitaremos información sobre distintos aspectos de los gatos como herramienta para conocerlos mejor y aprender cómo se sienten mejorando así su bienestar.

Los primeros tres meses de vida son vitales para su aprendizaje

Como todos los animales, los gatos pasan por diferen­tes etapas a lo largo de su vida. Nos centramos más en lo que les afecta a nivel emocional y de comportamiento, para que podamos entender estas fases y por lo que pasa el gato.

El gato no nace “en blanco”, genéticamente y como ser único que es, al nacer ya es diferente a los demás, tiene una base para un carácter que se irá formando poco a poco según sus experiencias. Esta base puede ser equilibrada o puede ser más sensible a cualquier experiencia. El gato que ya nace con un carácter equilibrado, puede vivir situaciones que perjudicarían a otro gato sin afectarle demasiado. Pero la gran mayoría de los gatos no nacen con este equi­librio, por eso es imprescindible ayudarles a estar bien y a no perjudicarles.

Hasta los 3 meses de edad, deben permanecer todos juntos y aprender juntos

El carácter y reacciones de sus padres le afectan, sobre todo el de su madre o los gatos con los que se cría desde que nace. La impronta del primer mes es vital para el gato. Si su madre se asusta ante la presencia de personas, como lo hacen las gatas asilvestradas, o se muestra muy a la defensiva ante otros gatos, es informa­ción que la madre transfiere a sus bebés y que ellos aprenden. El primer mes permanece la camada junta, se alimentan de su madre y apenas tienen actividad, básicamente comen y duermen.

A partir del mes algunos se muestran ya más activos y exploradores, y sobre el mes y medio comienzan las experiencias.

En esta etapa es vital para el gato permanecer con su madre y hermanos. Empieza a deste­tarse de su madre pero eso no significa que ya nos lo podamos llevar a casa. Ahora comienza la etapa más importante de su vida: el aprendizaje. Ya ha sobrevivido, pero ahora, empieza a aprender. Es por eso que a partir de esta edad, el mes y medio aproximadamente, comienzan los juegos entre ellos, cuerpo a cuerpo, comienzan a explorar, jugar con objetos, la madre les trae presas aturdidas para que practiquen. Hasta los 3 meses de edad, deben permanecer todos juntos y aprender juntos, deben jugar mucho para aprender el autocontrol, su fuerza, sus capacidades de caza, mordida, su lenguaje corporal, por prueba, instinto y también por imitación. Todo esto forma un carácter equilibrado, capaz de relacionarse con otros gatos de una forma más coherente en su edad adulta, adaptarse mejor a las situaciones de estrés y sufrir menos en consecuencia.

Un gato muy equilibrado con herramientas aprendidas, es capaz de vivir adaptaciones a nuevos lugares, a nuevos gatos o perros, a niños muy enérgicos, veterinarios, traslados, sin apenas mostrar o somatizar estrés. Pero un gato que no ha tenido este aprendizaje con su familia u otros gatos, tiene más miedo ante situaciones de estrés, le cuesta más adaptarse, somatiza físicamente todo este estrés, es mucho más sensible y se muestra más a la defensiva que los gatos equilibrados, que son como una balsa de aceite, adaptándose a cualquier cosa.

El miedo o timidez en un gato viene bien por genética, aprendido de sus padres, o bien por malas expe­riencias. Pero un comportamiento agresivo por falta de autocontrol, es un mal aprendizaje o la ausencia del mismo junto a sus hermanos u otros gatos. Un gato tímido por carácter desde luego pasa más estrés que otros, pero también el gato al que no se le ha respetado su aprendizaje y se le ha manipulado mal, sufre y se frustra mucho sobre todo en su relación con las personas y otros gatos, y ante situaciones de mucha tensión o miedo, carece de autocontrol.

Por todo esto el aprendizaje entre el mes y medio y los tres meses de edad debe ser con sus hermanos, su madre u otros gatos.

Ocurre a menudo que encontramos gatos recién nacidos en la calle, abandonados, en los con­tenedores de basura, y ante esto lo ideal sería encontrar un hogar donde haya otros gatos u otra madre nodriza que esté amamantando a su camada -normalmente los aceptan (tras un chequeo veterinario)-. Es muy difícil criar a un gato a biberón, muchos no sobreviven y le falta la presencia de un referente, otro gato.

De los 4 meses a los 18 meses

A los 4 meses son muy activos, y según van pasando las semanas, se encuentran cada vez más fuertes y ágiles, por lo que su actividad aumenta. Dependiendo del carácter, unos gatos son más nerviosos e hiperactivos, sobre todo los machos, y otros son algo más tran­quilos, pero todos los gatitos deben estar jugando y explorando.

Cuando alcanzan los seis meses de edad, ya están preparados para reproducirse y comienzan a tener reacciones más adultas

A partir de entonces comienzan a ser más precavidos, a tener miedo de algunas cosas o ser más sensibles. Cuando alcanzan los seis meses de edad, ya están preparados para reproducirse y comienzan a tener reacciones más adultas, territoriales, y su lenguaje corporal hacia otros gatos puede ir cambiando. Se empiezan a medir con otros gatos, e incluso puede haber jue­gos que acaben derivando en marcajes. Es aquí cuando el gato empieza a entrar en una fase semi-adulta, que durará hasta el año y medio. Entre los 18 y 24 meses se considera que el gato es adulto, pero su hiperactividad de cachorro puede durar hasta los 3 años.

La edad adulta

Un gato puede vivir una media de 15 años, y durante todos estos años se mantiene estable. A partir de los 5 o 6 años es algo más maduro, y ya entrados los 10 años se le empieza a considerar “Senior”.

Es a partir de este momento en que es necesario incrementar nuestra atención revisando su alimentación, llevándole a control veterinario más a menudo, ya que dependiendo de su estado de salud y vitalidad puede mostrar signos de vejez o permanecer muy bien durante algunos años más. A los 15 años el gato se considera anciano, y cualquier cosa que somatiza tiene que ver con su edad. Desde maullidos insistentes no dirigidos a la persona por pérdida de visión o audición típica de la edad, desubicación, hasta empezar a orinar fuera del arenero porque tiene problemas renales.

Más información en www.terapiafelina.com | www.faada.org

faadaAutora: Carla Cornella, presidenta de FAADA (Fundación, para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales) | www.faada.org

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