El agua es un recurso natural limitado y el aumento de su demanda es un factor cada vez más preocupante: la comunidad científica estima que para el año 2050 la demanda mundial de agua dulce -que actualmente representa sólo el 2,5% de todos los recursos hídricos- crecerá en más del 40%. Los expertos vaticinan que la escasez de este líquido tan preciado provocará el estallido de conflictos bélicos, las llamadas “guerras del agua”.  

La ganadería deja sediento al planeta

El sector agrícola es el principal consumidor de agua dulce -utiliza un 70% de las fuentes de agua dulce del mundo-, una actividad estrechamente ligada a la ganadería. Porque un tercio de las tierras fértiles del planeta se utiliza para cultivos agrícolas destinados a alimentar a los animales. La producción ganadera mundial emplea anualmente unos 77 millones de toneladas de proteínas vegetales para producir 58 millones de proteínas de origen animal para consumo humano. Además, ocupa el 70% de las tierras cultivables y el 30% de la superficie terrestre del planeta.

La ganadería tiene un gran impacto en los recursos hídricos, ya que, a la elevada cuantía de agua empleada para cultivar los piensos, hay que sumar la que se emplea en toda la cadena de producción. Directamente, los animales consumen agua en una cantidad que equivale a entre el 60 y el 70% de su peso corporal, pero, indirectamente, el sector pecuario también utiliza agua en las granjas, sobre todo en las industriales, y en los mataderos.

En las granjas la utilizan para la limpieza de las unidades de producción, lavado de los animales, instalaciones de enfriamiento de los animales y sus productos, como la leche, y eliminación de los desechos. Por otro lado, en los mataderos, se emplea en diversas etapas del proceso, así como para la limpieza de las instalaciones. “En las plantas de elaboración de carne de aves de corral, el agua se usa en el lavado de las canales y la limpieza, el escaldado de las aves previo al desplume, los canales para el transporte de plumas, cabezas, patas y vísceras, y el enfriamiento de las aves”, detalla el informe de la FAO La larga sombra del ganado.

Así, la ganadería consume agua en una cantidad de cinco a 10 veces mayor que el cultivo de plantas: se requieren 1.500 litros de agua para generar un kilo de granos y diez veces esa cantidad, 15.000 litros, para producir un kilo de ternera, según datos de las Naciones Unidas.

El sector pecuario, especialmente las granjas industriales, también contamina el agua, además de causar contaminación atmosférica, la degradación de la tierra, del suelo y la pérdida de la biodiversidad. Los residuos ganaderos acaban en las napas subterráneas y superficiales, y en los ríos. En algunas zonas de España tenemos un buen ejemplo de ello. La concentración de granjas porcinas industriales ocasiona una grave contaminación por nitratos de los suelos y de las aguas subterráneas, ya que los purines están formados por diversos componentes perjudiciales para el medio ambiente, principalmente un exceso de nitrato y de fosfato. Y las aguas afectadas por exceso de nitratos no son potables, ya que los nitratos pueden pasar a formar nitrocompuestos, que en muchos casos son también cancerígenos. En Cataluña, el 41% de acuíferos están contaminados por exceso de nitratos procedentes de purines, según informa la Agència Catalana de l’Aigua.

La concentración de granjas porcinas industriales ocasiona una grave contaminación por nitratos de los suelos y de las aguas subterráneas

También acaban en el medio ambiente residuos de los medicamentos que los ganaderos dan a los animales

Los animales que se destinan al consumo humano reciben medicamentos antiinfecciosos para tratar enfermedades y evitarlas, pero sobre todo para que crezcan más rápido y sean más rentables económicamente. La parte que no absorben acaba en el estiércol, una fuente importante de contaminación, que luego se distribuye en forma de fertilizante o se filtra en los acuíferos.

Científicos chinos analizaron muestras de estiércol de granjas porcinas de varios lugares del país –Pekín, Zhejiang y Fujian– e identificaron más de 100 genes que incrementaban la resistencia a los fármacos de las bacterias en el estiércol y los suelos de las tres granjas estudiadas. Asimismo, descubrieron que era habitual que los ganaderos mezclaran la alimentación de los mamíferos con metales como el cobre, el arsénico o el zinc para fomentar el crecimiento, tal y como recogen en el estudio Diverse and abundant antibiotic resistance genes in Chinese swine faros (Diversos y abundantes genes de resistencia a antibióticos en granjas porcinas chinas), publicado en 2013 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS).

Sólo el 1,4% de la huella hídrica de una persona está en el hogar, mientras que el 25% es mediante el consumo de carne

Sí, podemos darnos una ducha más corta para reducir nuestro consumo del agua, pero tan sólo el 1,4% de la huella hídrica de una persona está en el hogar, mientras que el 25% es mediante el consumo de carne. En los últimos años diversos organismos internacionales han alertado sobre la insostenibilidad del sistema y han propuesto a los habitantes de los países desarrollados reducir el consumo de carne porque con un pequeño cambio de hábitos alimentarios podríamos disminuir significativamente nuestro impacto ambiental. Es tan sencillo como volver a la dieta de nuestros abuelos y dejar que la carne y sus elaborados dejen de ser los productos más demandados.

La ganadería deja sediento al planeta

Para reducir el consumo de aquellos carnívoros empedernidos nació en 2003 la campaña internacional Lunes Sin Carne, una iniciativa con la que se pretende informar a la población de cómo puede mejorar tanto su salud como la vida de los animales y del planeta en general si dejan de comer carne aunque sólo sea un día a la semana. La campaña ha sumado a miles de ciudadanos, incluidos personalidades como Al Gore y Paul McCartney.

Mientras destinamos elevadas cantidades de agua a producir millones de toneladas de carne, la falta del recurso natural más importante es uno de los problemas más urgentes de seguridad alimentaria en algunos países del mundo. Cerca de 2.000 millones de personas tienen escasez del preciado recurso durante al menos de cuatro a seis meses al año y unos 500 millones durante los 12 meses. Y dos tercios de la población mundial, unos 4.000 millones de personas, no tienen acceso al agua potable al menos durante un mes al año.

Escasea el agua en áreas con alta densidad de población, donde la agricultura de riego está muy extendida o en áreas en las que se combinan las dos circunstancias anteriores como en la India, al este de China o en el delta del Nilo. También carecen del vital líquido en regiones con muy poca disponibilidad de agua natural, como en las zonas áridas del mundo, por ejemplo, en los desiertos del Gobi o en el Sahara.

La falta de agua hace aún más explosiva la zona de Oriente Medio: 12 de los 15 países con mayor problema de acceso al vital recurso de todo el mundo se encuentran en ella. Los acuíferos de países como Pakistán, Irán y Arabia Saudí se agotan con frecuencia. Y el Yemen podría quedarse sin agua en pocos años.

Hoy la crisis del agua se ha convertido en todo un reto para la humanidad, junto con el cambio climático y las armas de destrucción masiva, según el Foro Económico Mundial. La implementación de políticas encaminadas a reducir nuestro consumo y gestionarlo mejor puede evitar la escasez o paliar los efectos, pero para ello necesitamos cambiar nuestro sistema de alimentación.

Autora: Cristina Fernández, Periodista & Blogger, www.paladarvegano.blog

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